jueves, 31 de marzo de 2011

TAN CERCA DE TI

TAN CERCA DE TI… Te he amado desde el principio y esperado como los centinelas a la mañana. Sé que está muy cerca tu venida, me lo dice el corazón, me lo grita la naturaleza. Estoy tan cerca de recibir lo que me has prometido, que estoy emocionada. Así como la novia espera el día de su boda: radiante, engalanada, risueña y llena de ilusiones, así es como me siento. A veces la espera me ha fatigado y el desierto me ha deshidratado emocionalmente, pero tu agua me ha reavivado. Escalando la montaña he resbalado y muchas veces pensado que voy a caer sin lograr subirla y que moriré en el intento, sin embargo tu mano se ha extendido y me ha ayudado a llegar hasta la cima. Has sido quien has marcado la senda y guiado mis pasos para que no me pierda. Has provocado que ame tu verdad y tus palabras, tus mandamientos están inscritos en mi corazón. ¡A qué otro lugar puedo yo acudir, si tu eres mi salvación, eres todo lo que necesito! No existe lugar en o fuera de este mundo que sea más seguro que estar escondido y protegido bajo la cubierta de tus alas. En tus manos hay seguridad y en tu corazón completo descanso. ¡Te amo, esa es la única verdad en la que a diario pienso y que mi alma siente! El único camino eres tú, condúceme por la senda y no permitas que me aleje. Autora: Brendaliz Avilés Escrito Para: www.brendalizaviles.com www.devocionaldiario.com www.destellodesugloria.org

Me cuido de no ser yo la que ofenda


ME CUIDO DE SER YO LA QUE OFENDA


Hace algunos años tuve la oportunidad de comunicarme con una dama muy inteligente y marcada por una serie de experiencias dolorosas. No sé si actualmente vive o ha fallecido porque perdí el contacto con ella. Pero si anote una frase que ella escribió y que hoy buscando entre una de mis libretas encontré. La frase dice: “No me preocupa si me ofenden, más me cuido de no ser yo la que ofenda porque sé el valor del ser humano”.


Creo que tan solo leer esta frase habla de calidad de ser humano que era esta mujer. Quien antes de ofender prefería recibir el agravio que dañar a una persona. ¡Qué consideración! ¿Acaso no fue ese el estilo de vida que Jesús practicó mientras estuvo aquí en la tierra? Jesús nos dio palabras de amor y redención. Le extendió la mano a todos los que se acercaron a pedir ayuda, se preocupo por el dolor ajeno, se conmovió ante la tristeza de las personas y corrigió con autoridad, pero con amor.


Me uno a las palabras de esta mujer, porque yo tampoco deseo herir el corazón y los sentimientos de nadie. Porque no quiero que mis palabras traigan desanimo ni tristeza al corazón de ningún ser humano. Porque quiero cada día ser más tolerante, aún cuando no todo el mundo es de la misma forma conmigo. Aun cuando algunos tratan de herirme o lastimarme con sus acciones o palabras, yo decido escoger ser una luz que brilla en medio de un mundo que cada día se oscurece por la falta de valores, amor, principios y de lo más importante, la presencia de Dios en sus vidas.


No soy una santa ni pretendo serlo, pero la vida de Jesús me inspira. Porque cuando muchos lo agraviaban, escupían, maltrataban y se burlaban, él exclamaba desde la cruz: “¡Padre perdónalos porque no saben lo que hacen!” Es precisamente la ignorancia y la inmadurez, el deseo de odio y venganza, la intolerancia, la que provoca muchas veces que las personas anden en pleitos, iras y contiendas. Así que si el día de hoy alguien se propuso hacerte la guerra, ofendiéndote con sus palabras… Medita y reflexiona bien lo que vas a hacer, si seguir propagando el veneno, o contrarrestarlo con un arma mucho más poderosa que es el amor y que seguramente no espera. Quizás esa persona lo que está pidiendo a gritos es amor, atención, ser escuchada y valorada e irónicamente la forma en que lo pide es haciendo todo lo contrario.


Propongámonos crecer y cada día ser mejores. Sembremos el bien para que recojamos una buena cosecha mañana.


Autora: Brendaliz Avilés