jueves, 19 de febrero de 2015

Relato Romántico: UN AMOR CONSCIENTE


Relato: Un Amor Consciente...

Sofía le preguntó a Derek: ¿Amarías este cuerpo con todas sus cicatrices?  Y mi alma,  ¿podrías amarla aunque ahora se encuentre llena de grietas?  Esta piel maltratada por el paso de los años en que te esperaba y no llegabas, ¿podrías acariciarla con sutileza?  ¿Serías paciente, tierno y delicado aun en mis momentos de rabietas o en aquellos episodios en los que me siento totalmente perdida como una niña y corro fatigada intentado escapar de mí misma?  ¿Seguirías sujetando mis manos, aun cuando haya momentos en que tal vez yo deje de sujetar las tuyas por confusiones o miedos?  ¿Podrías caminar a mi lado cuando sienta que me falten las fuerzas para seguir adelante luchando?

Entonces Derek la miró con ojos llenos de amor.  Tomó su mano y la colocó justo en el pecho de aquella mujer imperfecta que tanto amaba.  Ella no era la más bonita, ni la más inteligente y encima de eso, tenía un carácter a veces tempestuoso, pero él había aprendido a amarla más allá de sus faltas y carencias.  Ella era la mujer que lo llenaba, la que lo arrebataba por completo con sus besos y ternura.  La que enloquecida le hacía sentir las emociones más contradictorias pero a la vez plenas y bonitas.  La que aún si el no tuviera nada, lo hacía sentir repleto, colmado extasiado al punto de sentir que flotaba. 

Aquella mujer a la que en esos momentos observaba tan claramente.  A la que podía notarle algunas líneas de expresión cuando sonreía o lloraba.  Esa que no tenía del todo sus manos delicadas con una pedicura.  La que intentaba siempre estar arreglada para él, pero a veces igual se le despeinaba su cabellera o se le corría el maquillaje.  Aquella que cuando comía, era natural y no fingía estar a dieta.  Esa que a veces lo miraba fijamente queriéndole entregar todo y otras veces bajaba su mirada temiendo que él cambiara sus sentimientos hacia ella.  Derek la podía ver tan claramente y aun así sentía admiración y respeto, sabiendo que en su vida tenía una joya demasiado preciada. 

Aunque para el resto de las personas Sofía tan solo era una más.  Para él aquella mujer era la fuente de su alegría, el motivo por el cual seguía luchando cuando la vida era difícil y le daba golpes bajos.  Por eso el no sentía temor, sino que una calma, certidumbre y certeza, de que Sofía era la mujer de su vida.  Esa niña,  mujer coqueta,  traviesa, hambrienta de comerse la vida con sus ganas.   Esa cursi soñadora y a veces melancólica dama que gustaba de mirar por la noche la luna y las estrellas.  Ella era algo más que un instante, pero un instante a su lado se convertía en la vida entera.  Entonces, reflexivo, silencioso, con el corazón inundado de un sentimiento de sinceridad, la abrazó fuerte.  Luego con ternura beso sus manos y su frente y en ese momento se prometió a él mismo que estaría junto a Sofía todo el tiempo que le quedara de vida.  Que acariciaría su corazón y que a cada pregunta que esa noche desde su alma Sofía le había hecho, él más que contestarle o prometerle, trataría de demostrarle y comprobarle con sus actos y sus hechos cuánto él realmente la amaba.

Esa noche no hubo necesidad de que Derek y Sofía hablaran.  Aquel silencio, aquellas miradas, eran más sinceras que mil palabras o gestos, porque en ellas estaba envuelta la desnudez de sus corazones.  Porque ellos eran de esos seres que pueden entregarse en complicidad con el alma.  Y en la pureza de sus sentimientos no había máscaras porque con el corazón abierto ese amor era puro, sanador, milagroso.


Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para: www.brendalizaviles.com