viernes, 29 de octubre de 2010

TESTIMONIO DE MARIA FERNANDA


Padre,


¿Cómo decirte en palabras lo mucho que te amo?
¿Cómo agradecerte en palabras todo lo que me has dado?
Quiero retribuirte todo ese amor con un compromiso verdadero y un amor puro y sincero.
Quiero ser instrumento en tus manos. Úsame Jesús.
Mi corazón pide a gritos levantar tu nombre y mostrar tu poder. Ese maravilloso poder que me ha levantado.
Hoy más que nunca me comprometo a testificar que tú existes, que eres real y poderoso, majestuoso Rey.
Quiero adorarte y alabarte. Que mi voz llegue a tus oídos y puedas recibir mi ofrenda de amor y gratitud.
Quiero agradecerte porque me amaste primero y me elegiste del montón. Por precio alto fue comprada y con tu sangre preciosa fui lavada.
Jesús perdonaste mis pecados y nueva mujer soy gracias a tu enorme sacrificio de morir en la cruz para que yo sea salva y tenga vida eterna contigo.
Escribiste mi nombre en el libro del cielo y me prometiste que me amarías por siempre, que me guardarías en el calor de tus brazos y que nada malo me sucedería porque tu ángel Jehová, estará caminando conmigo hasta el final de mis días.
Cuando tenía 17 años, en medio de un caos familiar llegaste a mi vida, a la vida de mis padres y hermana. Planificaste todo para que lleguemos a tu camino.
Cuando te acepté como mi Señor y Salvador empezaron los cambios y fue tanto el amor que me diste que marcaste mi vida con fuego. Una marca imposible de borrar. Una experiencia espiritual imposible de olvidar.
Me visitabas por las noches y me traías la paz. Te diste a conocer a través de milagros preciosos. Mis peticiones llegaban a tus oídos y como un padre amoroso, eran rápidamente contestadas. Empecé a conocerte y a tomar confianza contigo Señor. Yo te hablaba y vos me escuchabas.
Me fuiste preparando con amor, para las pruebas durísimas que vendrían después.
Desde que estas en mi corazón, siento una emoción indescriptible. Cuando hablo de vos, cuando te imagino cuidándome y tomando el control de mi vida me pongo a llorar porque te amo con mi vida entera. Ese respeto que siento por vos es el que me hace tomar el compromiso de no fallarte y colaborar en tu obra.
Quiero que tu Espíritu Santo siga alojándose en mi corazón por siempre y que tu reino a través de mí, se acerque a otras vidas que necesiten conocerte.
Han transcurrido las pérdidas importantes en mi vida. Han venido los enormes desiertos y me he alejado de la oración.
Creí que me habías abandonado.
Sentí que ya no me amabas como antes cuando te llevaste a mi madre y cuando vinieron todos los problemas.
Auque caminaba sola, nunca me abandonaste. Siempre estuviste a mi lado.
Mi angustia y desesperación no me permitían sentirte.
Mis ojos estaban nublados y no me hacían verte. Más tú presencia me acompañó en todos los procesos.
Era una oveja perdida. Te amaba y sabía que no quería fallarte pero me alejé de la oración y me aparté de tu presencia.
Más tú como buen pastor, viniste a buscarme para llevarme al rebaño nuevamente y yo en el medio de mi depresión no te vi y seguí peleando los problemas sola.
Y tan grande fue tu amor por mí, que tiempo después ideaste otro plan mejor, que esta vez funcionara, para que de una vez y para siempre esa oveja perdida se encuentre con su pastor y vaya con Él al rebaño.
Gracias Señor porque esa vez, tu plan funcionó.
Hace dos años, ya con 33 cumplidos luego de una situación personal y familiar muy dolorosa, cuando creía que ya mi vida no tenía sentido, el Señor tocó a mi puerta nuevamente y ahí sí, lo sentí y lo oí.
Claramente le dijo al diablo: hasta acá llegaste con mi hija. Te he vigilado de muy cerca y aunque la has herido mucho no has podido tocarla porque siempre cuidé de ella y toda esta situación la permití para regresarla a mi camino. Es mi tesoro y hoy vuelve conmigo al rebaño. En la cruz te vencí y con mi sangre he lavado sus pecados. Estás vencido demonio en mí nombre que es sobre todo nombre.
Yo sentía que el diablo a través de la depresión, de la desesperación se estaba apoderando de mi vida y me tironeaba hacia él. Pero finalmente sentí el tirón mas fuerte que era de mi Dios y el diablo tuvo que alejarse de mi vida porque Cristo me estaba llevando con Él.
Querido hermano, yo puedo asegurarte que cuando aceptamos al Señor Jesús en nuestra vida, en el cielo está escrito nuestro nombre. Aunque el diablo quiera apartarnos del amor de Cristo, nuestro Señor se encargará de buscarnos y llevarnos nuevamente con Él.
Su fidelidad es inigualable, incomparable.
Cuando en su palabra nos dice que nunca nos desamparará, créanlo con todo su corazón porque si lo aceptamos en nuestro corazón somos de su pertenencia y nos va a buscar hasta encontrarnos, sencillamente porque quiere pastorearnos y quiere glorificarse en nuestra vida.
Doy testimonio que a partir de ese día, un encuentro grandioso tuve con mi Señor. Me volví a enamorar de mi Dios.
Durante muchos años, mi vida fue una sequía y luego de que el Señor me buscó y me libró de las manos del enemigo, una lluvia de bendiciones cayó sobre mi vida. Regó mi jardín y aún en el medio del desierto florecieron plantas hermosas. Me mostró nuevamente su poder y siento que ya nada va a ser igual porque lo tengo a mi lado peleando la batalla por mí.
No dejó de hablarme a través de su palabra, a través de alabanzas, a través de personas, de situaciones y de sueños. Su amor es firme y su fidelidad también lo es.
Durante todo este tiempo me ha pastoreado personalmente, sin intermediarios hasta que un día cuando sentí mucho la presencia de Dios en mi vida, conocí a mi amada hermana en Cristo, Brendaliz.
Brendaliz fue un regalo muy preciado que me dio Dios luego de mucha búsqueda.
Estoy muy feliz de que mi Padre Celestial la haya puesto en mi camino. La quiero mucho y estoy unida a ella en el espíritu del Señor.
Hoy sigo transitando junto a mi Jesús el camino que tengo trazado.
Muchas batallas aún tengo que ganar para Dios.
Muchas victorias quiero festejar en Cristo.
Jesús amado mío, TE AMO.


De la única manera que tengo la victoria asegurada es en obediencia y humildad.
Hermano, toda nuestra propia voluntad tiene que caer rendida a los pies del Señor.
Nuestro Padre sabe lo que es mejor para nosotros. Sus pensamientos son más altos que los nuestros y todo lo que venga de su mano, va ser con paz y gozo.
El Señor nos regala, mas el diablo nos arrebata.


Estas líneas van dedicadas a mi querida amiga Brendaliz Avilés.


Te quiero mucho y gracias por darme este espacio para llevar mi testimonio.
Con amor puro y sincero. Que Dios te bendiga grandemente.

Te abraza fuerte en el Señor.

Desde Argentina,
María Fernanda.