sábado, 27 de marzo de 2010

DIOS: ¡ENSÉÑAME A VIVIR MIS DÍAS!


Dios: ¡Enséñame a Vivir mis Días!

“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría”. (Salmos 90:12)

Lo que queda en nosotros son los instantes rescatados que llamamos recuerdos. Lo que nuestra mente logra capturar con fragilidad y emoción son aquellas cosas que vivimos intensamente. Quedan impregnados en nuestro ser las marcas de las experiencias que nos han hecho crecer. Somos un conglomerado de nuestras vivencias, somos marcados por todo lo que recibimos en nuestro espacio exterior.

Creo que todas esas personas que escribieron los Salmos eran inteligentes y sensibles. Eran personas receptivas a lo que pasaba en su interior y a lo que les rodeaba. Pero David expresa una petición a Dios a través de este versículo que he utilizado para iniciar este devocional. Pide al Padre Celestial que le enseñé no tan solamente a él sino a todos los seres humanos a contar los días que vivimos de tal modo que traigamos al corazón sabiduría. Dios nos enseña, pero nosotros tenemos que estar receptivos a todo aquello que él nos quiere enseñar. Y para aprender tenemos que poner atención, cuidado Y practicar lo que aprendemos.

Debemos permitir que las experiencias nos maduren. No debemos pasar nuestros días desapercibidos. Cada día que inicia nos da la oportunidad de una nueva oportunidad y hay que disfrutarlo porque es Dios quien nos lo regala. Cuando uno va viviéndola, disfrutándola y percibiéndola, uno crece como persona y como ser humano. Nos llenamos de conocimiento, de cosas que necesitamos saber y que con el tiempo van trayendo a nuestras vidas sabiduría. El secreto no reside en tener muchos años, es en cómo se vive esos años que Dios le regala a uno. Lo que uno hace con esa vida
que Dios nos obsequia, las huellas que se dejan en los corazones de los demás, el trabajo que realizamos a favor de un mundo mejor.

Te invito a que reflexiones sobre cómo estás llevando tu vida y si está valiendo la pena lo que haces, si le encuentras sentido y amas cada instante que Dios te regala. Si quieres, puedes repetir esta oración: “Señor, a través del tiempo he aprendido que tu deseas que yo disfrute de cada instante que me has regalado y permitido respirar. A veces hay días que los siento como un desafío, días en los que pienso que sería mejor si no existiera. Pero luego viene a mi mente tú cálido y sabio consejo y recuerdo que tú has de ayudarme a vivir un día a la vez. Por eso hago mías las palabras del salmista, ayúdame y enséñame a vivir mis días de tal modo que cada día aprenda cosas nuevas. De modo que cuando llegue el momento de partir pueda sentirme satisfecha con la manera en que viví”.

Autora: Brendaliz Avilés

Escrito Para:
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