miércoles, 4 de diciembre de 2013

Ser paciente cuesta pero tiene su recompensa






SER PACIENTE CUESTA PERO TIENE SU RECOMPENSA

Hace algunos días una amiga virtual me pidió que escribiera algo sobre esperar con paciencia.  Sinceramente, creo que a nadie le gusta esperar, porque la espera implica tiempo y desarrollar mucha paciencia.  Sin embargo, es la ley de la vida, pues para nacer tenemos que esperar 9 meses en el vientre de nuestras madres.  Hemos escuchado decir en innumerables ocasiones que todo tiene su tiempo y que las cosas buenas, toman su tiempo en llegar.  Pero cuando estamos ansiosos esperando, son tantas las palabras y los detalles que olvidamos.  Eso es debido a que nos desesperamos y la desesperación trae en ocasiones mucha tristeza, preocupación y frustración.  Por momentos se nos nubla el pensamiento.  

En tantas ocasiones hemos escuchado hablar de José el “soñador”, innumerables prédicas acerca de cómo llegó a ser gobernador de Egipto.  Reflexiones y mensajes inspiradores nos motivan a soñar en grande y seguir adelante.  Pero a veces se nos olvida el largo proceso de espera que tuvo que pasar José antes de llegar al lugar que había soñado.  Sufrió rechazo aún de sus propios hermanos, fue vendido, traicionado, tuvo que servir, fue acusado injustamente, ayudó y lo olvidaron por mucho tiempo.  Pero un detalle importante es que aunque le pasaron todas esas circunstancias dolorosas Jehová seguía estando con él.  Dios lo estaba fortaleciendo a través de esas cosas negativas que estaban ocurriendo en su vida y a su alrededor, porque lo bendeciría de una manera sorprendente.

El plan parecía estar fallando, aquel joven soñador, vio pasar muchos años de su vida en soledad.  Incidente tras incidente parecían alejarlo del propósito de Dios, sin embargo, cada día lo estaban acercando al cumplimiento profético de Dios para su vida.  ¿No te sientes a veces como una tortuga?  ¡Mientras todos van avanzando, corriendo como liebres y llegando a su meta, tú sientes que vas al paso de la tortuga o lo que es peor, casi parado!  ¡No parece haber movimiento en tu vida!  Y sufres, sufres mucho, pareces haber agotado todos tus recursos sin los resultados que esperabas.
El salmista David decía: “pacientemente esperé a Jehová y él se inclinó a mí y escucho mis ruegos”.  Y yo puedo asegurarte, no porque me lo han dicho, sino porque lo he experimentando en mi vida, que cuando Dios pareciera lejos es cuando más cerca está.  En mi vida he tenido que pasar procesos largos y dolorosos, lapsos desesperantes en que la noche ha sido tan oscura que parece que no amanecerá.  Pero Dios me ha sorprendido llevándome a otro nivel.  Fortaleciendo mi fe y dándome sabiduría para enfrentar las situaciones de la vida.  

Lentamente, pero con paso firme la tortuga del cuento llegó a su meta.  David recibió las respuestas que esperaba y José (creo que en el día que menos imaginó) fue llamado para acudir ante el faraón.  Dios había preparado el escenario adecuado, en el momento indicado y allí colocó a José para que se cumplieran aquellos sueños que alguna vez había soñado.  Sé que es difícil pedir que seas paciente, tú eres el que estás pasando por esta dura prueba, tú eres quien sientes que ya no podrás más.  Pero, con Dios por delante, vas a llegar a tu meta.  

Es tan curioso, porque la persona que me pidió que escribiera sobre este tema, tuvo que esperar por él unas dos semanas aproximadamente.  Mi intención era hacerlo el mismo día que lo solicitó, pero por esos misterios de Dios, no lo pude terminar hasta hoy.  Lo interesante del caso es que ya me escribió y en forma de broma me preguntaba si le quería dar una lección sobre la paciencia.  Sonreí porque justamente cuando terminé de leerla, sentí como una voz que habló a mi corazón y me pareció escuchar sonreír a Dios y decirle a esta hermosa jovencita: “hija mía si supieras que estoy contigo, mucho más cerca de lo que puedes imaginar, aguanta un poco más, que la paciencia trae buenos frutos”.

Así que amigo que me lees, cuando cocinamos algo sabroso, esa comida, antes de poder saborearla, requiere unos procesos.  Cuando hacemos cenas especiales, a veces estamos el día cocinando, solo para poder disfrutar de una significativa y deliciosa cena.  Pero, cuando la probamos, sabemos que valió la pena el trabajo que pasamos y la espera.  La recompensa fue poder disfrutar de tan exquisita cena.  Y así mismo pasa con las situaciones de la vida, muchas requieren de un gran trabajo y paciencia, pero cuando las alcanzamos, nuestra recompensa es saber que valió la pena la espera.

Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para: www.brendalizaviles.com