jueves, 25 de marzo de 2010

EL SECRETO CONSISTE EN ANDAR CON JESÚS


El Secreto Consiste en Andar con Dios

“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. (San Juan 15:5)

Son demasiadas las veces en que queremos desgastarnos y hacer mucho a favor del reino de Dios. Y que sintamos esa pasión y deseo es algo maravilloso, porque Dios nos llama a hacer todo lo que este a nuestro alcance como si fuera para él. Pero con demasiada frecuencia nos concentramos tanto en aquellas tareas y proyectos que queremos realizar, que si nos olvidamos por un momento de la clave, que consiste en estar conectados y bien relacionados con Dios, fallaremos.

Es vital y demasiado importante tener comunión con nuestro Señor. Porque de esa comunión que tengamos con él dependerá que todas las demás cosas comiencen a fluir bien. Cuando tenemos un vínculo estrecho con nuestro Creador, vienen pruebas que intentan separarnos de su presencia y de su amor. Pero si ese lazo esta bien atado a Dios, difícilmente el enemigo podrá desatarlo. Si estamos sujetos y asidos de su mano, todo lo malo que nos rodea e intenta dañar, tendrá que irse.

Cuántos ministerios y líderes se han destruido o han tenido que levantarse de una fuerte caída porque en algún momento han querido hacer mucho para Dios pero se han desconectado de su presencia. Se les va el tiempo en tantas cosas, que dejan de orar y leer la Biblia. Enoc vivió una vida agarrado de Dios, Job pudo resistir la dura prueba que atravesó porque conversaba con Dios. Y Moisés fue un ser humano que vivió rodeado de la presencia de Dios de tal manera que Dios conversaba con él directamente. Él pudo escuchar audiblemente la voz de Dios. Camino por el desierto la mayor parte de su vida, pero él sabía que no iba solo, sabía que Jesús iba en frente de él guiándolo y dirigiéndolo. Él único que pudo ayudar a Moisés a resistir la presión de dirigir a un pueblo tan rebelde y ambivalente como el pueblo de Israel, fue Dios, mediante ese trato personal que tenía con él.

Separados de Dios nada podemos hacer. Nuestros esfuerzos se vuelven inútiles cuando nos olvidamos de que todo lo que hacemos gira en torno a ese amor y comunicación que tenemos con Dios. Él es quien nos da la sabiduría para equilibrar nuestro tiempo, nuestras vidas y que todo lo podamos hacer en un balance donde todo pueda fluir en armonía. Donde haya tiempo para hacer las cosas que competen al reino de Dios, pero donde haya tiempo para la familia, los amigos, nosotros mismos y todo lo demás.

Autora: Brendaliz Avilés

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