miércoles, 25 de agosto de 2010

EL CUADRO DE DIOS

Hola: Hoy me complace presentar ante ustedes un hermoso escrito de una mujer que admiro mucho y que quiero con el corazón. Es una amiga mexicana a la que cariñosamente llamo comadrita Bindi. Es una mujer excepcional, llena de inteligencia y amor para dar. Una de las personas que siempre me impulsa y anima a escribir y dar lo mejor de mí. Hoy mi página tiene el honor y se engalana en presentar este escrito que conmovió mi corazón y sé que también el de cada uno de ustedes mis queridos lectores.

EL CUADRO DE DIOS
(Cuento)


Hace mucho tiempo, Dios pintaba otro de sus grandes cuadros en el infinito y pensó:

- Hoy deseo juntar en un solo punto todas las tonalidades. Escogeré el planeta ideal en donde haya tanto colorido que no falte ningún matiz.

Entonces seleccionó varios lugares en donde pudiera plasmar su obra.

Buscó entre una multitud de estrellas y planetas, mas algunos eran muy grandes o muy pequeños. Otros estaban muy lejos de su estrella solar o demasiado cerca y el Señor pensaba:

- Si pinto en ese planeta se secará por el calor. Si coloreo en aquel, se escurrirá de frío.

Así que a lo lejos vio en uno de tantos sistemas solares, a un pequeño planeta, el cual estaba en tinieblas.

- ¡Ese lugar me parece perfecto!;

Tomó de inmediato su paleta y dirigiendo su magistral pincel hacia el oscuro sitio, puso el color blanco y con sólo una gota lo iluminó.

Tras una sonrisa dijo:

- Si!. Este planeta es perfecto! Por su composición y textura podré plasmar en él mi obra creadora.

Después siguió con el azul en todas las tonalidades. Su pincel se deslizaba con suaves remansos, pintando mares, ríos, cascadas de aguas transparentes y continuando con cierta similitud, el profundo cielo con luces de plata que envolverían a aquel planeta.

Junto con ellas puso dos luminarias. A una le llamó “sol” para que definiera el día y a la otra, “luna”, para que brillara en la noche con un manto de estrellas.

Dios sonreía satisfecho a cada movimiento de su pincel y decidió agregar el color café, al que llamó “tierra”.

Sin embargo, era un color tan sombrío que prefirió mezclarlo con tonos verdes, rosas, amarillos, blancos y violetas, entre algunos otros matices.

Así fueron surgieron pastos, flores, árboles, frutas y una gran cantidad de semillas comenzaron a germinar.

Y Dios murmuró:

- Ahora pondré a múltiples especies animales para que habiten en la tierra, en el aire y en los mares y todos ellos se alimentarán de estos frutos.

Así que, con sólo una pincelada aparecieron toda clase de animales. Y Dios se dio a la tarea de colorear su piel mezclando distintas tonalidades y dándoles diversas formas y tamaños.

Entonces se detuvo un instante a mirarlo.

- Ah, ¡Ya es un cuadro hermoso!;

Sin embargo, aún faltaba algo para que su obra fuera grandiosa.

- ¡Ya se!. ¡Pintaré seres humanos que se parezcan a mi!

Tomó el color carne y en un soplo hizo al hombre y de su costilla a la mujer para que juntos habitaran y dominaran a los seres existentes de aquel paraíso.

Más el Señor exclamó:

- falta un color. ¡El rojo!;

Así que el Señor, muy conmovido, tomó su pincel y puso con mucha precisión un pequeño punto dentro del pecho de aquellos seres.

Admirablemente esa minúscula gota de pintura comenzó a palpitar prendiéndose una llama en su interior.

El Señor sonriendo la nombró “Amor”, destinándola a permanecer encendida para siempre.

Así, contemplando muy satisfecho la totalidad de su obra, firmó en aquel corazón donde aún habita la llama de su eterno Amor.


F I N




Autora: Rosa María Baeza Miranda
(7-OCTUBRE-2007)
(356)
“MIGUITAS DE LA LUZ”
Registro Derechos de Autor 03-2008-012813071600-14