jueves, 30 de junio de 2011

La promesa fue cumplida


LA PROMESA FUE CUMPLIDA

“Ahora, Señor, despides a tu siervo en paz, conforme a tu palabra; Porque han visto mis ojos tu salvación”. (San Lucas 2:29-30)

Muchos años habían pasado desde que Simeón había recibido una palabra y una promesa maravillosa de parte de Dios. Él no vería la muerte hasta ver al Mesías prometido. Pero aquel día era uno muy especial, este hombre lo sentía hasta en sus células. El corazón de Simeón latía diferente, sentía una paz impresionante, pero a la misma vez una gran expectación. ¡Algo estaba por ocurrir, algo que marcaría para siempre su vida!

Movido por el Espíritu Santo se fue para el templo. Tantas veces, en tantos años, había ido al templo con la ilusión de poder ver el cumplimiento de su promesa. No sé cuántas ocasiones se sintió triste, desesperado, a punto de morir. La vejez había llegado y aún él no había visto lo que tanto anhelaba. Sin embargo, una promesa era una promesa y él sabía claramente que Dios nunca fallaría.

¡Qué grandioso es saber que en la agenda de Dios el día estaba pautado! Había llegado el día de la tan esperada cita, el momento de ver la manifestación de Dios en forma sobrenatural. Una sorpresa especial le esperaba a aquel anciano lleno del poder, la unción y la visión de Dios.

María y José llevaban a un pequeñito en sus brazos. El Salvador del mundo sería dedicado a Dios y presentado en el templo. ¡Simeón había llegado justo a tiempo! Él pudo tomar a ese niño entre sus brazos, bendecirlo, sentir el gozo inmenso y la satisfacción de palpar y ver con sus propios ojos el cumplimiento de aquella promesa que por tanto tiempo llevaba esperando.

Simeón pudo declarar las maravillas y prodigios que este niño haría. Y tan pleno y feliz se sintió que exclamó en medio de su bendición al niño que ya podía morir en paz porque sus ojos lo habían visto. ¡La palabra de Dios se había cumplido al pie de la letra!

Mis queridos amigos(a), yo sé lo difícil que es esperar. Sé lo que es creer en una promesa, ver el tiempo pasar y no observar nada pasando a tu alrededor. Pero está muy cercano el día de tu victoria. Sin importar cuánto tengas que esperar y pasar, si Dios lo dijo, él lo hará. El tiempo del Señor es perfecto, especial, demasiado maravilloso. No tienes que pensar que él se ha olvidado de ti, porque aunque ahora no lo comprendas, en este tiempo él ha estado preparándote para que puedas recibir lo que viene a manos llenas. Piensa que cada día que pasa, es un día más cerca que estás de recibir Su promesa.

Hoy estoy un paso más cerca, ya he recorrido mucho camino y no pienso ni me permitiré detenerme. No tornaré mi mirada atrás para desesperarme, sino para recordar por dónde me ha llevado el Señor y cómo ha sido su fidelidad para conmigo. Mañana quizás, me esperan desafíos, cosas nuevas, preguntas invadirán mi pensamiento y tal vez algunos intenten quitarme el ánimo. Pero hay algo que sé y que me inspira, una verdad que me ayuda a mantenerme en control, aunque todo a mi alrededor pueda parecer desordenado… Y es que sé que estoy en Su propósito, en su tiempo, en su voluntad y que así como Simeón mis ojos verán el cumplimiento de Su promesa. Yo seguiré cantando y declarando sus maravillas y misericordias. ¡Sí, estoy totalmente segura, estoy un día más cerca de la victoria, de recibir su bendición, de presenciar el milagro, de alcanzar la esperada promesa! Amén.

Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para: www.brendalizaviles.com