lunes, 6 de febrero de 2012

Caminando en el Desierto

CAMINANDO EN EL DESIERTO

El Señor me libró de las manos de faraón sacándome de Egipto.
Con mano firme fui quitada de la casa de esclavitud.
Lejos del sometimiento empecé a caminar hacia otro lugar…
Lugar que no conozco y me da temor enfrentar,
Pero mi fe en Dios me hace tomar el coraje para salir de aquella tierra en donde me encontraba atada y no podía avanzar…
Ahora me encuentro a solas con Dios,
Y mi dependencia empieza a ser absoluta en el Señor.
Durante el trayecto empiezo a convivir con distintas emociones…
Por momentos me embarga una terrible nostalgia por aquello que dejé…
Mi cuerpo me empieza a decir que no podré resistir la prueba,
Que a la tierra prometida no llegaré…
Empiezo a tambalear y a murmurar.
Convivo con una fe que por momentos es fuerte y por momentos se hace débil.
Hay peligros a mí alrededor y con la ayuda del Señor los debo sortear.
En lo profundo de mi corazón sé que si el Señor me rescató de ese sitio es porque tiene algo mejor para mí.
Día a día recibo el maná que el Señor me envía para alimentarme y sigo caminando….
Dependo de su mano de favor todos los días...Vivo de milagro en milagro por su infinita misericordia.
Durante este proceso mi humanidad me hace sentir que todo es incierto…
No sé el tiempo que me tomará llegar a donde el Señor me quiere enviar.
En ocasiones esta incertidumbre es motivo de debilidad y quebranto.
El rendimiento que tenga cada día es parte de la prueba, porque cuanto más rebelde y desobediente me haga, más tardaré en alcanzar el propósito.
El Señor me está vigilando, su Espíritu Santo me está acompañando…
Pero siento que la cuota que recibo de su Espíritu es limitada…
Todavía no llegué a Canaán…a la buena tierra que poseeré,
Y mi vida aún no se encuentra llena del Espíritu experimentando la total plenitud…
¿Cuántas veces me sentí abatida y preocupada porque al no ver el sendero trazado, mi carne me quería dominar...?
¿Cuántas veces le dije al Señor que en el desierto me sentía peor que cuando estaba en esclavitud…?
¿Cuántas veces caminaba sintiéndome abandonada y desprotegida?
¿Cuántas veces alcé mi voz para decirle al Señor que no me sentía amada por Él…?
Muchas veces estas preguntas invadieron mi mente y corazón.
Padre mío,
Sé que atravesar el desierto no será tarea fácil.
Será un período de desierto en el cual tendré que enfrentarme con el peligro y la escasez,
Situaciones diversas intentarán amedrentarme. El enemigo vendrá a intentar hacerme tropezar.
En este camino seré probada por ti Señor…
Mi fe y fidelidad serán puestas a prueba…
Tendré que aprender a confiar en ti oh Dios y a entender que tu palabra es buena y verdadera para mi vida.
Sé que mi Padre me ama y por ese mismo amor me disciplinará.
Pasaré muchas necesidades porque Él quiere probarme y conocer lo que hay en mi corazón,
Quiere saber si realmente lo amo y guardo sus mandamientos.
Tengo la certeza que tendrá misericordia de mí,
Y a pesar de que por momentos tenga sentimientos de desesperación y derrota, su Espíritu Santo no me abandonará y de mis enemigos me librará.
Deseo alejarme mental y espiritualmente de la tierra que me mantuvo cautiva.
Deseo con todo mi corazón, con toda mi alma y con todas mis fuerzas ser obediente, guardando las leyes y decretos de Jehová.
Te prometo Padre mío que en cada latido de mi corazón habrá un te amo para ti y cada día que camine en el desierto, lo viviré con las ganas fervientes de que me lleves a esa tierra en la que próximamente me introducirás…
Tierra de arroyos y de vertientes,
De aguas subterráneas que brotan en los valles y en las montañas,
Tierra de trigo y de cebada,
De viñas e higueras,
De ganados y olivos,
Tierra de aceite y miel,
Tierra en donde el pan que me comeré no será racionado y donde nada me faltará.

Cuando llegue a obtener tu gran victoria, te prometo Señor que no me olvidaré de ti…con mis labios pronunciaré que tú me has dado la fuerza para conquistar mí prosperidad y bendición, cumpliendo así la palabra que le juraste a mis padres Abraham, Isaac y Jacob.
Siempre te amaré y siempre te temeré…
De día, de tarde y de noche serás el motivo de mi alabanza y adoración.


Autora: María Fernanda S.
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