martes, 9 de marzo de 2010

SEAMOS MINISTROS COMPETENTES

Seamos Ministros Competentes

“Y tal confianza tenemos mediante Cristo para con Dios; no que seamos competentes por nosotros mismos para pensar algo como de nosotros mismos, sino que nuestra competencia proviene de Dios, el cual asimismo nos hizo ministros competentes de un nuevo pacto, no de la letra, sino del espíritu; porque la letra mata, mas el espíritu vivifica”. (2 Corintios 3:4-6)

Si hay alguien que fue sabio, que tuvo amplio conocimiento de la vida y de las cosas fue el proverbista Salomón. Salomón, hijo de David y rey de Israel dijo que: “el principio de la sabiduría es el temor a Jehová”. Y aunque este hombre tuvo un buen comienzo por cuanto había pedido a Dios sabiduría y buscaba Su presencia; no tuvo un final tan exitoso como se hubiera esperado, pues se duda de su salvación. Esto porque inclinó su corazón a las mujeres e hizo altares para dioses paganos. En el libro de Eclesiastés podemos observar un panorama de un hombre cansado de tanto análisis y hastiado de tantos placeres. Parece que olvidó que la fuente y el principio de todo conocimiento provienen de Dios cuando le buscamos.

Pablo, escribiendo su carta a los corintios, les habla sobre ser ministros de un nuevo pacto y ese nuevo pacto implica la gracia de Dios para salvación eterna por medio de nuestro Señor Jesucristo, quién nos reconcilió con nuestro Padre Celestial. Pero, ¿qué conlleva ser ministros? En este caso la palabra ministro significa: “persona que ejecuta las ordenes de otra”. Lo que quiere entonces decir que tenemos que obedecer y seguir al pie de la letra las instrucciones que Dios nos da y más aún, vivir conforme a Su voluntad. No es hacer lo que nos parezca, convenga o guste, sino que hay que estar dispuestos a morir a nuestro “yo” para que reine y se imponga Cristo.

Muchas personas piensan que porque tienen un amplio conocimiento en sus estudios seculares o académicos, o porque han leído la Biblia del Génesis al Apocalipsis y la saben de memoria, que están actos para esta competencia. ¿Cuántos teólogos herejes existen y se saben la Biblia de memoria más le falta la vivencia y la revelación de Dios a sus vidas? ¡Cuán equivocados están quienes piensan de esta manera! Porque el conocimiento, la inteligencia sin la sabiduría y la unción que provienen de Dios, es hueco, vacío, poco profundo, vano. Pero un ministro competente es alguien experto que conoce una disciplina (en este caso espiritual o divina). Es una persona capacitada y con aptitudes para poder ocuparse de esa disciplina y poseer aptitudes para poder ocuparse en ella. Cuando se tienen aptitudes implica que hay una capacidad y una buena disposición para ejercer o desempeñar una determinada tarea, función, misión, etc.

Ciertamente el conocimiento trae luz, autoridad, propiedad y poder. Pero nuestra misión más que nada e instruirnos para poder educar y traer a las almas al arrepentimiento y conocimiento de Cristo. No un conocimiento mero, sino que el Espíritu Santo nos va capacitando continuamente, día tras día, para que la Palabra tome forma y de vida a nuestro ser. Es un conocimiento que va más allá de la letra que mata, es un conocimiento del Espíritu Santo que nos hace ministros de un pacto que vivifica, produce cambios en nuestras vidas y comportamiento, nos renueva y nos hace crecer continuamente en la comprensión y el amor de Cristo.

AUTORA: Brendaliz Avilés


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