miércoles, 9 de febrero de 2011

¡NO TE PERMITAS PERDER A TU PRIMER AMOR!


¡No te permitas perder a tu Primer amor!

“Yo conozco tus obras, y tu arduo trabajo y paciencia; y que no puedes soportar a los malos, y has probado a los que se dicen ser apóstoles, y no lo son, y los hallado mentirosos; y has sufrido, y has tenido paciencia, y has trabajado arduamente por amor de mi nombre, y no has desmayado. Pero tengo contra ti, que has dejado tu primer amor”. (Apocalipsis 2:2-4)

Yo no sé si en algún momento te has detenido a meditar y pensar que tu relación con Dios es bien parecida a la de un noviazgo o matrimonio. No importa los años que lleves casado (en este caso sirviéndole a Dios) , es necesario cultivar la relación. Y que para que el amor no se pierda o disminuya hay que alimentarlo con detalles. Pero no solo los detalles son suficientes, también es muy necesaria la comunicación para que no haya distanciamientos.

Ayer hablaba con dos de mis alumnas en la iglesia y les explicaba el hecho de que cómo iban a sentir necesidad de Dios, si ni siquiera sacaban tiempo para platicar con él. Si otras cosas ocupaban su lugar y eran más importantes que la necesidad de hablar con él, buscarle y contarle las cosas que estaban atravesando. Porque precisamente en la cotidianidad, en medio de ese tiempo que tú compartes y estableces un vínculo con el ser amado, de ahí es que nace la necesidad de buscarle y de estar con él.

A veces en los matrimonios hay crisis porque una de las partes se distancia demasiado. En este caso, Dios nunca se distancia de sus hijos porque los ama, sin embargo, somos nosotros los que muchas veces nos desenfocamos y damos prioridad a otras cosas. Entonces nuestro amor se va secando cual plantita. Comienzas a no sentir deseos de orar, leer su palabra, ir a la iglesia o hacer las cosas que antes con tanta pasión hacías. Ya no te causa placer hacer cosas para él.

Olvidas que un día, cuando decidiste entregarle tu corazón a Dios, hiciste un pacto de fidelidad y de permanecer en tiempos buenos y malos a su lado. Se supone que no hay un “divorcio” entre tú y Dios. Sino más bien que busques la manera de volver a enamorarte y enamorarlo a él. ¿Ya se te ha olvidado decirle frases lindas al oído? ¿Qué pasó con tu tiempo, ya no hay espacio en tu agenda para salir a caminar con él, o sentarte en calma a contarle las cosas que te pasan durante el día?

Lo más triste es que cuando permites que tu relación con Dios se deteriore, cuando dices que lo amas de la boca para afuera, pero tus hechos le demuestran lo contrario, lo hieres, lo lastimas, haces que llore por ti. En esta relación, él no ha hecho nada malo. ¿Entonces por qué distanciarte?

Hay otros que presentaran como excusa, lo que algunos maridos y esposas dicen para lograr callar su sentimiento de culpa o dejar un rato a sus conciencias tranquilas: “es que tengo mucho trabajo, mi amor, todo esto lo hago por ti y los niños, estoy sacrificándome para que no te falte nada y tengas todo lo que deseas, es por eso que debemos sacrificar el tiempo juntos, por eso trabajo tanto”. Pero no basta, no es suficiente con que te envuelvas haciendo cosas para la gloria de Dios, si pierdes tu relación con el ser más maravilloso, con el que te da las fuerzas y te ayuda a mantenerte enfocado en que el propósito de todo es que tengas una fuerte relación con él antes que nada.

Hoy es un buen día para renovar tus votos matrimoniales con Dios. Para recordar ese momento en que le diste el sí por primera vez y tu vida comenzó a cambiar. Hoy puedes comenzar a enamorarte como aquella vez cuando sentías tu corazón palpitar y no podías pasar mucho tiempo sin saber que él estaba cerca de ti. ¡No permitas que tu relación con Dios se enfríe, no pierdas tu primer amor!

Autora: Brendaliz Avilés

Escrito Para: http://www.brendalizaviles.com/,

www.devocionaldiario.com y www.destellodesugloria.org