jueves, 25 de febrero de 2010

NO PERMITAS QUE TU CORAZON DEJE DE SENTIR Y SE DAÑE

No Permitas Que Tu Corazón Deje de Sentir y se Dañe

“De cierto mi corazón está como el vino que no tiene respiradero, Y se rompe como odres nuevos”. (Job 32:19)


Leí alguna vez que “no hay nada que de más miedo que cuando el corazón el corazón se va”. Y pienso que esto puede referirse a que cuando el corazón se va es porque deja de sentir las emociones. Y si el corazón deja de experimentar las emociones, ciertamente hay un gran peligro. Se pierde la sensibilidad, la empatía, el don o la virtud de amar. Todo resulta indiferente.

Decía un cantante de música secular que “no hay más miedo que el que sientes cuando ya no sientes na”. Porque al perder esa capacidad de sentir cuantas barbaridades y errores se cometerían. Entonces si se lastimarían muchas personas. Esto a la vez puede llevar a dos cosas: egoísmo o abandono. Porque si nada te importa, si ante todo eres frío o indiferente, no podrás vivir la vida completamente. Si por el contrario, te dejan de interesar los demás y solo te concentras en ti mismo, te vas convirtiendo en una persona vanidosa y aislada, eso tampoco es vivir una vida plena.

Pero, ¿sabes cuál es el peligro de no poder sentir nada? Esto es síntoma de que el corazón está enfermo, herido, lastimado, temeroso. Esas heridas a su vez han producido temor e inseguridades que no permiten que puedas confiar en los demás ni poner tu corazón en las relaciones con las demás personas. Esto causa algo muy grave que se llama infelicidad. Y Dios no desea que seamos infelices, ni que vivamos la vida amargados.

Sabemos que las tristezas, el dolor, las traiciones, son parte de la vida. Mas cuando acudimos al taller del mejor Carpintero del mundo y venimos con sinceridad ante él. Cuando le entregamos nuestra alma tal y como está y permitimos que aunque nos duela, nos repare. Cuando reconocemos que nos sentimos atemorizados por muchas de las cosas que hemos pasado en la vida y deseamos que esas heridas y situaciones no nos conviertan en personas aisladas, amargadas y heridas, estamos listos para entrar al proceso de sanación. El proceso podrá demorar un poco, pero seremos libres y la libertad que Cristo da, produce felicidad, seguridad, esperanza, fe y amor. Y como todos sabemos el amor echa fuera el temor.

Autora: Brendaliz Avilés

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