lunes, 8 de febrero de 2010

UNA UNCIÓN QUE PRODUCE CAMBIOS


Una Unción que Produce Cambios

“Pero vosotros tenéis la unción del Santo”. (1 Juan 2:20)

Son las 11:20 de la noche. Llevo rato pensando qué les escribiré el día de hoy. He podido experimentar una paz tan hermosa y maravillosa el día de hoy. He presenciado cómo el poder de Dios se manifiesta en las vidas y cubre cada necesidad. Porque aunque a veces nos desesperamos y creemos que Dios se demora, él nunca llega tarde.

Hoy tuvimos un culto de oración tan hermoso. No hay cosa mejor que hablar con papito Dios tranquilamente. Se siente una serenidad, un alivio, un sentimiento tan inexplicable. Y mientras venía de regreso a mi casa pensaba en lo importante y necesaria que es la unción en la vida de cada creyente.

Uno de los significados de la palabra unción es la siguiente: “devoción, recogimiento y perfección con que uno se dedica a algo”. La unción es un poder, una autoridad que Dios nos da y que nadie nos puede quitar. Pero también implica ese deseo y esa búsqueda de siempre querer hacer las cosas bien. Esa dedicación, entrega y apasionamiento que nos mueve a dar lo mejor de nosotros mismos para bendecir a otras vidas e impactarlas a través del poder de Dios.

Esa unción hace la diferencia en nuestras vidas. Porque es el toque de Dios impartido al hombre. Eliseo al parecer conocía de lo importante que era tener la unción de Dios al llevar a cabo su ministerio. Y lo ansiaba tanto que se atrevió a pedir una doble porción de la unción que había visto en Elías. Pero tuvo que estar alerta para recibirla. Dios hizo una parte, pero Eliseo tuvo que hacer otra. Tal era la unción que tuvo Eliseo que aún, un muerto que cayó en la tumba de Eliseo accidentalmente, resucitó al contacto con sus huesos (para más información lea la Biblia).

Y hoy el Señor hace el llamado, pues él desea que busquemos cada día más y más de su presencia. Que nos llenemos de sus palabras, de su vida, de su santidad. Que alcancemos a las vidas y que esas vidas puedan ser impactadas a través de nuestras propias vidas y testimonio. Él nos ha llamado para que en su nombre los enfermos sean sanados, los oprimidos, libertados, los destruidos, renovados. Pero es menester de cada uno de nosotros buscar de ese fuego que arde y consume todo lo que a Dios no le agrada, y que nos hace actuar con autoridad y de forma maravillosa para la gloria de Dios. La unción no solo produce cambios en nuestras vidas, sino que también en nuestro ambiente, en las personas y alrededor de nosotros.

No descuides el don que Dios ha depositado sobre ti, pues serás responsable de lo que haces con ese poder y unción que Dios ha depositado sobre ti.

Autora: Brendaliz Avilés

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