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Max y Mikaela

Max amaba profundamente a Mikaela, solo que no había descubierto cuán grande era el amor que sentía por ella, hasta que se vieron en peligro en medio de la calle.  Unos asaltantes amenazaban con quitarle la vida a Mikaela.  La tomaron en brazos, querían desfigurar su rostro y a Max lo tenían agarrado entre tres para herirlo.  Ambos lloraban preocupados el uno por el otro.  No emitían palabras y sin embargo mirándose a los ojos cada uno sabía lo que el otro le decía.  Max doblegó su orgullo, quería enfrentar a esos ladrones, pero sabía que la vida de Mikaela estaba en peligro y que era más valiosa que cualquier otra cosa.  Fue entonces cuando dejó de pelear por unos momentos, se arrodilló ante sus verdugos pidiendo clemencia.  No se sabe que fue lo que sucedió en ese momento, pero milagrosamente aquellos malos hombres, los soltaron, se fueron corriendo y los dejaron tirados en medio de la calle.  Mikaela abrazó con fuerzas a Max, Max se aferró fuertemente a ese abrazo, la correspondió y con un suspiro exclamó: ¡No me hubiera perdonado si algo malo le hubiera pasado a la mujer que amo!  Por tanto tiempo permanecí indiferente ante tu sonrisa, tu mirada, tus gestos de amor que gritaban que me amabas. Pensé ser incapaz de reciprocarte ese amor y hoy la vida me puso ante los ojos la respuesta.  Mikaela, tú eres a quien mi corazón ama, no sé cómo lo lograste, pero prendiste mi corazón y ya no es mío, ahora te pertenece solo a ti.  Tiene tu nombre, sus latidos son por ti.  Con la poca fuerza que tenían por el enfrentamiento y cubiertos de heridas, se sujetaron de la mano y se ayudaron a levantar.  Aquella noche ellos nunca la olvidarían, no solo por el mal suceso que les había acontecido, sino porque aquella noche sentaba un precedente, un antes y un después. No siempre el amor llega como lo pintan, no siempre se sienten mariposas en el estómago o estrellas cósmicas descender del cielo. A veces llega e interrumpe abruptamente como un terremoto y otras con la tranquilidad del tiempo.  Pero a veces ocurren sucesos sorpresivos e inesperados que estremecen los cimientos de tu interior, descubres la verdad que estaba guardada en tu alma y todo parece ser más claro que el agua. No dejes pasar un día de tu vida, sin regar las flores de tu jardín, sin sentir la llama del amor arder en tu corazón.  
Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para: www.brendalizaviles.com

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