domingo, 18 de abril de 2010

DIOS ES NUESTRA HERENCIA ETERNA

Dios es Nuestra Herencia Eterna

“Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna”. (Salmo 73:26)

Cuando un cuerpo está quebrantado por una enfermedad que le causa dolor. Cuando el alma se siente triste por las múltiples luchas y pruebas con las que ha tenido que lidiar. Cuando los recursos menguan y llega la escasez a tu casa. Cuando como oro somos expuestos al fuego, es fácil sentir el deterioro y el desfallecimiento.

En este Salmo 73, Asaf comienza hablándonos de cuán bueno es Dios con los puros de corazón. Dice que estuvo a punto de caer, que poco le faltó para que resbalara porque se detuvo a mirar sus circunstancias. Porque miró a su alrededor y le pareció ver que pasaran cosas injustas a su vida mientras que sus enemigos lo escarnecían y se burlaban. Que cuando trató de comprender en su humano razonamiento todas esas cosas, sintió una carga insoportable.

Puede que tú también te encuentres experimentando lo que es sentir el peso de una carga insoportable. Tal vez te sientas tan afligido como se sentía Asaf cuando escribía este salmo. Pero algo sucedió en la vida de Asaf cuando entró en el santuario. Cuando se allegó a ese lugar de intimidad donde Dios habla solamente de tú a tú y responde a tu necesidad. Donde a través de su Espíritu Santo te hace comprender las cosas que no entenderías a simple vista. Allí el comprendió cuál sería el destino de los malvados. Y en ese lugar secreto, allí en la presencia de Dios, comprendió que su corazón estaba afligido, que su ánimo estaba amargado y que por su necedad e ignorancia se había comportado con su Creador como una bestia.

Allí pudo con humildad reconocer que Dios siempre estaba con él, que lo sostenía de la mano derecha. Que lo guiaba con el consejo divino y que un día podría ver la gloria de Dios en el cielo. Pudo entender que a quien él tenía en el cielo era a Jehová y que si Dios estaba con él eso era suficiente, más que cualquier cosa en la tierra. Luego de reflexionar y escribir estas cosas pudo exclamar esas palabras que se hacen tan real en la vida de aquellos que amamos y servimos al Señor. Porque puede desfallecer nuestro cuerpo y nuestro corazón, pero Dios fortalece nuestros corazones y nuestras vidas reciben de su refrigerio. ¡Aleluya! ¡Qué palabras tan poderosas! Saber que Dios es nuestra herencia maravillosa. Que quienes buscan refugio en él lo encuentran y no serán confundidos ni avergonzados.

Hoy te invito a que entres a su presencia para que recibas renuevo y descanso. Para que Dios pueda iluminar tu entendimiento y tú puedas ver más allá de lo que parecer ser. La diferencia entre que podamos ver más allá se encuentra cuando nos sumergimos completamente en la presencia del Señor y él nos hace entender que sigue estando ahí para nosotros y que un día nos encontraremos con él para siempre. Entonces ya no habrá más dolores ni sufrimientos. Todo será gozo y alegría perpetua. Así querido hermano, que no debes desmayar. Entra en su presencia y sentirás la diferencia.

Autora: Brendaliz Avilés

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