lunes, 14 de febrero de 2011

DIOS CUIDA NUESTRAS ESPALDAS TESTIMONIO

El Señor Jesús cuida nuestra espalda

Queridos hermanos en Cristo, me gustaría compartir con ustedes algo muy bonito que me sucedió hace muy poquitos meses y me hizo recordar que el Señor camina junto a mí y su ángel me rodea.
Una persona conocida me estaba buscando mucho. Su intención era seducirme y parecía muy obstinado. No aceptó la negativa que yo le di y por varios meses insistió.
Tocaba el timbre y yo no respondía a los llamados. Dejaba notas que yo tampoco contestaba y un día sucedió algo que me hizo confirmar que el Espíritu del Señor me cuida y me alerta en todo momento pero más aún en circunstancias de peligro.
Un día de domingo por la tarde, salí con mi padre y hermana a hacer unas compras para la casa. Puntualmente nos dirigíamos a un negocio que vende artículos de decoración para el hogar. Un negocio muy grande que tiene muchos pasillos altos repletos de cosas preciosas para decorar la casa.
Entramos con mi hermana al negocio y sin poner atención en otras cosas, empezamos a marchar hasta la góndola que tenía lo que nosotras habíamos ido a comprar, que se encontraba en la parte trasera del negocio.
En un momento mi hermana gira la cabeza hacia su lado derecho y se distrae con un producto que había llamado poderosamente su atención. Se detiene y me pide que la acompañe a apreciarlo. Yo estaba apurada, pero la seguí en su deseo. Recuerdo estar parada observando el objeto pero situada enfrente de la puerta del negocio. Es decir que mi rostro se encontraba en dirección a la puerta de entrada.
Mientras estábamos con mi hermana decidiendo si comprarlo, levanto mi cabeza y me llevo la sorpresa de que en dirección a mí, estaba viniendo ese hombre que tanto me buscaba. ¡Dios mío grité en silencio, no puede ser! ¿Cómo lo vengo a encontrar en este lugar?
Parecía en cámara lenta como se iba acercando a mí y yo lo iba siguiendo con la mirada….hasta que se detiene justo enfrente de mí y me saluda. Se excusa diciendo que había encontrado nuestro auto en la puerta y que por esa misma razón había entrado. Mi rostro tenso, reflejó la incomodidad.
Queridos lectores, esta persona me había seguido en todo el trayecto y me había interceptado en el negocio. Era de profesión policía, por lo que tenía muy claro la manera de hacerlo.
Aunque este hombre era una buena persona, sus actitudes estaban equivocadas y yo sabía que este hombre no era el que Dios había escogido para mí. Debido a esto mismo, es que por todos los medios le hice entender que no funcionaría.
¡Qué grande es el Señor! Le habló al oído a mi hermana diciéndole que girara la cabeza y la distrajo. Hoy me río porque el movimiento que hizo ella, fue automático y gracias a ese llamado de Dios, quedamos ubicadas frente a la puerta.
¿Qué hubiese sucedido si el Espíritu Santo no conducía a mi hermana? Este hombre nos hubiese agarrado por las espaldas, en medio de esos pasillos repletos de cosas y se imaginarán entonces el susto que nos hubiese agarrado. Lo que menos se imaginó este hombre es que yo me encontraría justo en dirección a él. Si bien encontrarlo en ese lugar me disgustó mucho, no logró amedrentarme. El Señor nos alertó y no sentimos temor, todo lo contrario.
Tiempo después este hombre dejó de molestarme para la gloria de Dios.
Querido hermano, es mi deseo recordarte que el Señor Jesús cuida tu espalda. Poderosos gigantes caminan junto a ti. Nadie podrá asustarte y tomarte por la espalda porque su ángel te protege y te advierte si hubiera peligro alguno.
Pídele su protección y que te acompañe durante todo el día. Él gustoso lo hará y será tu guardián. ¡Que Dios te bendiga!

Autora: María Fernanda
Escrito Para: www.brendalizaviles.com