miércoles, 9 de diciembre de 2009

"EN ESTA CASA SE RESPETA A DIOS"


“EN ESTÁ CASA SE RESPETA A DIOS”

“Haz conmigo señal para bien, Y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados; Porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste”. (Salmos 86:17)

Es tan triste cuando alguien que ha conocido a Dios se aparta de sus caminos. Es como si una tiniebla hubiera cubierto su vida y como si su visión se hubiera perdido. Comienzan las excusas y las posibles explicaciones que justifiquen tal decisión. Pero realmente solo se engañan a sí mismo, porque Dios es quien conoce los corazones y escudriña los pensamientos.

“En esta casa se respeta a Dios” –dicen, pero hablan groseramente y en su vocabulario predominan las palabras soeces. “En esta casa se respeta a Dios”, pero hay discordias, odios, rencillas, habladurías, hipocresías, mentiras. “Dios sabe que lo amo” -exclaman, y sin embargo no le quieren obedecer, viven haciendo su voluntad y no agradan a Dios con sus hechos. Aman a Dios de la boca para afuera, pero en sus acciones muestran que su corazón está lejos de Dios.

¡Y cuánto me duele! Me causa una tristeza profunda ver como Dios quiere rescatarlos, usarlos, darles sentido, propósito a su vida y lo ignoran. Andan tan concentrados en lo que pasa alrededor de ellos, buscan culpables de las cosas que les pasan, pero se les ha olvidado mirar adentro de su interior y escudriñar sus pensamientos y corazones. Porque a veces vemos a los demás como el posible problema, pero no nos percatamos que el problema pudiéramos ser nosotros mismos. Que las faltas que vemos muchas veces en los demás, son las faltas que tenemos nosotros y las vemos reflejadas en los que nos rodean.

Andan viviendo la “vida loca” o a “su manera”. Cantan música que degrada, que habla de violencia, que insulta, que pone la imagen del hombre o la mujer en el piso, que incitan al adulterio, la fornicación y tantas cosas más y proclaman tener a Dios en sus corazones.

Pero cuando una persona tiene a Dios en su corazón, los demás lo pueden percibir sin que siquiera uno lo tenga que decir. Porque las personas que tienen a Dios en el corazón se ven diferentes, tienen un brillo especial, sus palabras son como luz, son pacificadores, el amor y sus obras hablan por ellos solos. Una persona que tiene a Dios en su corazón trata de proceder correctamente aún en medio de sus debilidades e imperfecciones. Porque cuando Dios habita en nuestras vidas hay una fragancia especial en nosotros y los demás la pueden percibir.

Esto no se trata de creernos más santos que nadie, mucho menos los más perfectos. Pero a diario tenemos que hacer una introspección y mirar si nuestras vidas están siendo un reflejo de que Dios habita en nosotros y de que su Espíritu Santo fluye en nuestras vidas. Que nuestra conducta, nuestra manera de actuar y de proceder sea una de integridad. Y que la gente pueda notar una belleza en nosotros y ese toque tan especial que quieran también recibir a Dios dentro de sus corazones.

El salmista decía: “Haz conmigo señal para bien, Y véanla los que me aborrecen, y sean avergonzados; Porque tú, Jehová, me ayudaste y me consolaste”. Y está es una petición y oración muy hermosa. A través de ella uno puede percibir un corazón sincero que de verdad desea hacer la diferencia en el mundo que habita. De una persona que quiere ser congruente con todos los aspectos de su vida. Estar bien en el plano espiritual, secular, familiar, con los amigos y donde quiera que vaya. Porque tratar de aparentar ser cristianos dentro de una iglesia no es tan difícil. Pero ser cristianos en nuestras casas, con nuestros familiares y vecinos, cuando salimos a la calle, cuando vamos en el auto y cuando nos suceden cosas que nos quieren robar el gozo de la salvación no es tan fácil. Sin embargo tenemos a Dios y todo es posible al que cree en Jesús y sigue sus preceptos.

Que se nos note que en verdad en nuestras casas y en nuestras vidas se respeta a Dios no por miedo, sino por un genuino y profundo amor. Que seamos personas de ejemplo e influencia dentro y fuera de la iglesia. Y que nadie nos tenga que señalar como hipócritas sino como hijos de Dios.


Autora: Brendaliz Avilés