jueves, 10 de diciembre de 2009

La Fusión que Hace el Complemento


LA FUSIÓN QUE HACE EL COMPLEMENTO

Muchas veces pensamos que todo sería mejor para nosotros sino existieran los problemas, ni las dificultades en la vida. Si siempre pudiéramos sonreír, si la tristeza y el dolor no estuvieran en el vocabulario de nuestro lenguaje.
Nos sentimos infelices porque invertimos mucho tiempo y energías pensando y añorando aquello que consideramos que carecemos. Sin embargo aún de las cosas que sentimos y percibimos como negativas, podemos aprender, crecer, reinventarnos y salir hacia adelante.
Porque cada paso que caminamos nos puede acercar o alejar de la meta dependiendo de lo que escojamos; o de las buenas o malas decisiones que tomemos.
No se puede vivir la vida tan solo analizándola y pensándola, si no que hay que vivirla actuando. Construyendo presentes que traigan un buen mañana y que despierten los deseos de enfrentar los retos que trae cada nuevo día.
Las cosas no nos pueden cambiar, más bien nosotros debemos cambiar a las cosas que intentan detenernos en nuestra avanzada o que quieren entristecernos para que desistamos de luchar en la realización y el cumplimiento de nuestras aspiraciones más profundas.
Y así como es necesaria la puesta de sol, la culminación de la tarde que da inicio a la noche; así como necesitamos de la lluvia y la neblina… De esa misma forma se entremezclan la risa y el lloro; la angustia y la esperanza; el calor y el frío. La primavera y el otoño, el verano y el invierno. Las cosas buenas y las malas también.
Y al complementarse las nostalgias y las alegrías; el lamento y la dicha, lo hermoso y lo feo; se va integrando nuestra existencia de fortalezas y aprendizaje aunque a veces ni lo notemos. Porque aún en la más cruel tormenta llega un momento en que se desata la calma. Porque a través del fuego de las aflicciones que muchas veces tenemos que enfrentar probamos nuestra resistencia.
Porque quizás si no existieran aquellas cosas que identificamos o vemos como obstáculos y pruebas, tal vez, no podríamos apreciar la gloria y la belleza de los momentos bellos, de las sonrisas y de los recuerdos eternos. Posiblemente no sabríamos diferenciar la diferencia entre estar en el suelo o subir a la cumbre de la montaña y gritar desde lo alto, ¡lo logré, yo pude!

Autora: Brendaliz Avilés