miércoles, 2 de septiembre de 2009

Hay Un Anillo Que Te Pertenece


HAY UN ANILLO QUE TE PERTENECE

En Lucas 15:11:32 se relata la parábola sobre el hijo prodigo y su retorno al hogar. Esta parábola ilustra cuánto amor y misericordia tiene Dios, nuestro padre para con nosotros sus hijos. Me encanta y maravilla la manera sencilla en que Jesús ilustraba grandes y profundas verdades. El relataba historias que la gente pudiera recordar y aplicar en su diario vivir. Escucharlo jamás aburría.

Para aquella ocasión Jesús decide tomar un ejemplo utilizando algo que me parece había observado. Escoge como personajes del drama a dos apuestos jóvenes y a un padre amoroso y paciente. Dos hijos que eran totalmente opuestos, algo muy cerca de la realidad porque generalmente los hermanos pueden tener parecido físico, pero pueden ser sus personalidades y caracteres muy diferentes. Uno era prudente, trabajador, tal vez un poco serio; mientras que el otro era desesperado, alocado, rebelde, con muchas ganas de explorar el mundo y vivir la vida.
Conocemos que el hijo menor pidió una herencia adelantada y se fue a malgastar todo lo que tenía en una vida llena de placeres pasajeros. Es posible que durante ese periodo en que parecía que todo le iba muy bien lejos de su casa, no se recordara del calor de su casa, de su padre amoroso y de su hermano.

Más yo deseo concentrar este escrito en el episodio más relevante de la historia. Ese en que el hijo retorna a su hogar arrepentido, avergonzado, sucio, sin nada, después de haber recorrido el mundo, haber vivido la vida a su manera y recibido varios cantazos y lecciones. Este hijo no se recordó de su padre que tanto lo amaba hasta que estuvo atravesando la miseria más profunda de su vida. Porque así es Satanás y el pecado, te arrastran a lo peor y luego te abandonan en medio de la podredumbre. Usa tu pasado para tratar de impedir que progreses y tengas un buen futuro.

Pero a mí lo que realmente más me conmueve de este relato no es precisamente el hijo prodigo, sino el recibimiento que el padre le da a este muchacho. Que a pesar de haber actuado de manera tan negativa, de forma malagradecida e inconsciente, es recibido de la mejor manera. Yo deseo que trates de hacer un marco en tu mente e imagines el regocijo tan grande que siente aquel padre que estaba preocupado por su hijo y que pensaba que estaba muerto. Es tal su contentamiento que da la orden a sus criados de que:
1. Saquen el mejor vestido y vistan a su hijo.
2. Le pongan un anillo en su dedo.
3. Pongan calzado a sus pies.
4. Traigan un becerro gordo y lo maten.
5. Hagan una gran fiesta en su honor.

¿No te has percatado de que de esa misma manera es Dios con nosotros?

De todas estas cosas que el padre mandó a hacer por su hijo, me cautiva y capta mi atención el que le coloquen un anillo a ese hijo. Porque un anillo puede ser simbolismo de pertenencia, identidad y compromiso. Yo deseo que pienses en que cada uno de nosotros cuando aceptamos y recibimos al Señor como nuestro Salvador; recibimos un hermoso anillo. Un anillo que Dios colocó de manera simbólica en nuestro dedo anular. Una sortija que en el mundo espiritual dice que nosotros le pertenecemos, que somos de su propiedad, que le hemos aceptado como padre y que somos sus hijos. Un anillo que valida que él será por siempre fiel a nosotros y que nos recuerda que nosotros tenemos que serle fiel a él. Nosotros tenemos el compromiso de cuidar ese anillo que es nuestra salvación y de servirle con gran amor, respeto y entusiasmo.

Dios nos viste con ropas de santidad y pureza, nos calza con su palabra y unción. Él nos llena con su presencia y quiere que compartamos de su amor y de las buenas nuevas con otros que todavía no le han conocido o recibido. Puede que tú estés tratando de servirle y que en algún momento de tu trayectoria te hayas quitado el anillo. Puede que también lo hayas olvidado o dejado tirado en medio de los placeres de este mundo. Pero hoy Dios te hace un llamado para que te comprometas con él. Él desea que recuperes tu anillo que es la salvación y el pacto que tiene contigo. El quiere que comprendas lo amado y deseado que eres por él. También quiere que los que tengan en anillo pero que últimamente lo han descuidado y tal vez se ha contaminado o perdido su color, vuelva a brillar de la misma forma que cuando él te lo colocó en tu dedo anular.

El enemigo intentará denigrarte y recordar tu pasado. Pero tú solo tienes que mostrarle el anillo hermoso que Dios te regaló el día en que te arrepentiste y lo recibiste en tu corazón. Ese anillo que te recuerda a ti y al mundo que tienes un compromiso con Dios que es tu dueño. Hoy te llama y te espera con sus brazos extendidos como aquel padre espero ansiosamente y por largos días que aquel hijo retornará al calor de su hogar.

Autora: Brendaliz Avilés