jueves, 9 de diciembre de 2010

ECO INMORTAL




ECO INMORTAL

“Pero sucedió que, mientras iba de camino, estando ya muy cerca de Damasco, le rodeó de pronto una deslumbradora luz celestial. Cayó a tierra, y oyó una voz que le decía: ¡Saulo, Saulo!, ¿por qué me persigues? Él preguntó: ¿Quién eres, Señor? La voz le contestó: Yo soy Jesús, a quien tú persigues”. (Hechos 9:3-5)

Hoy medito en lo que debió haber sentido Saulo cuando de camino a Damasco escuchó la voz de Dios que le decía: “¿por qué me persigues?” Ese encuentro extraordinario marcó la vida de Saulo de tal manera que hasta su nombre fue cambiado al de Pablo. De perseguidor se convirtió en seguidor, evangelista y misionero del Dios al que un día escuchó hablar y del cual recibió la invitación a servirle de verdad. Es que cuando nuestro corazón y oídos escuchan la voz de Dios nuestras vidas son transformadas de manera extraordinaria. Es que a Su presencia tiembla la tierra y se estremece el alma de emoción. Y pensando en todas estas cosas, en lo que implica escuchar la voz de Dios, escribí estas palabras que espero sean de bendición y edificación a sus vidas.

ECO INMORTAL…

Escuché tu eco inmortal, ese que me atrajo hasta ti.
Lo escuché en medio del silencio que me consumía y que guardaba.
Al escucharlo me envolvió tu suave melodía que me invitaba a recibir tu amor en mi corazón, a liberarme de la ansiedad y de las penas.

Yo decidí aceptarte, regenerarme en ti, ser transformada, tener una vida nueva por el poder de tu gracia en mi vida. Y desde entonces, ese eco late en mi corazón, arde cual fuerte llama que ni el río más inmenso puede lograr apagar. Tú te fusionaste hasta en mis células, me saturaste con tu perfume divino y ahora huelo a ti.

Ese eco trajo luz y vida, fue cual manantial de agua fresca, que inunda, sacia y llena el alma de alegría. Ahora mi voz interpreta una melodía totalmente nueva y diferente a la tristeza.

Tras mi búsqueda en ti, poco a poco el eco se fue haciendo más audible, hasta que escuché más claro y reconocí que tu voz me hablaba, que me indicaba que camino seguir y nació el anhelo en mí de querer conocerte cada día más y más.

Tu eco no muere, vive siempre en mí. Aún cuando pareciera que estás lejos, me recuerda que estás cerca. Me acaricia como el viento, me da serenidad y fuerzas para seguir luchando. Me evoca a experimentar el sentimiento de que otros también quieran escuchar tu eco para que te vuelvas eterno en sus vidas, así como te has vuelto inmortal en la mía.

Autora: Brendaliz Avilés

Escrito Para:
www.brendalizaviles.com
www.devocionaldiario.com
www.destellodesugloria.org