domingo, 22 de abril de 2012

TU FIDELIDAD



Tu Fidelidad 

Señor, cuando pienso en el hombre o en el hijo del hombre, digo, que es el hombre o el hijo del hombre, para que te acuerdes de él y lo visites. Porque al pensar en tu fidelidad, lloro, lloro, y siento que mis entrañas se conmueven, y mis lágrimas se derraman delante de Ti, pensando qué podría darte yo a cambio de tan grande misericordia, de tan grande Don, porque si miro al frente o hacia mis lados, veo tu mano señorear sobre los peces del mar, sobre las aguas de los grandes mares, sobre los pájaros y las aves de los cielos, y sobre toda la naturaleza con todo el esplendor de sus cascadas, sus cataratas, sus flores, sus campos, y esas grandes montañas con sus cumbres eternas, que inspiran a pensar que allí en las grandes alturas, todo es blanco, puro, y de divinal admiración, y de nuevo intento contener mis lágrimas, pero tu misericordia y tu fidelidad, junto al sonido de tu canción, me hacen pensar que nada tiene sentido sin Ti, que todo te lo debemos a Ti, esta felicidad y esta alegría, que son el bálsamo de cada día, para superar toda adversidad, que nos quiere volver al mundo, de donde hemos salido, para ser fieles a Ti, para adorarte con todo el corazón en cada instante de nuestra vida, demostrando toda nuestra gratitud, por tu irrevocable e infinito amor y fidelidad, hacia nosotros tus hijos, tus pequeñitos, tus tórtolas, que tanto amas y cuidas por amor de tu Santo Nombre, los que recogiste desde tiempos antiguos para que sean un solo pueblo, Tu en nosotros y nosotros en Ti, como la gallina que junta y cuida a sus polluelos, como el Pastor que da su vida por sus ovejas, como el Rey de reyes, y Señor de señores, que habitas en las alturas de los cielos, y en el corazón de tus hijos, que atesoran tus enseñanzas, como el pan de cada día, como el maná que descendió del cielo, para darnos libertad y salud, y hacer de nosotros una esposa bien dispuesta y ataviada, que te esté esperando todos los días de nuestra vida, con la misma alegría y gozo, confesando a nuestro amado salvador, a todos los que aun no te conocen, para que a traves de nuestro testimonio, muchos puedan alcanzar la felicidad, el gozo y la salvación que solo Tu puedes garantizar, por medio de la fe, en tu obra redentora, ya que tu sangre preciosa nos limpia de todo pecado, nos anota en el libro de la vida y nos prepara un lugar en la casa del Padre, para estar todos juntos, por toda la eternidad, siendo Tu, el centro de toda adoración por los siglos de los siglos. Por eso lloro Señor, por la alegría que provoca Tu presencia Santa en mi vida, esa presencia que me abraza, me habla al corazón, y me dice tu eres mi hijo, mi linaje escogido, mi pueblo, mi nación santa, mi real sacerdocio, nunca te apartes de mí, y de mis palabras, porque Yo te elegí desde antes de la fundación del mundo, para que seas mi siervo, mi hijo, Yo estaré contigo y te guardaré dondequiera que vallas.  Y no te pongas triste pensando en lo que me puedes dar, porque ya me regalaste tu corazón, tu alegría, tu fe, tu gratitud, tu trabajo en mi obra, me regalaste todo lo que eres y todo lo que tienes, y eso es importante para mí. Hoy es tiempo de gozo, de reír y cantar alegres, porque mi bendición está garantizada, para todos los que han creído y me han recibido como salvador personal de sus vidas.  Yo estaré con vosotros, todos los días de vuestra vida y hasta el fin.  Los amo con Amor eterno. 

                                                                                   Te amo Señor mi Dios

Autor: Pablo E. Castillo
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