lunes, 28 de septiembre de 2009

SI TU QUISIERAS...


SI TU QUISIERAS…

“Cuando descendió Jesús del monte, le seguía mucha gente. Y he aquí vino un leproso y se postró ante él, diciendo: Señor, si quieres, puedes limpiarme. Jesús extendió la mano y le tocó, diciendo: Quiero; sé limpio. Y al instante su lepra desapareció”. (San Mateo 8:1-2)

“¡Si tú quisieras!” –se escucha suspirar con un deseo que nace desde lo más profundo del corazón a una persona. “Dios si tú quisieras sanar mi alma herida, mi cuerpo quebrantado. Si tú quisieras restaurar mi pasado tan pesado y agobiante. Si tú pudieras ayudarme con esta adicción. Si intervinieras para que ese problema pueda ser resuelto. Si tú quisieras perdonar mi pecado. Son tantos los deseos y peticiones que tenemos todos y cada uno de nosotros.

“Señor, si quieres, puedes limpiarme”, exclamó un hombre en la Biblia, deseando recibir la sanidad ante aquella lepra que lo atormentaba. Y Jesús había pautado una cita con él sin que él siquiera lo supiera. Porque aunque a veces nos parezca difícil de creer, nosotros siempre estamos en la agenda de Dios. Somos personas importantes para él. Por tanto a él si le importan nuestras cuitas, sueños y quimeras. También le importan nuestras frustraciones, fracasos, lo que nos roba el sueño, lo que callamos y lo que le decimos. Aquellas cosas que tal vez a nadie más le contamos, pero que en secreto decimos a Dios constantemente, esperando que él ponga su mirada sobre nosotros y nos sobrecoja con su gracia protectora para poder continuar.

Esa respuesta tan inmediata que le da el Señor, a mí personalmente me emociona y aumenta mi fe. Rápidamente, Jesús tiene contacto con el leproso, extiende su mano, le toca y le dice las palabras claves. Era la respuesta que aquel hombre tanto anhelaba escuchar. Era el momento clave, la espera terminaría, los momentos agobiantes que le causaba su enfermedad, terminarían con que Dios tan solo dijera la palabra: “quiero, sé limpio”. El mundo lo había rechazado yo no sé por cuánto tiempo, porque él era un leproso e inmundo. Sin embargo Jesús lo toca. Jesús pudo decir la palabra, pero deseo tener contacto con aquel hombre. Porque tal vez, a través de ese contacto aquel hombre recibía un afecto que hacía mucho tiempo se le había negado.

Y mí estimado lector, así como aquel leproso, Dios quiere intervenir en tu situación cualquiera que sea. No hay nada que esté fuera de su alcance. Lo que para el hombre es imposible, para Dios es posible. Él tiene la potestad de perdonar tu pecado por más grande que esté sea y sin importar lo distanciado que te sientas de él. Él puede intervenir en tu crisis económica, familiar, matrimonial o de cualquier índole. Él ya ha programado una cita en su agenda para encontrarse contigo. Más debes recordar que debes ser paciente, porque hay momentos en que su respuesta es inmediata, pero hay otras veces en que nos deja esperando por un tiempo que nos parece largo, pero que él entiende que es necesario. Y también hay ocasiones en que la respuesta no resulta como quisiéramos, pero debemos confiar en que él sabe lo que es mejor para nosotros. Pido al Dios del cielo que la respuesta a tu petición sea concedida de inmediato o favorablemente. Suplico a mi Padre celestial que tú que estás leyendo este escrito y que tienes necesidad de un milagro de cualquier índole, puedas recibirlo ahora mismo. Que tu necesidad sea satisfecha, que tu petición sea contestada. Que puedas recibir sanidad, porque él es quien tiene el poder y ahora mismo está cerca de ti. ¡Sí, Dios quiere intervenir en tu vida! Dale acceso y refuerza tu poder. Pon en acción tu fe y sigue caminando adelante.

Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para:
http://escritosdelsilencio.blogspot.com/