viernes, 1 de julio de 2011

Aprendí

Afuera llueve. Me encanta. Las gotas provocan una melodía, que no me canso de escuchar. Mis letras surgen en esta serenidad de la noche. Mañana será otro día. Es la última noche que tendré la edad que tengo…y comienza un año más en mi vida. Supongo que el hecho de comenzar algo, también, en cierta manera, implica una despedida. Hoy, algo ha terminado…una etapa de esfuerzo, trabajo, anhelos…y aprendizaje. Por eso escribo, porque quiero decir que fue el año en que más he aprendido, por lo menos, hasta ahora. Fueron muchas nuevas situaciones, decisiones, que jamás en mi corta vida había tenido.

Aprendí.Cuando me tuve que alejar del hogar para vivir sola…supe del valor de la amistad, de la compañía. Aprendí a dar valor a las cosas, y no por lo que valen, sino por lo que significan. Y conocí más de cerca a la ausencia…y pensé morir cuando sentí demasiada pero aprendí que las ausencias transitorias y las definitivas no podían doblegarme…Aprendí de la melancolía, de los paros cardiacos; y que en realidad nadie quiere estar solo. Que encontrarse con el ser amado es hermoso. Que amar a una persona no era de decir “te amo” si no de estar segura que lo dices con sinceridad. Sí, aprendí a amar, amar aún cuando me hirieron con palabras ásperas y acciones impensadas.

Y observé nuevas vidas, nuevos amigos, nuevos corazones…Y aprendí a aceptarles aún cuando ellos me decepcionaron. Supe que podía escucharles con los ojos, con el alma y con todos los sentidos. Aprendí a verles detrás de esa sonrisa fingida, de la alegría simulada, de la vanagloria exagerada…descubrí el dolor en el corazón. Y supe que podía ayudar y apaciguar un poco, tal dolor.

Sola, comencé a desenvolverme más en la sociedad, vi que era linda pero me di cuenta de lo terriblemente asfixiante que podía ser. Que todos quieren vivir en la cima de la montaña, sin saber que debemos disfrutar esa forma de subir la pendiente. Que muchos de los problemas que encuentro en la vida no pueden ser solucionados en términos de lo justo o lo injusto. Que no puedes forzar a nadie a comprenderte. Que hablar y llenar la expectativa no es tan sencillo. Que se espera siempre una respuesta que algunas veces esta distante de lo que se desea escuchar... y que eso desilusiona… baja la moral y desanima. Que la verdad es dolorosa, pero siempre libera. Entendí que cuesta ser sensible y no herirse; y que casi todos somos albañiles de muros. Aprendí a pensar mucho más lo que digo, y ya no a decir todo lo que pienso. Sí, son tantas cosas las que he podido aprender de la sociedad, de la gente, de la raza humana y ¿de mí?

Claro! Muchísimas cosas…sí, porque llegaron esos momentos cuando sentí confianza excesiva, y recordé mis fracasos. En que me sentí “poderosa” y traté de detener el viento. Imposible. Entonces aprendí. También me sentí inferior e incompetente pero aprendí a vestirme con ropas nuevas. Aprendí a defenderme del escándalo…y de la rutina. Aprendí a estar de vacaciones y en el agobio. También me cansé de esperar y de cerrar los ojos y de preguntarme: “¿Por qué será que mis horizontes están tan lejos?” “Pero entendí que un día más cerca no es solo dejar pasar las hojas del calendario ni las horas de reloj sino es también saber que el tiempo pasa pero que eso no es una perdida, es una ganancia, pues nos acerca lentamente y nos hace conscientes de nuestras decisiones”. Y esas decisiones no son fáciles, por el contrario, requieren de mucho esfuerzo, de paciencia, de aprender a construir y que antes hay que medir, pesar, equilibrar…y sólo entonces poner todo en marcha. Hablo también de creer. De agotar mis fuerzas en defensa de una causa noble, esperar, y no sentirme cansada con la espera… "¡persistir, es la orden!" aprendió mi corazón cuando desfalleció.

Y aprendí a vivir de manera “independiente"…lejos de los padres, que aconsejan, que guían. Lejos de los amigos que ayudan. Y llegaron esos momentos duros dentro del alma…esas etapas oscuras en nuestra vida….pero cuando los hube pasado me di cuenta que fueron espacios de renovación, espacios de descubrimientos. Duros, sí. Tristes, también. Y ahora sé que hay que cruzar el invierno, la noche y las tinieblas para seguir adelante…para madurar. Es cierto. Quise escapar, huir muchas veces y alguien me enseño que a veces no es tan malo tener algo de lo que escapar. Pero mejor aprendí a entonar una canción para mi corazón, aunque me costara tanto. Y sobre todo a depender más de Dios. Aferrarme más a su mano en los momentos de ceguera. Sabía que solo así, podía enfrentarme a la vida cuando el corazón está hecho pedazos, cuando la desilusión llega y el mundo te pega un golpe bajo. Ahora puedo sobrellevar con más alegría las confusiones, las sorpresas, las fatigas y los sobresaltos…

Aquí estoy. Estoy orgullosa de haber aprendido. Me fascina saberlo, sentirlo. Un nuevo año comienza…y…bueno, en mi vida siento que la mayoría de cosas transcurren tan plácidamente pero a veces de forma tan acelerada que temo encontrarme con muro que detenga mi camino…a veces, me inunda un cierto temor de seguir madurando... mirar hacia adelante y avanzar... Sin embargo, sigo caminando. Cambiando lentamente. Escalando más cerca. Quiero seguir sirviendo a Dios, quiero hacer su voluntad y no la mía, quiero amar, quiero seguir el sendero de la santidad aunque este sendero es escabroso y está cruzado por un montón de inmensas avenidas iluminadas que a veces, me tientan a abandonarlo….y aunque desde la serena intimidad de mi ser, observo un mundo caótico, donde existen seres sin escrúpulos, que se llenan de palabras, con ojos carentes de brillo que cuando miran lo hacen sin ver, que no ayudan a mostrar la luz…Sueño con dejar estelas de sabiduría. Sueño con compartir ideales de vida, con esculpir voluntades recias, con dejar rastros de sensibilidad y humildad. Sueño con amar como Cristo amó…

El reloj marca el nuevo día. La lluvia se detuvo. Tengo que dormir. Ya comienza el nuevo año en mi vida…y, confieso que tengo ansias de quemar etapas para que el tiempo corra a la velocidad de la luz y así poder situarme en ese lugar imaginado que, casi siempre creo, será mejor que éste. Pero como dije, aprendí que no solo no tengo que esperar “llegar” sino que debo disfrutar del camino...Continuo aprendiendo, todavía hay mucho que saber, entender… y todavía tropezando, errando… estoy aprendiendo…Dios está a mi lado, eso me basta.

Y cierto también, que todavía me asustan los cambios radicales, siento que no estoy preparada, sin embargo, creo que nadie debe vivir sin cambiar, sin ver cosas nuevas, sin tener la capacidad de aprender de sus errores…Por eso, ahora es diferente. “Ahora dejo que el tiempo fluya, y me parece que fluye de una manera que es distinta. No sé si con más rapidez, pero sí con una especie de dulzura, con mucha más concentración”…

Aprendí a ver lo que antes no veía, aprendí a saber escuchar lo que antes no oía, a sentir lo que antes no sentía y preguntar cosas que antes ni siquiera sabía que hubieran de preguntarse…y sobre todo, aprendí a amar un poco más como Jesús…estoy orgullosa de eso. Y deseo, el próximo año...volver a decir estas mismas palabras. Sin embargo, la petición más fuerte que estuvo en mi corazón durante este año, estoy segura, será la misma de este que viene: “Todo aquello que quieras Tú, Señor, lo quiero yo, precisamente porque lo quieres Tú, quiero como lo quieras Tú y durante todo el tiempo que quieras”.

Desde mi rincón



Autora: Yasmin Gordillo
Autorizado para ser publicado en: www.brendalizaviles.com

Algunas citas que están integradas al texto en comillas son citas de otros autores que la autora de este escrito tomó prestadas.