lunes, 26 de abril de 2010

NO ES EL FINAL


NO ES EL FINAL

Hay tantos recuerdos que uno quisiera tener la facultad de borrar de la mente, de olvidarlos para siempre. Por ejemplo, aquella palabra con la que alguien te hirió profundamente, aquel comentario de un ser que amabas o aquella mano que no te extendieron en un momento en que lo necesitabas. El instante en que sentiste caer al piso la esperanza y que pensaste en que jamás podrías levantarte. La desilusión que sentiste cuando alguien en quien confiabas con todo tu corazón, te falló. El momento en que alguien te traicionó y te dejó caer de sus manos. Tal vez aquella escena conmovedora que nos tocó ver que le sucediera a alguien o a nosotros mismos.

Pero aunque quisiéramos borrar todos esos recuerdos, no es menos cierto que son experiencias de vida que nos hacen crecer. Que en muchas ocasiones nos hacen comprender el dolor que otros sienten y que nos hacen ser más humanos. Y si cada lágrima que personalmente yo he derramado, me hace ser mejor persona. Si por el dolor que me ha tocado experimentar, otro puede ser fortalecido y consolado, entonces pienso que ha valido la pena todo cuanto yo haya vivido aún cuando muchas veces se me haga difícil entenderlo.

No lo digo para que suene más bonito, lo expreso con corazón sincero. Porque pienso que nada pasa en este mundo por pura coincidencia o casualidad. Porque estoy convencida de que aunque sucedan cosas negativas y malas a nuestro alrededor, a los que aman a Dios todas las cosas les ayudan para un bien. Que de algo negativo puede resultar algo positivo. Que cada espina tiene su rosa y cada laberinto su salida. También sé, que Dios no coloca ni permite cargas sobre nuestras vidas, sin antes confiar en que tendremos la suficiente fortaleza para luchar y salir adelante. Y que cuánto más grande la prueba, más grande será la victoria.

A veces cuando me paro frente a las personas ya sea porque tengo el privilegio de hablarles o de predicarles, siento una emoción bien grande dentro de mi corazón. El saber que muchas de esas experiencias que me ha tocado vivir y que no lograba entender han resultado para un bien donde yo puedo testificarles y decirles que cuando Dios está en tu vida todo es posible. Cada vez que tengo la oportunidad de abrazar a todas esas personas de ayudar a enjugar alguna lágrima que de sus ojos brota, puedo sentir ese amor tan inexplicable dentro de mi corazón. Me pareciera ver a Dios en cada uno de mis semejantes. En esa niña con el corazón roto, en ese joven preocupado o en ese rostro anciano y esperanzado en que algo mejor vendrá.

Pero aunque muchas veces uno quisiera borrar tantas cosas de su vida y de la mente, tenemos que ser realistas, literalmente no se pueden borrar. Pero esos obstáculos que a veces enfrentamos son la escalera que nos conduce al éxito, a no detenernos ni conformarnos con la mediocridad. Así mi querido lector que si estás pasando por un momento bien difícil en tu vida, te digo con toda sinceridad y desde lo profundo de mi alma que no te rindas. ¡Síguelo intentando! Al final algo bueno tendrá que salir en medio de tu dolor y prueba. Porque después de la lluvia sale un hermoso arco iris, porque al escalar la montaña se ve el panorama. Porque al final de todo nos espera una vida eterna y una corona incorruptible. No es el final, lograrás sobrevivir si te aferras con fuerzas a Dios y usas la fe como el motor que te impulse a seguir luchando.

Autora: Brendaliz Avilés

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