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Un Puente Hacia el Corazón






Un Puente Hacia el Corazón

            Dariel cada día colocó una piedra para un puente que la acercara hasta ella.  Lo cimentó con esperanza, fe, dedicación y amor.  Hasta que todo el camino que rodeaba al puente estaba lleno de flores. 

            Un día mientras Karesis atravesaba aquello que se había convertido en un puente, se dio cuenta de un detalle muy peculiar.  Tras todo ese tiempo que había pasado, mientras ella muchas veces intentaba atravesar un camino solitario e inseguro.  Sabiendo que se dirigía hacia un lugar totalmente desconocido donde tenía que labrar y encaminas sus pasos…  Descubrió que ella nunca había caminado sola.  Curiosamente, a su sombra, Dariel de manera silenciosa había estado acompañando y cuidando de ella.

            Cada piedra que ella hoy pisaba con firmeza  y que hacia su camino más llevadero, habían sido puestas allí con la sola idea de protegerla y de hacer que su aventura en esta vida fuera un poco más llevadera. 

Por unas horas meditó en las manos de Dariel.  Secas, callosas, muchas veces adoloridas, parecían hasta un poco bruscas y torpes.  ¡Cuántas ocasiones ella había caminado sin advertir que allí escondido, oculto y silente Dariel vigilaba desde lejos que nada malo le sucediera!  Ese hombre que cual guardián la había protegido sin siquiera decir una palabra o hacer alboroto diciendo que ahí estaba para llamar su atención.
Karesis pensó que ese puente construido lenta pero pacientemente le había llevado al lugar de dónde ella trataba de huir.  Su grande miedo al dolor de ser lastimada, la había llevado irónicamente a encontrar aquello de lo que por tanto tiempo había huido.  Dariel no solo había edificado un puente físico para que Karesis atravesara aquel camino cómodamente, sino que él también había construido un puente fuerte y seguro en el corazón de ella.  Había formado un lazo que de manera sutil lo vinculaba tiernamente hacia él.

Así que esa noche Karesis decidió sorprender a Dariel de una forma que él jamás hubiese imaginado.  Se dirigió hacia el puente innumerables veces atravesado y colocó muchas luciérnagas en frascos para que iluminaran el camino de aquel puente que estaba lleno de flores.  Puso también en muchas cajitas de cristal diferentes tipos de mariposas y para agregarle más romanticismo a la sorpresa que daría a Dariel, puso hermosas velas por todo el camino.  Al final del camino que terminaba el puente colocó un enorme corazón junto con una gran llave plateada.  Dejó una tarjeta frente a la puerta de la casa de Dariel citándolo para que estuviera a eso de las 11:30 pm frente a la tiendita donde siempre conversaban.  Luego se dirigió a su casa, se sentía algo nerviosa, expectante y emocionada.  Karesis quería arreglarse muy bonita para tan especial ocasión.  Quería verse encantadora y natural, así que escogió un vestido color blanco largo.  De esos que mientras caminas tienen un seductor compás y movimiento.  Soltó su cabello rojo lacio y lo adornó con una diadema de flores blancas.  Maquilló su cara de forma natural, pero atractiva.  Se perfumó con un aroma suave, pero que impregnaba y calzó sus pies con unos delicados zapatos de tacón y se fue para  la tiendita a la que había citado a Dariel.

Justo y puntualmente a las 11:30 de la noche, había llegado Dariel al punto de encuentro a donde le habían citado.  Con ojos intensos de color café, cabello un poco largo y rizado castaño, alto, acanelado y un tanto fuerte, se presentaba ante Karesis aquel varonil chico.  La miraba con ojos sorpresivos, llenos de curiosidad e interrogantes y con esa timidez que lo caracterizaba.  Inmediatamente Karesis tomó la venda que traía en sus manos, sonrío coquetamente y le dijo: “¡Caballero, usted por un rato estará secuestrado, tiene que dejarse llevar por mí!”  Dariel no pudo decir nada, solo sonrío y permitió que su secuestradora hiciera lo que quisiera.

Mientras caminaban, Dariel sentía cosquillas estremecer y danzar por todo su vientre.  Esa chica a la que amaba en silencio cada noche y cada minuto del día, había tomado sus manos y esa sensación, ese toque era maravilloso.  Aún se preguntaba si acaso estaba soñando o si era real lo que estaba sucediendo.  Karesis tomaba sus manos con delicadeza, pero a la vez le apretaba con algo de fuerza y esas manos él anhelaba que lo siguieran sosteniendo por toda la vida si era posible.

A eso de las 11:45 habían llegado al puente.  Aquella noche parecía mágica, sensacional e indescriptible.  El sonido de la naturaleza parecía estar en complicidad junto con el universo a favor de Karesis.  Ella comenzó a atravesar el puente, pero esta vez no estaba sola, en esta ocasión había unas manos que estaban sosteniéndola con confianza y ternura.  Había alguien que con sus ojos vendados estaba confiando en ella y que estaba dispuesto a acompañarla al fin del mundo si era necesario.  A las 12:00 de la madrugada, estaban justamente en el mismo centro del puente.  Karesis entonces se acercó al oído izquierdo de Dariel y le susurró: “¡Te tengo una sorpresa muchacho lindo!”  Entonces quitó la venda de los ojos de su preciado tesoro.

Cuando Dariel abrió sus ojos no parecía verdad lo que veían sus ojos.  ¡Estaba en ese puente tan familiar para él!  Ese puente que guardaba el secreto de sus sentimientos por Karesis, aquel puente que de alguna manera misteriosa la había acercado a ella de forma armoniosa y lenta.  Observó el puente totalmente adornado e iluminado con velas, frascos que contenían luciérnagas y mariposas que querían volar hacia su libertad.  Conmovido preguntó a Karesis qué significaba todo eso.  Sus ojos estaban llorosos, su cara sonrojada y su voz algo quebrada ante esa sorpresa.  Entonces Karesis respondió: “Mi largo camino comenzó cuando esto aún no era un puente, por lo cual fue aterradoramente oscuro y difícil atravesarlo cada día durante un tiempo.  Pero poco a poco, sin darme cuenta de los cambios que ocurrían, de las piedras que se iban agregando para que yo pudiera atravesar con menos dificultades este camino, he comprendido que tú en mi vida has sido algo así como las velas, las luciérnagas y las mariposas.
Comenzaste piedra por piedra, paciente e incondicionalmente a ayudarme a hacer un camino para facilitar mis pasos y mi sendero.  Cual luciérnaga, con tu pequeña pero preciosa luz me iluminaste cual sol radiante después de una larga y sombría noche, tu luz abordó mi ser.  Y así como una mariposa te acercaste con tus colores, pintaste mi existencia de lindos matices y me ayudaste a abrir mis alas que estaban cerradas, quebradas y lastimadas para que pudiera volver a volar libremente alrededor de un firmamento lleno de nuevos sueños y esperanzas.

Ambos siguieron caminando, atravesando el puente tomados de la mano, abriendo los frascos y cajas de cristal que contenían las luciérnagas y las mariposas, haciéndolas volar.   Y a eso de las 12:15 de la madrugada habían llegado hasta el final del camino.  Dariel vio un gran corazón y una gran llave y sorprendido volvió a preguntar: “¿y esto qué significa?  Emocionada pero muy sonriente.  Sintiéndose totalmente plena, confiada, segura.  Con una luna totalmente llena adornando el cielo e infinitas estrellas centelleantes de testigos Karesis respondió: “Aquel quien construyó delicadamente un puente hacia mi corazón, ese hombre que logró abrir las ventanas y puertas de mi alma, ese que eres tú Dariel, es quien merece tener la llave y la entrada total de mi corazón”.  Tímidamente ella rosó sus labios con los de él y en esa noche intensamente romántica, selló su declaración de amor con su primer beso que al principio fue tímido, pero que luego se convirtió en intenso.  Ahora Dariel y Karesis, unidos construirían y atravesarían cada día cualquier puente que la vida les presentará.

Autora: Brendaliz Avilés

Escrito Para: www.brendalizaviles.com

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