viernes, 17 de julio de 2009

TOCANDO EL FONDO DE LA DESESPERACIÓN

“Pero yo cantaré de tu poder, Y alabaré de mañana tu misericordia; Porque has sido mi amparo Y refugio en el día de mi angustia. Fortaleza mía, a ti cantaré; Porque eres, oh Dios, mi refugio, el Dios de mi misericordia”. (SALMOS 49:16-17)

“Luego que clamaron a Jehová en su angustia, Los libró de sus aflicciones; Los sacó de las tinieblas y de la sombra de muerte, Y rompió sus prisiones. Pero clamaron a Jehová en su angustia, Y los libró de sus aflicciones. Envió su palabra, y los sanó, Y los libró de su ruina”. (SALMOS 107:13, 14,19, 20)

Tocando el Fondo de la Desesperación

Hoy quiero dedicar este escrito a todas esas personas que sienten en este preciso momento de sus vidas, que están tocando fondo porque las circunstancias son tan fuertes que los abruman. A ti que te sientes cansado de tanto luchar y no ver resultados aparentes. Que has confiado y que aunque has confiado y esperado no parece haber respuestas para ti que aclaren un poco ese panorama lúgubre que sabes que solo Dios es el único que puede disipar.

El enemigo te ha estado susurrando una y otra vez que te des por vencido, que esto no es para ti, que no lo intentes más porque no lo podrás lograr. Y tú quieres seguir luchando, pero piensas que no podrás más. Ahora mismo estás tan agotado física, emocional y espiritualmente. La lucha es tan fuerte que te parece que vas a perder porque hasta levantarte de la cama y hacer las cosas más sencillas, las cuales estás acostumbrado a hacer, hoy se te hacen todo un desafío.

¡Alerta roja, ponme atención! Porque este es el momento en que Dios puede obrar. Cuando todo parece perdido y catastrófico en tu vida, cuando el gran Especialista en Imposibles ha de manifestar su poderío. Precisamente en este momento en que estás pensando y sintiendo que ya no puedes más. En este instante en que quisieras abandonar, Dios dice: “¡Alto ahí, detente ahora mismo! Esta es la oportunidad para que mí poder se manifieste en tus debilidades, para glorificarme en tu enfermedad, problema financiero, familiar o de cualquier índole. He llegado el tiempo de la curación de tu herida, del inicio de tu ministerio, de la prosperidad y bendición, hoy se desata tu milagro.

La bendición y la respuesta está muy cerca, pero el enemigo quiere que te alejes del propósito y de la bendición que Dios tiene reservada de forma enorme para ti. ¿Y a qué voz le harás caso? ¿A la voz de un mentiroso derrotado que Jesús derrotó en la cruz del Calvario, a la intriga del padre del engaño, embustero que ha querido destruir todo lo bueno que has logrado y que te ha costado trabajo?
¿O acaso seguirás depositando en fe, tu confianza aunque al momento no estés viendo nada, en aquel que siempre ha deseado lo mejor para ti? Aquel que estuvo dispuesto a entregar su vida por ti y que cuando caes te levanta una y otra vez. Aquel que siempre ha desenvainado su espada para protegerte y defenderte cuando has enfrentado peligros y que en el silencio de la noche vigila tus sueños y te guarda.

Llevas mucho tiempo orando y le has puesto nombre al milagro que deseas intensamente que Dios te conceda. ¿Crees que él no lo recuerda? Como dice la biblia en Isaías 49:15-16, “¿Se olvidará la mujer de lo que dio a luz, para dejar de compadecerse del hijo de su vientre? Aunque olvide ella, yo nunca me olvidaré de ti. He aquí que en las palmas de las manos te tengo esculpida; delante de mí están siempre tus muros”. No, no es el momento de titubear ante la duda. Yo estoy más cercano de lo que tu mente puede creer o pensar. Sencillamente “YO SOY”. He estado desde el principio y a todos mis siervos que llamé acompañé en sus momentos de gloria, pero aún más cerca estuve para confortarlos en sus momentos de desierto e incertidumbre. Estuve cuando Elías desesperado y deprimido huyó al desierto, cuando David desesperado y pensando que iba a morir se hacía pasar por loco. Cerré la boca de los leones cuando Daniel fue expuesto al horno de fuego y estuve en el horno junto a los tres jóvenes hebreos. ¿Se te olvida que lleve a Ester hasta el palacio para preservar al pueblo que tanto he amado? Y qué de José mientras esperaba el cumplimiento y la realización de sus sueños. Nunca lo abandoné, jamás lo desamparé.

Sé que hay momentos en que sientes que mis ojos se apartaron de ti y que mi misericordia no se extiende hacia ti, pero solo te estoy perfeccionando como mi vaso, como mi instrumento. Porque yo estoy, he estado y estaré. Tu has de conocer lo que dije en el versículo 23 del capítulo 49 de Isaías: “conocerás que yo soy Jehová, que no se avergonzarán los que esperan en mí”. Así que no es el momento de desertar, es el momento de avanzar, no con tus propias fuerzas, sino con las que yo te he de otorgar.

Si sientes que has tocado el fondo de la desesperación, el abismo de la tristeza, el manicomio de la incertidumbre, la montaña del problema, el mar de la duda… Dios te recuerda en este día que así como el salmista David esperó pacientemente por Jehová y un día (tal vez el día que el menos lo imaginaba) llegó a visitarlo. Se inclino a él, escuchó sus ruegos, lo saco del lodo. David fue sacado del pozo de la desesperación y lo más hermoso fue que el Señor puso en su boca un cántico nuevo. Amigo y hermano, no pienses que es el final, esto tan solo es el comienzo de algo maravilloso que Dios está diseñando para ti. ¡No desmayes, sigue adelante! En este momento y siempre Dios estará contigo para ayudarte a encarar las aflicciones, desafiar los vientos huracanados de la adversidad y convertirte en árbol plantado junto a corriente de río, que da su fruto, su hoja no cae y todo lo que hace prosperará.

Autora: Brendaliz Avilés