sábado, 1 de agosto de 2009

YO SIEMPRE TE ESCUCHO


YO SIEMPRE ESTOY ATENTO A TU CLAMOR

“Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”. (Isaías 65:24)


Érase una vez que me encontraba en medio de la noche platicando con mi dulce Dios. ¿Por qué será que los seres humanos tenemos esa extraña manía y necesidad de querer controlar cada mínimo detalle de nuestras vidas? Queremos manejar todo, desde que comienza la mañana hasta que termina el día. Le decía: “¿Señor en serio me amas? Pese a mis equivocaciones, ¿todavía tienes paciencia conmigo? ¿Lograrán cumplirse muchas de mis peticiones y deseos? Yo sé que todas tal vez no, pero las más importantes sí, por favor. Papito, ¿me estás escuchando o será que mi oración no traspasa del techo? Y mientras andaba en todos estos pensamientos y cuestionamientos. Veo que aparece en la pantalla de la computadora, por el Messenger un mensaje de estado que decía: “Y antes que clamen, responderé yo; mientras aún hablan, yo habré oído”. Eso me impactó en gran manera porque Dios siempre usa los medios que nosotros menos nos imaginamos para recordarnos que está muy cerquita de nosotros.

Lo cierto es que era una hermana venezolana, muy querida, que rara vez aparece por el Messenger, pero que sin embargo, no dudo ni un momento que el Señor la movió a ponerse activa, para que yo viera este texto. Hoy mientras estudiaba una lección, encontré nuevamente este versículo tan hermoso, pero sobre todo esperanzador. Es que nuestra confianza tiene que estar puesta en Dios, no en nuestras circunstancias, ni como se vea el panorama.

¿No te ha pasado alguna vez que estás platicando con alguien y de repente esa persona sabe exactamente lo que vas a decirle antes de que pronuncies la oración? ¡Eso si que es tener conexión! Igual pasa cuando estamos conectados con nuestro Señor. El se encarga de demostrarnos a través de sus señales y detalles que sigue estando ahí. Que permanece, persiste e insiste en amarnos incondicionalmente. Ah, pero mucho tenemos que aprender sobre esperar pacientemente en su tiempo que las cosas lleguen. Eso no quiere decir que te sientes a esperar que acontezcan cosas por las cuales tú bien puedes hacer algo. Como dice un refrán acá que utilizo con mucho respeto y que espero no sea malinterpretado: “Dios hace milagros, pero no lava carros”. Dios proveyó el maná en el desierto, pero el pueblo de Israel tenía que salir a recogerlo diariamente. Pero hay cosas que nosotros no podemos controlar, hay situaciones que solo le corresponde a él obrar. Él está atento a nuestras plegarias, sabe lo que le vamos a decir aún antes de comenzar a orar o charlar con él. Pero él siempre ha deseado que nosotros le hagamos parte de nuestra agenda. Él siempre ha deseado que le enumeremos nuestras cargas, temores, ilusiones, las cosas que nos producen felicidad y lo que soñamos, entre tantas cosas más que pudiera mencionar. Él quiere que le des esos detalles importantes e íntimos que nadie más conoce. Érase una vez que Dios me recordó que si me estaba escuchando atentalmente. Pensando en este versículo he hecho una pequeña carta de lo que imagino que Dios podría decirme considerando este versículo que he utilizado para la reflexión de hoy.

Querido Hijo Mío:

Hoy es preciso que grabes en tu corazón estás palabras para que nunca las olvides: “YO ESTOY CONTIGO Y TE CONOZCO PERFECTAMENTE”. No existe nadie que te conozca mejor que yo, porque yo te creé. Eres mi criatura y si me has aceptado en tu corazón también eres mi hijo. Sé exactamente qué es lo que necesitas antes de que lo pienses. Conozco cada hebra de tu cabello y aún los que te faltan. Cuento tus dientes y también sé de cada una de tus pecas y lunares. Yo soy tu Dios, tu guardador, tu proveedor, tu sustento. No temas porque yo te estoy cuidando. Si no he contestado algo de lo que me has pedido debes entender que pueden existir dos razones: 1. Porque no es mi voluntad o 2. Porque no es mí tiempo. Pero aprende que cuando se cierra una puerta, yo abro otras nuevas. Que si atraviesas el desierto, yo también abro pozos, manantiales, oasis. Que si la embarcación parece naufragar, yo soy quien la va capitaneando, por tanto, llegarás al puerto seguro. Que a veces tienes que callar y escuchar atentamente lo que te estoy tratando de decir y más aún enseñar.
Te amo, eres mi hermoso tesoro, mi joya preciada. Si me conoces y me amas, obedecerás y guardarás mis estatutos. Si realmente me sirves, no te enojarás porque sabes que todo lo hago por tu bien.

Tu Padre Que Te Ama Con Cada Día Que Pasa Mas Intensamente,

Dios

Autora: Brendaliz Avilés