domingo, 15 de marzo de 2015

Ellos Eran (Escrito Romántico)



Ellos Eran…

Ella era… (Punto de vista de él)

Ella era así: tempestuosa, como lluvia que azota y que no puedes impedir.  Como un rayo que te traspasa sin avisar.  Causaba fascinación el verla, observar cada uno de sus detalles cuidadosamente.  Provocaba esa mezcla de ternura y deseo.  ¡Querías tenerla, entregarte con el alma, poseerla!  Con frecuencia se colaba por las rendijas de mí ser y aunque quisiera pretender olvidarla no podía.  ¡Ella era una mujer que no podía ser ignorada!  Porque ella era magia y alegría.  ¡La mejor medicina sin duda!  Ella bailaba con el viento, coqueteaba con las cosas intangibles, era alocada y a la vez tan cuerda.  A veces tímida y otras tan atrayentemente atrevida.   Ella era enorme, inmensa, fascinante, desproporcionada a la hora de entregar y de amar, y eso me dejaba una fuerte impresión de quien era ella.  Porque se tatuaba y se apegaba a mí ser como una estampilla.  Me apoyaba y me arropaba en mi soledad.  No podía ser inadvertida, ella era una pieza única.  Inteligente, firme, persuasiva, dominante, convincente, sencilla pero a la vez tan elaborada.  Simplemente ella era una joya preciosa un milagro del Creador.

Él era… (Punto de vista de ella)

Él era fuerte como el sabor del café.  Que cuando lo pruebas sientes su aroma, su cuerpo, su calidez y lo degustas lentamente porque no quieres perderte el placer que te provoca.  Solía hacerme pensar en él con persistencia, aun cuando él lo desconocía.  Sus caricias tenían la textura del algodón y sus besos la dulzura del chocolate.  Cuando me abrazaba no pronunciaba palabras, pero a su vez lo decía todo.  Me hacía sentir totalmente rebasada, atrapada, protegida y amada.  Él con sus manos diseñaba un arte y me hacía pensar que yo era mariposa absolutamente renovada, libre, lista para emprender el vuelo hasta su corazón.  Él era el temblor en mis manos y el sonrojado de mis mejillas.  Era también el gemido que se escapaba en el deseo.  El magnetismo que me atraía, tras su mirada, tras sus atentas atenciones y palabras.  Él era la inspiración en mi poesía, las notas en mi música.  Un hombre caballeroso, sincero, tenía una mezcla de complicado y relajado.  Poseía una sensibilidad que pocos conocían y gustaba de mirar la luna y las estrellas así como yo también lo disfrutaba.

La realidad cuando estaban juntos…

Pero ellos juntos eran armonía, fusión, complemento.  Mar y arena, luna y estrellas.  Perfecta sincronía, cadencia, música, arte y poesía.  Eran el latido perfecto, la clave, el centro de un amor inmenso.  Eran los protagonistas de una historia que se escribía continuamente y que estaba llena de aventuras y emoción.  Ellos juntos eran un eclipse y un volcán.  Eran el hilo y la aguja que se entretejían para bordar.  El uno sin el otro funcionaba, pero no de la misma forma, porque juntos eran mejores.  Desconcertaban porque unidos eran maravillosos.  Eran el rompecabezas armado, una obra maestra perfecta, el arco iris luego de la lluvia.  Ellos simplemente eran corazones afines, conectados, alineados, diseñados, creados para estar el uno con el otro.

Autora: Brendaliz Avilés

Escrito Para: www.brendalizaviles.com