martes, 26 de abril de 2016

¡HABÍTAME SEÑOR!




¡Habítame Señor!

¡Habítame Señor!  Mi ser entero te da la bienvenida.  Ocupa mi corazón, anídate en cada rincón.  Aduéñate de cada parte, instálate aún en los lugares secretos de mi vida que yo desconozco.  Remueve los escombros del pasado y del dolor.  Limpia, purifica, desinfecta y desodoriza.  Pon en orden todo aquello que es necesario organizar en mi vida.  Quema los malos recuerdos, deshazte de la amargura.  Imprégname con el perfume de tu gracia redentora. 

¡Vive en mi Señor!  Resucita las partes que están secas o muriendo.  De cada célula, nervio y tejido toma el control.  Ocúpame por completo Señor, no quiero un espacio desierto.  ¡Llénalo todo Señor, inúndame por completo!  Hasta que solo seas tú y yo pueda reflejarte por completo.  Quiero de ti ser absoluta, yo te pertenezco y tú me perteneces.  Tú eres mío yo soy tuya.  Pues aún antes de yo poder comprenderlo, mi corazón te pertenecía.  Eres mi dueño, mi benefactor, la luz que guía mi sendero.

No puedo acudir a otras fuentes, tú eres el agua que me da vida.  Establécete en mí perpetua y soberanamente.  Mi alma, corazón, cuerpo, pensamientos y vida se rinden a tu disposición.  Quiero desembocar en el mar de tu presencia.  Esta es mi plegaria y canción.  ¡Tú eres el fuego de mi pasión!  Rindo mi voluntad, a ti yo estoy sujeta.  Sé eternamente el que fluye, dirige y llena la totalidad de mi vida.

Autora: Brendaliz Avilés