lunes, 1 de marzo de 2010

CON EL CORAZÓN A PUNTO DE EXPLOTAR 2



Con el Corazón a Punto de Explotar (Segunda Parte)

En la primera parte de este tema, les comenté acerca de la posición que debemos asumir como hijos de Dios. Les hablé de la importancia de asumir nuestro rol y así como Eliú hablar palabras con sabiduría y unción de Dios a aquellos que se encuentran atravesando pruebas, dificultades y grandes depresiones. De cómo no podemos callarnos cuando esa pasión y fuego de Dios arde en nuestras vidas y pronunciamos palabras de vida, luz y que cambian no solo en panorama en el mundo espiritual sino también en el físico a través de aquello que confesamos con la autoridad que Dios nos ha dado.

Hoy quiero hablarles a todas esas personas que por alguna razón han dejado su lugar o su posición en el reino de Dios. A aquellas personas que se sienten abrumadas por el peso de las responsabilidades o afanes de esta vida. Que sienten un dolor y una carga tan pesada en su pecho, que le han pedido a Dios que intervenga, porque si no, no podrán dar un paso más hacia delante.

Es probable que tú perdida haya sido grande y te sientas flaquear. Es posible también que tu fe esté siendo expuesta a temperaturas de fuego y calor muy altas. Más no desmayes, no dejes que tu corazón sea contaminado por la desesperanza. Porque aunque podemos sentirnos “atribulados en todo, mas no angustiados, en apuros, mas no desesperados; derivados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:8 y 9). Porque aún en medio de la batalla vamos adquiriendo la excelencia del poder de Dios aún cuando muchas veces no nos percatamos. Porque como dice Pablo, Dios se glorifica en medio de nuestras debilidades.

Todo pudo Satanás tocar, intentar, quitar y tratar de hacer para que Job tambaleara y cayera en los profundos abismos de la depresión. Porque cuando estás en depresión, estás en un estado de confusión que no te permite ver claramente la mano de Dios que está cerca de ti para ayudarte a levantar y a salir del lugar en el que te encuentras. El enemigo pudo robar, quitar seres queridos, provocar enfermedad en la vida de Job y aún muchas cosas más, pero lo que no pudo fue tocar su alma que estaba protegida por Dios. Porque pese a todo lo que estaba viviendo y experimentando, siguió siendo fiel y creyendo que su Redentor vivía y que aunque se sintiera en el hoyo o abismo más profundo, ese Redentor lo levantaría aún del polvo.

Porque hay convicciones en nuestras vidas que aún en medio de los más duros embates y tormentas de nuestras vidas nos mantienen aferrados al amor y la esperanza en Dios. Quizás en medio de esta prueba que estás enfrentando, en medio de ese túnel completamente oscuro, te han abandonado o juzgado hasta las personas y los seres que menos imaginabas. Tal vez queriendo encontrar consuelo y en medio del suelo en vez de ayudarte a levantar, te han echado más tierra, se han burlado y están observando a ver si te quedarás en el suelo o te levantarás.

Pero aunque tú sientas tu corazón adolorido, casi sin vida, sin movimiento, en un estado inerte, no te detengas. Aunque creas que vas a morir de un infarto y que ya no aguantas más noticias malas, Dios está contigo para ganar esta batalla. El enemigo te ha declarado la guerra, ha intentado robar aquello que te pertenece y tiene tu nombre, pero hoy tú te levantas y no se los vas a permitir. Aún sintiendo tu corazón hecho pedazos, la victoria puede ser tuya. No te quedes con los brazos cruzados, no dejes de hacer lo que Dios te ha encomendado a hacer, porque si eres fiel, tú vas a ver la provisión y la bendición de Dios sobre tu vida cual nunca antes. Y así como Job serás recompensado de una manera que no habías imaginado, porque la bendición que esta para ti no hay poder humano ni del infierno que pueda arrebatártelo.

No dejes tu lugar porque vas a ver Su gloria cual nunca antes en tu vida.

Autora: Brendaliz Avilés

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