miércoles, 12 de agosto de 2009

Ámame Cuando Menos lo Espere y Más Lo Necesite


Ámame Cuando Menos Lo Espere y Más Lo Necesite


Desconozco el autor, pero hay una hermosa y verdadera frase que dice: “ámame cuando menos lo merezco porque es cuando más lo necesito”. Me ha dejado meditando profundamente porque es que a veces palabras tan cortas encierran algo con gran profundidad. Creo que todos alguna vez hemos pasado por esos días en que se nos hace difícil soportarnos a nosotros mismos. En que utilizamos nuestra energía de manera negativa sin siquiera percatarnos de lo que estamos haciendo y qué es lo que están percibiendo los demás de nosotros a través de nuestras actitudes. Momentos en que nos sentimos vulnerables e indefensos y tratamos de escapar hasta de nuestros sentimientos, porque no sabemos cómo manejarlos o porque tememos enfrentarnos a nosotros mismos.

A veces, albergamos demasiada ira. Actuamos a la defensiva sin que haya razones de peso. Y la ira solo nos hace ser más frágiles. No nos fortalece para nada, sencillamente nos va debilitando poco a poco. Crea barreras, distancias y muchos problemas. Tal vez pudiera ser que te han lastimado mucho y tienes demasiada desconfianza. Quieres apoyo, pero no lo encuentras. Porque cuando alguien intenta acercarse a ti, sencillamente, no lo permites. Temes abrirte y ser utilizado. La realidad es que lo que más necesitas es dejarte amar, sobre todo en esos momentos en que te sientes así. Porque solo el amor es capaz de ser valiente y paciente. Porque solo el amor es capaz de cubrir las muchas faltas y porque cuando uno recibe el amor, poco a poco se va transformando. Porque el amor saca lo mejor de la naturaleza de las personas. Porque el amor es capaz de traspasar los límites de territorio y espacio más difíciles que puedan existir. El amor te hace abrirte y ser receptivo a nuevas experiencias y sentimientos. Y aunque muchas veces sientas o pienses que no lo mereces por errores que hayas cometido en el pasado, debes darte una nueva oportunidad de recibirlo y albergarlo en tu pecho. Porque todo ser humano merece la oportunidad de amar y ser amado.

Ya les he hablado de recibir el amor, pero ahora toquemos el punto de cuando nosotros debemos dar amor, aún cuando sentimos que algunas de las personas que nos rodean, no merecen ser tratadas bien y mucho menos amadas. De cuando nos parece injusto o una gran pérdida de tiempo invertir energías tratando de ser pacientes y amorosos con personas que nos parecen egoístas, malagradecidas, hirientes, viles, poco gentiles y cuántos adjetivos calificativos nos pudiéramos imaginar. Por ejemplo, ese joven rebelde que no para de dar problemas. ¿No te ha dado por pensar que posiblemente lo que esté tratando es de llamar la atención o que tal vez nunca ha recibido un amor puro o siquiera una palabra amable? Quizás esa otra persona a la que sientes que nunca podrás complacer por más que te esfuerces y por más intentos que hagas. Que siempre anda criticándote en todo o mirando cuando tropezarás para hacértelo notar. ¿No has sentido que tal vez, esta persona lo que pide a gritos a través de su comportamiento es que le des un poco de tu amor y de tu tiempo? Aunque no te diga nada, aunque actúe de manera soberbia e incomprensible lo que desea es tener contacto contigo y que a pesar de todo lo que te diga, espera tu compañía. Porque aunque sus acciones reflejen lo contrario, es precisamente en este momento cuando más necesita de ti.

Me agrada y gusta tanto pensar que Dios siempre nos da el mayor ejemplo, aún sin decir nada. Él ni siquiera no los echa en cara pero, ¿no has presenciado y sido testigo de cuánto él te ama? Aún cuando muchas veces procedemos de forma incorrecta… Aún cuando lloramos, gemimos heridos y clamamos desesperados… Pese a que por ocasiones, actuamos como niños malcriados… El tiene todo el derecho y todas las razones para darnos la espalda, sin embargo nos sostiene y nos abraza más fuerte que nunca. Nos ama con un amor tan inmenso y eterno. Aún cuando pensamos y decimos para nuestros adentros: “está bien Dios, olvídate de mí, no te merezco. No merezco que me ames, te he fallado demasiado, me he comportado mal, lo intentaré yo solo”…
Dios sigue tiernamente amándonos, porque como dice su palabra: “el amor nunca deja de ser”. No lo cambian ni los momentos difíciles, ni las decepciones más fuertes. Y esa clase de amor que el Padre ha tenido contigo, es la que espera que tú tengas con las demás personas que te rodean. No solo con las que están cerca de ti o que son tus familiares, sino con todo el mundo. Él espera que seas un reflejo de su amor, un instrumento en sus manos. El desea que ames aún aquellas personas que son difíciles y que en realidad tienen fuertes luchas emocionales aunque tú no lo sepas. Que tu seas el canal por donde el pueda introducirse y restaurar a las vidas que parece que no merecen el amor pero que justamente ahora es cuando más lo necesitan. Él no ha dicho que sería fácil, pero ha dicho que habita dentro de ti para poder enseñarte a amar a todos aún cuando sean muy difíciles. Él ha dicho que si tú sinceramente le pides con tu corazón ser un recipiente de su amor, él hará una obra maravillosa en ti y a través de ti. Porque él te ha amado cuando menos pensaste que lo merecías, pero siempre ha estado contigo cuando más lo has necesitado.

Autora: Brendaliz Avilés