martes, 21 de julio de 2009

CLAMOR DE LA VASIJA AGRIETADA



Clamor de la Vasija Agrietada

Señor:

…Y yo que pensaba que ya estaba terminada. Que finalmente mis matices y forma eran de la manera que tú querías que fueran. Pero hoy transitando por el desierto agrietada y ya casi sin fuerzas, comprendo que me has traído de vuelta al taller, a la alfarería. Siento como si ya no pudiera soportar más. El calor carcome mi alma, me asfixia y me deja casi sin energías. Este dolor que siento es indescriptible y este silencio tuyo me llena de muchas preguntas. Pero sé que si me has traído hasta aquí es para encontrarte conmigo, para que yo pueda conocerte más.

Sé que he vuelto al taller para ser reconstruida y por ende perfeccionada. Sé que este silencio significa que confías en que soportaré los incidentes y adversidades. Tu has determinado que yo crezca en ti, pero que mengue mi ego, independencia o autosuficiencia. Tú no quieres que las circunstancias me cambien, más bien pretendes que yo cambie a las circunstancias asida de tu mano, contando con tu poder. Por mi bienestar, tú deseas que mejore mi conducta y que bajo el fuego mi carácter sea modificado y renovado.

Yo me someto porque te amo y este amor hacia ti es superior a mis fuerzas y más profundo de todo cuanto pueda imaginar. En reverencia y humillación pido que me fortalezcas y me rescates de todo mal. Que esa infinita gracia tuya me acompañe cada día de mi vida y yo pueda crecer en sabiduría, paciencia, santidad y amor. No deseo otra cosa que hacer tu voluntad porque he entendido que lejos y fuera de ti no hay absolutamente nada. Mi corazón te desea fervientemente. Tú eres la llama que habita en mí. Dame fuerzas para encarar y no desertar en la batalla. Porque yo anhelo ser esa vasija hermosa y útil que puedas usar con humildad grandemente. Deseo que cuando me mires desde el cielo puedas sentirte orgulloso y puedas sonreír al saber que lo estoy haciendo bien.

Autora: Brendaliz Avilés

Andando Bajo Su Palabra


ANDANDO BAJO SU PALABRA

“Ordena mis pasos con tu palabra, y ninguna iniquidad se enseñoree de mí”.

Salmos 119: 133

Hoy más que nunca aquellas personas que desean vivir una vida agradable a los ojos de Dios y conforme a su voluntad, deben pedir al Señor que ordene sus pasos. Si hablamos de orden, nos referimos a poner cada cosa en el lugar debido y correspondiente. Y para que haya orden tiene que haber disposición, resolución y decisión. Debe existir el anhelo ferviente y genuino de que las cosas anden bien.
Solo Dios puede afirmar, enderezar y conducir nuestros pasos. Eso lo logramos a través del conocimiento de su palabra y de la obediencia. Dios dice a través de San Juan 14:23-27 “Respondió Jesús y le dijo: El que me ama, mi palabra guardará; y mi Padre le amará, y vendremos a él, y haremos morada con él. El que no me ama, no guarda mis palabras; y la palabra que habéis oído no es mía, sino del Padre que me envió. Os he dicho estas cosas estando con vosotros. Mas el Consolador, el Espíritu Santo, a quien el Padre enviará en mi nombre, él os enseñará todas las cosas, y os recordará todo lo que yo os he dicho. La paz os dejo, mi paz os doy; yo no os la doy como el mundo la da. No se turbe vuestro corazón, ni tenga miedo”.

¿Recuerdas el caso de Saúl y su desobediencia? 1ra de Samuel 15:22-23 dice: “Y Samuel dijo: ¿Se complace Jehová tanto en los holocaustos y víctimas, como en que se obedezca a las palabras de Jehová? Ciertamente el obedecer es mejor que los sacrificios, y el prestar atención que la grosura de los carneros. Porque como pecado de adivinación es la rebelión, y como ídolos e idolatría la obstinación. Por cuanto tú desechaste la palabra de Jehová, él también te ha desechado para que no seas rey”.

Son tantas las personas que quieren cambiar al mundo, pero no podemos cambiar el mundo, a menos que comencemos por nosotros mismos. Y cambiar en nosotros mismos las cosas que no están bien, solo se logra mediante el contacto con nuestro Creador. Su Espíritu Santo es el que interviene en nuestras vidas y nos dice que cosas están bien y cuáles hay que modificar. Si queremos ser agentes de cambio, tenemos que empezar por nosotros mismos, nuestras familias, nuestros hogares, la comunidad, la gente alrededor nuestro. Y esto se logra no mediante lo que decimos, sino a través de lo que hacemos, lo que practicamos. Causa en la gente más impacto el hecho de lo que hechos ven que haces que lo que ellos escuchan que dices.

El salmista conocía la importancia de pedir al Señor que ordenara sus pasos. Sabía que cuando no andamos bajo la dirección y cobertura de Dios, hay una gran tendencia a cometer errores. La iniquidad no es otra cosa que la maldad, corrupción, depravación, perversidad e inmoralidad. Estas consecuencias traen consigo el pecado y por tanto un distanciamiento de Dios. Pues si hay una característica suprema y única de Dios es que es Santo. Por tanto el pecado nos contamina y nos separa de esa comunicación en intimidad con nuestro Padre Celestial. Es por eso que en el Salmo 51:10-14 dice: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio, Y renueva un espíritu recto dentro de mí. No me eches de delante de ti, Y no quites de mí tu santo Espíritu. Vuélveme el gozo de tu salvación, Y espíritu noble me sustente. Entonces enseñaré a los transgresores tus caminos, Y los pecadores se convertirán a ti”.

Te invito a que reflexiones profundamente el día de hoy y pienses si estás andando bajo tus propios propósitos y dirección; o si estás caminando en la ruta que Dios va trazando para ti. Si no lo estás haciendo te invito a que te apartes de la iniquidad que ningún resultado bueno te traerá y comiences a vivir una vida de buenos frutos y resultados.

Autora: Brendaliz Avilés