lunes, 12 de octubre de 2009

Y DIOS NOS SITUÓ EN EL CAMINO

Y DIOS NOS SITUÓ EN EL CAMINO

Yo te esperaba,
Pero no lograba verte.
Te quería, más no te sentía.
Estabas tan cerca de mí, pero a mis ojos los cubría una venda.
Te soñaba y te imaginaba, pero eres más de lo que pensaba.
Yo esperaba que vinieras como en un cuento,
más llegaste como una realidad asombrosa a llenar mi vida.
Yo era feliz, pero a mi corazón le faltaba un compañero para no sentirse solitario y cuando tú llegaste, mi corazón sonrío.
Cuando mis ojos se encontraron con el reflejo de tu mirada,
supe que era cierto, que sí te quería invadiendo mi vida.
Interrumpiste mi silencio con una grata conversación que hasta el día de hoy fluye como fuente de agua.
Iniciamos un camino junto y aún lo recorremos unidos cada día.
Somos una pareja que se complementa.
Un café con leche, un cielo colmado de estrellas,
el rocío que baña las flores cada mañana.
Me siento tan agradecida de que Dios bendijera mi vida.
Porque cuando cruzo tú ruta con la mía,
cuando el camino nos atravesó, fue para amarnos vida mía.
Somos un mutuo refugio y lo más importante es que de este amor el centro y testigo es nuestro Dios.
Porque en sus planes y propósitos hasta la muerte él nos unió.

Autora: Brendaliz Avilés



P.D. Este va con todo mi cariño y respeto dedicado a los matrimonios y a las parejas enamoradas que saben que contraerán nupcias proximamente.

Reflexiones Acerca del Toque de la Mano del Maestro


Reflexiones Acerca del Toque de la Mano del Maestro

El sábado me encontraba en una reunión y a manera de reflexión nos presentaron una película que duró unos 15 a 20 minutos. La misma se titulaba “El Toque de la Mano del Maestro” y el protagonista era un violín.

Un violín que había comenzado hermoso, pero a medida que pasaba el tiempo iba cayendo de mano en mano. Y cada mano por la que pasaba lo destrozaba, maltrataba y lo rompía más. Porque caía en las manos equivocadas. La gente que lo tocaba no lograba identificar ni el valor, ni el uso que tenía y que le podían dar a aquel violín.

Pasaron muchos años hasta que el violín todo desgastado, quebrado, roto y feo cayó en las manos de un subastador. Nadie le encontraba valor, todo el que lo miraba lo menospreciaba. Nadie quería comprarlo ni por la cantidad más mínima. A ninguna persona le llamaba la atención porque a todos les parecía que de aquel violín ya nada bueno podía salir.

Entonces en medio de la subasta y entre aquel grupo de personas, se levantó un maestro. Aquel maestro con paso lento llego hasta el frente y comenzó a interpretar una bella melodía con aquel violín que hasta el momento le había parecido a todos obsoleto. Era una composición armoniosa, un sonido que capturaba la atención de todos los que allí se encontraban. Era tan bonita que cautivaba el corazón y de los ojos de algunas personas brotaban lágrimas. A partir de ese momento, el valor de aquel violín, cambió. Su precio era alto, ese instrumento había recuperado su valor. Lo arreglaron y volvió a recobrar su precio original.

Y mientras observaba aquella escena, no podía evitar pensar que tú y yo éramos semejantes a ese violín. ¡Cuántas veces nos han tocado manos inapropiadas que nos han hecho sentir poco valorados y estimados. El pecado nos resta valor, nos daña, nos afea. Los golpes y las heridas producidas por el mundo nos opacan y hace que nos veamos mal. Los que nos miran no pueden ver que algo bueno podría salir de nosotros. Nadie se anima a pagar ni un centavo por nosotros. Hasta que angustiados y sintiéndonos insignificantes, llega nuestra Maestro Redentor y afina nuestras vidas. El comienza a dar dirección a nuestra vida para que marque los tiempos al compás armonioso de su voluntad y propósito. Él nos coloca cada cuerda en su lugar, restaura nuestras vidas y nos utiliza para producir una sinfonía grata, diferente, esperanzadora. El sonido es casi celestial. Es único y diferente. Nuestras vidas comienzan a interpretar y hacer eco de la gracia salvadora que Dios ha tenido con nosotros. Definitivamente ante el toque de la mano del Maestro nada puede ser igual. La flor marchita, renace. La tormenta se calma, la lluvia se convierte en bendición y cada uno de nosotros en la obra más preciosa y amada por él.

Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para:
http://escritosdelsilencio.blogspot.com/