Algo importante que he aprendido en la vida es…
Que no siempre los más inteligentes son los que obtienen mejores calificaciones. Ni aquellos que parecían con más posibilidades o recursos son los que logran alcanzar sus objetivos. No siempre la gente más bella son aquellas que se ven más elegantes y bonitas. Que un bajo puede ser más alto que una persona con gran estatura.
He aprendido que no siempre las personas desean escuchar lo que les quieres decir. Que a veces piden consejos pero realmente lo que quieren es que les digas lo que ellos quieren escuchar.
Que por más que tratas de salvar a una persona y de que no cometas los mismos errores que cometiste, casi siempre aprenden por sus propias experiencias, cuando golpean contra su propia roca.
La vida nos sorprende demostrándonos que no siempre aquello que pensamos que será, es. Que esto no es del que más rápido corra, sino del que llegue al final de la meta.
Que no tienes que ir por la vida pisando a los demás para alcanzar lo que deseas, pero si necesitas mucha tenacidad, valentía, compromiso contigo mismo y tener limpia tu conciencia.
Que es importante cumplir con lo que prometes porque nuestras palabras valen mucho y deben ir acompañadas de lo que practicamos.
Ni son más brillantes ni llegan a lugares altos aquellos que abandonan por miedo o pereza a sus sueños. Que la fe es un motor que enciende el motor de nuestras vidas y nos ayuda a seguir luchando.
Que uno puede llegar a tener todas las posesiones del mundo, la fama y la gloria y si no tiene salud la vida será muy difícil.
Pero más importante aún que para que esta vida tenga un sentido completo debes tener a Jesús en tu corazón, debes amarlo y servirle no por obligación, sino porque verdaderamente estés convencido de que él es lo mejor que puede pasar en la vida de cualquier ser humano.
Porque tal vez te pueden faltar muchas cosas y personas, pero si tienes a Dios en tu vida, podrás aferrarte a él con fuerza y seguir encontrando fuerzas para seguir hacia adelante.
Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para: http://escritosdelsilencio.blogspot.com
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www.destellodesugloria.org
¡Bienvenidos! Este lugar ha sido diseñado con el propósito de bendecir, dar una palabra que estimule, restaure y aliente tu corazón. Que encuentres un mensaje de ánimo o una palabra de amor para compartir con otros. ¡Dios los Bendiga! Pido al Señor que de alguna manera toque tu corazón a través de esta página.
miércoles, 7 de abril de 2010
martes, 6 de abril de 2010
¡NO PUEDO DEJAR DE HACERLO!
¡No Puedo Dejar de Hacerlo!
“Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude. Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza. Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada”. (Jeremías 20:9-11).
La mañana de hoy en Puerto Rico está fría y nublada. En esta ocasión, estoy sentada en el comedor. No pensaba escribir porque estoy pasando una fuerte gripe, pero mi pasión por Dios me impulsa a no dejar de escribir. Tengo que hacer lo que mi Dios quiere que haga, tengo que seguir el dictado de lo que quiere ministrar a mi corazón y al de cada uno de los lectores.
Meditaba en que en la vida no siempre nos sentimos con la fortaleza suficiente para hacer las tareas que nos corresponden, pero aunque a veces pensamos en cómo lo iremos a hacer no podemos desistir ni dejar de realizar lo que tenemos que hacer. En este preciso momento pienso en el profeta Jeremías. ¡Cuántas veces quiso dejarlo todo, cuántas veces tuvo que sobreponerse a su dolor y a su frustración, cuántas veces quiso escapar! Pero él sentía una llama en su interior que no le permitía desertar. Jeremías experimentaba en medio de sus debilidades y congojas ese fuego del Espíritu Santo que no le permitía dejar de hacer lo que él sabía que tenía que hacer.
No podemos dejar que el enemigo tome ventaja de nuestras vidas y de nuestras circunstancias. El mensaje de Dios tiene que seguir propagándose, la obra de Dios no puede cesar ni estancarse. Tiene que fluir como el agua fresca. El dolor, la enfermedad, la tribulación o cualquier cosa que pueda venir a nuestras vidas, no pueden ser más fuerte que el poder y la fortaleza que Dios va a infundir sobre nosotros para hacer lo que tengamos que hacer. Tal vez esta gripe me tenga adolorida, pero eso pasará, me recuperaré pronto. Pero si yo dejo de escribir y alguien necesita leer o escuchar este mensaje y yo no lo hago; ese momento lo habré perdido o dejado pasar. Y sinceramente yo no quiero que pase eso, me siento muy responsable y comprometida con Dios.
Por eso te digo hoy querido hermano, no puedes dejar de hacer lo que sabes que tienes que hacer. No es que seamos indispensables, pero si somos necesarios. La ofrenda que quiero presentarle al Señor no se la puede dar otro, tengo que dársela yo. Puede que hoy no escriba mi mejor escrito, pero no cesaré de trabajar y hacer lo que tenga que realizar porque sé que Dios perfeccionará la obra y mirará el esfuerzo que tú y yo hagamos para mantenernos impulsados hacia adelante.
Han sido tantas las ocasiones en que yo he sentido ese mismo fuego que sentía Jeremías, arder en mi corazón. Esa llama que permite que aceptes la voluntad de Dios aunque muchas veces no entiendas lo qué está pasando. Ese fuego que limpia, purifica y quema todo aquello que nos impide estar cerca de nuestro Padre Celestial. Es ese trato tan directo de Dios personalmente con mi vida, haciéndome sentir que él todavía sigue estando ahí y que es más grande que cualquier cosa. Que te recuerda que él sigue teniendo el control absoluto de todo. Que te trae a la memoria el pacto que hiciste con él de no dejarlo nunca y de seguir siempre Su voluntad y Sus designios independientemente de cómo te sintieras.
Y al terminar estas letras, puedo aunque cansada, sentir esa paz tan sublime que me hace experimentar seguridad de que no he dejado de hacer la parte que me corresponde a mí. Puedo sentir como Dios sonríe al saber que me basta su gracia y que su poder se sigue perfeccionando a través de mis debilidades. Y eso mi amado hermano, es una sensación maravillosa que nada ni nadie en el mundo te la pueden quitar. Por tanto, vale la pena esforzarte, vale la pena que camines la milla extra. Estoy consciente de que tal vez este no sea el mejor momento que estén pasando algunos de ustedes, pero seguramente esa llama del Espíritu Santo, está ardiendo sobre ustedes y convenciéndoles de que no pueden dejar de hacer aquella tarea o misión que les fue encomendada no por ningún hombre, sino por Dios.
Querido Dios: Hoy me presento ante ti con la absoluta confianza y seguridad de que estás fortaleciéndome en medio de mis debilidades, problemas y enfermedades. Que aunque mi cuerpo se siente agotado, mi espíritu sigue dispuesto a hacer la tarea que me fue encomendada. Gracias por que tu fuego santo arde en mi interior y me infunde nuevos alientos. Padre así como tu Espíritu constantemente me renueva te pido que con tu amor celestial y tu llama divina impartas nuevos alientos a todas esas vidas que en este momento necesitan una intervención tuya. Que aquellos que han sentido el deseo de rendirse, puedan encontrar en estas palabras, pero sobre todo en tus promesas, las fuerzas suficientes para continuar adelante. Amén.
Autora: Brendaliz Avilés
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“Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude. Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza. Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada”. (Jeremías 20:9-11).
La mañana de hoy en Puerto Rico está fría y nublada. En esta ocasión, estoy sentada en el comedor. No pensaba escribir porque estoy pasando una fuerte gripe, pero mi pasión por Dios me impulsa a no dejar de escribir. Tengo que hacer lo que mi Dios quiere que haga, tengo que seguir el dictado de lo que quiere ministrar a mi corazón y al de cada uno de los lectores.
Meditaba en que en la vida no siempre nos sentimos con la fortaleza suficiente para hacer las tareas que nos corresponden, pero aunque a veces pensamos en cómo lo iremos a hacer no podemos desistir ni dejar de realizar lo que tenemos que hacer. En este preciso momento pienso en el profeta Jeremías. ¡Cuántas veces quiso dejarlo todo, cuántas veces tuvo que sobreponerse a su dolor y a su frustración, cuántas veces quiso escapar! Pero él sentía una llama en su interior que no le permitía desertar. Jeremías experimentaba en medio de sus debilidades y congojas ese fuego del Espíritu Santo que no le permitía dejar de hacer lo que él sabía que tenía que hacer.
No podemos dejar que el enemigo tome ventaja de nuestras vidas y de nuestras circunstancias. El mensaje de Dios tiene que seguir propagándose, la obra de Dios no puede cesar ni estancarse. Tiene que fluir como el agua fresca. El dolor, la enfermedad, la tribulación o cualquier cosa que pueda venir a nuestras vidas, no pueden ser más fuerte que el poder y la fortaleza que Dios va a infundir sobre nosotros para hacer lo que tengamos que hacer. Tal vez esta gripe me tenga adolorida, pero eso pasará, me recuperaré pronto. Pero si yo dejo de escribir y alguien necesita leer o escuchar este mensaje y yo no lo hago; ese momento lo habré perdido o dejado pasar. Y sinceramente yo no quiero que pase eso, me siento muy responsable y comprometida con Dios.
Por eso te digo hoy querido hermano, no puedes dejar de hacer lo que sabes que tienes que hacer. No es que seamos indispensables, pero si somos necesarios. La ofrenda que quiero presentarle al Señor no se la puede dar otro, tengo que dársela yo. Puede que hoy no escriba mi mejor escrito, pero no cesaré de trabajar y hacer lo que tenga que realizar porque sé que Dios perfeccionará la obra y mirará el esfuerzo que tú y yo hagamos para mantenernos impulsados hacia adelante.
Han sido tantas las ocasiones en que yo he sentido ese mismo fuego que sentía Jeremías, arder en mi corazón. Esa llama que permite que aceptes la voluntad de Dios aunque muchas veces no entiendas lo qué está pasando. Ese fuego que limpia, purifica y quema todo aquello que nos impide estar cerca de nuestro Padre Celestial. Es ese trato tan directo de Dios personalmente con mi vida, haciéndome sentir que él todavía sigue estando ahí y que es más grande que cualquier cosa. Que te recuerda que él sigue teniendo el control absoluto de todo. Que te trae a la memoria el pacto que hiciste con él de no dejarlo nunca y de seguir siempre Su voluntad y Sus designios independientemente de cómo te sintieras.
Y al terminar estas letras, puedo aunque cansada, sentir esa paz tan sublime que me hace experimentar seguridad de que no he dejado de hacer la parte que me corresponde a mí. Puedo sentir como Dios sonríe al saber que me basta su gracia y que su poder se sigue perfeccionando a través de mis debilidades. Y eso mi amado hermano, es una sensación maravillosa que nada ni nadie en el mundo te la pueden quitar. Por tanto, vale la pena esforzarte, vale la pena que camines la milla extra. Estoy consciente de que tal vez este no sea el mejor momento que estén pasando algunos de ustedes, pero seguramente esa llama del Espíritu Santo, está ardiendo sobre ustedes y convenciéndoles de que no pueden dejar de hacer aquella tarea o misión que les fue encomendada no por ningún hombre, sino por Dios.
Querido Dios: Hoy me presento ante ti con la absoluta confianza y seguridad de que estás fortaleciéndome en medio de mis debilidades, problemas y enfermedades. Que aunque mi cuerpo se siente agotado, mi espíritu sigue dispuesto a hacer la tarea que me fue encomendada. Gracias por que tu fuego santo arde en mi interior y me infunde nuevos alientos. Padre así como tu Espíritu constantemente me renueva te pido que con tu amor celestial y tu llama divina impartas nuevos alientos a todas esas vidas que en este momento necesitan una intervención tuya. Que aquellos que han sentido el deseo de rendirse, puedan encontrar en estas palabras, pero sobre todo en tus promesas, las fuerzas suficientes para continuar adelante. Amén.
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martes, 30 de marzo de 2010
ÉL NUNCA DEJA SU OBRA INCONCLUSA
Él Nunca Deja Su Obra Inconclusa
¿Deja un artista su obra inconclusa? ¿Traza sus líneas sin saber lo que va a hacer? ¿Acaso desconoce el fin en que ha de terminar lo que realiza? Él conoce lo que va a hacer aunque nosotros que somos la obra de nuestro Creador, desconozcamos muchos de sus planes y propósitos. Dios nunca termina de trabajar en nuestras vidas, siempre tiene nuevos retoques y matices que perfeccionan lo que somos.
Pero cuántas veces hemos estado tan perturbados y confundidos ante el dolor y la injusticia que exclamamos como Job: “¡Ya estoy harto de esta vida!”. Y como él damos rienda suelta a nuestra queja y desahogamos la amargura de nuestras almas. Es tan inexplicable la forma en que Dios opera en nuestras vidas. Pensamos ante la prueba que Dios no terminará o cumplirá aquello que nos ha prometido. Nos agitamos y echamos a perder nuestra vasija, agrietándola. Entonces Dios con su paciencia y amor tiene que rompernos y volver a comenzar el proceso.
En la oscuridad se nos hace difícil recordar las palabras que Dios nos dijo cuando todo era brillante. Sin querer o percatarnos minimizamos su Omnipotencia. En las noches largas, cuando todo a nuestro alrededor es caos y desorden, pensamos que las sombras se quedarán por siempre. Buscamos explicaciones, algo que justifique el por qué de eso que estamos viviendo. Y al no encontrar respuestas en nuestras mentes, creemos que estamos siendo castigados o lo que es peor que hemos sido olvidados por nuestro Creador.
Parece que se nos olvida que Job aunque las pasó bien difíciles, tuvo su momento de restitución. Que llegó el día en que todo lo que el enemigo le arrebató, Dios se lo devolvió con intereses. Job fue bendecido mucho más de lo que había sido anteriormente. Se nos olvida que después del llanto, vienen las sonrisas; que tras la noche vuelve a salir el día. Que tras el lamento, viene el baile y el gozo. Que llega el momento en que la obra es develada y es expuesta su belleza ante todo el público o audiencia. Que cuando esa obra aguanta y resiste todo lo que el gran Artista quiere hacer en ella, se convierte en una obra bella, especial, grandiosa. Todos sorprendidos admiran lo que ella es, finalizada. Todos desconocen el proceso al que fue expuesta, pero pueden reconocer y admirar el resultado.
Por eso, por más hondo y profundo que sea tu dolor. Por fuerte que haya sido la caída causada por la herida, debes recordar que Dios no ha terminado contigo ni tampoco conmigo. Que él te levantará, que te infundirá vigor y gracia. Él nunca se olvida de nosotros, porque su amor es incondicional y profundo. Aguarda tu momento con paciencia y perseverancia, pero mientras esperas, ¡no te rindas! ¡Sigue luchando, sigue creyendo!
Job no lograba entender cómo de la noche a la mañana a su vida había llegado tanta catástrofe; pero su amor hacia Dios siempre fue sincero. Pasó por el valle de las sombras y de la muerte, pero mientras lo atravesaba Dios iba justo a su lado, jamás lo abandonó. Lo ayudó a atravesar el túnel de la desesperación y de la oscuridad. Lo recompensó, lo auxilió y en sus momentos más desesperantes le dio las fuerzas para resistir el dolor tan grande que experimentaba. Lo ayudó a descubrir que había un propósito superior y a poder conocerlo más íntimamente. Porque esas experiencias que marcaron a Job lo hicieron madurar tan profundamente y le hicieron crecer espiritualmente y darse cuenta de que aunque él había amado y servido a Dios, tras su experiencia sus ojos habían podido percibir su grandeza y su boca testificar Sus proezas. Job aprendió a no depender de lo que estaba enfrente de sus ojos, sino a confiar aunque no tuviera la más mínima idea de lo que estaba sucediendo a su alrededor, porque sabía que Dios nunca lo desampararía.
Por eso, hermanos queridos, te invito a que respires profundo. Aspira la paz que Cristo quiere soplar sobre tu vida. Es una paz que sobrepasa todo entendimiento y que vuela por encima de la tempestad. Es un amor que excede y se sobrepone a todo. Ahora, calmadamente, abre tus brazos y deja que Él te inunde con su amor. Permanece quieto y confiado porque Dios nunca deja su obra inconclusa.
Autora: Brendaliz Avilés
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¿Deja un artista su obra inconclusa? ¿Traza sus líneas sin saber lo que va a hacer? ¿Acaso desconoce el fin en que ha de terminar lo que realiza? Él conoce lo que va a hacer aunque nosotros que somos la obra de nuestro Creador, desconozcamos muchos de sus planes y propósitos. Dios nunca termina de trabajar en nuestras vidas, siempre tiene nuevos retoques y matices que perfeccionan lo que somos.
Pero cuántas veces hemos estado tan perturbados y confundidos ante el dolor y la injusticia que exclamamos como Job: “¡Ya estoy harto de esta vida!”. Y como él damos rienda suelta a nuestra queja y desahogamos la amargura de nuestras almas. Es tan inexplicable la forma en que Dios opera en nuestras vidas. Pensamos ante la prueba que Dios no terminará o cumplirá aquello que nos ha prometido. Nos agitamos y echamos a perder nuestra vasija, agrietándola. Entonces Dios con su paciencia y amor tiene que rompernos y volver a comenzar el proceso.
En la oscuridad se nos hace difícil recordar las palabras que Dios nos dijo cuando todo era brillante. Sin querer o percatarnos minimizamos su Omnipotencia. En las noches largas, cuando todo a nuestro alrededor es caos y desorden, pensamos que las sombras se quedarán por siempre. Buscamos explicaciones, algo que justifique el por qué de eso que estamos viviendo. Y al no encontrar respuestas en nuestras mentes, creemos que estamos siendo castigados o lo que es peor que hemos sido olvidados por nuestro Creador.
Parece que se nos olvida que Job aunque las pasó bien difíciles, tuvo su momento de restitución. Que llegó el día en que todo lo que el enemigo le arrebató, Dios se lo devolvió con intereses. Job fue bendecido mucho más de lo que había sido anteriormente. Se nos olvida que después del llanto, vienen las sonrisas; que tras la noche vuelve a salir el día. Que tras el lamento, viene el baile y el gozo. Que llega el momento en que la obra es develada y es expuesta su belleza ante todo el público o audiencia. Que cuando esa obra aguanta y resiste todo lo que el gran Artista quiere hacer en ella, se convierte en una obra bella, especial, grandiosa. Todos sorprendidos admiran lo que ella es, finalizada. Todos desconocen el proceso al que fue expuesta, pero pueden reconocer y admirar el resultado.
Por eso, por más hondo y profundo que sea tu dolor. Por fuerte que haya sido la caída causada por la herida, debes recordar que Dios no ha terminado contigo ni tampoco conmigo. Que él te levantará, que te infundirá vigor y gracia. Él nunca se olvida de nosotros, porque su amor es incondicional y profundo. Aguarda tu momento con paciencia y perseverancia, pero mientras esperas, ¡no te rindas! ¡Sigue luchando, sigue creyendo!
Job no lograba entender cómo de la noche a la mañana a su vida había llegado tanta catástrofe; pero su amor hacia Dios siempre fue sincero. Pasó por el valle de las sombras y de la muerte, pero mientras lo atravesaba Dios iba justo a su lado, jamás lo abandonó. Lo ayudó a atravesar el túnel de la desesperación y de la oscuridad. Lo recompensó, lo auxilió y en sus momentos más desesperantes le dio las fuerzas para resistir el dolor tan grande que experimentaba. Lo ayudó a descubrir que había un propósito superior y a poder conocerlo más íntimamente. Porque esas experiencias que marcaron a Job lo hicieron madurar tan profundamente y le hicieron crecer espiritualmente y darse cuenta de que aunque él había amado y servido a Dios, tras su experiencia sus ojos habían podido percibir su grandeza y su boca testificar Sus proezas. Job aprendió a no depender de lo que estaba enfrente de sus ojos, sino a confiar aunque no tuviera la más mínima idea de lo que estaba sucediendo a su alrededor, porque sabía que Dios nunca lo desampararía.
Por eso, hermanos queridos, te invito a que respires profundo. Aspira la paz que Cristo quiere soplar sobre tu vida. Es una paz que sobrepasa todo entendimiento y que vuela por encima de la tempestad. Es un amor que excede y se sobrepone a todo. Ahora, calmadamente, abre tus brazos y deja que Él te inunde con su amor. Permanece quieto y confiado porque Dios nunca deja su obra inconclusa.
Autora: Brendaliz Avilés
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lunes, 29 de marzo de 2010
UN REGALO PARA MI DIOS

Un Regalo Para Mi Dios
Si te consideras una persona que tiene la cualidad de ser detallista, imagino entonces que tomas tiempo para conocer los gustos de esas personas cercanas a ti que te rodean. Cuado vas a regalar algo, ¿tomas tiempo para escoger algo que pueda ser del agrado de quien lo va a recibir? ¿Lo haces con intención de realmente sorprender y causar un momento de felicidad o quizás por salir del paso?
Un día observé a mi hermana comprando un regalo de un precio más alto al que se había fijado en un sorteo. Inmediatamente le pregunté a qué se debía que hiciera eso. Su respuesta fue sencilla, pero acertada: “porque que uno no debe regalar lo que a uno no le gustaría que alguien le regale. Porque si yo fuera esa persona me gustaría que me regalaran algo que me guste”.
Pienso que si nos esforzamos por tratar obsequiar y de brindar los mejor de nosotros a los demás, ¡cuánta más dedicación debemos poner en las cosas y en los regalos que ofreceremos a nuestro Dios. ¿Qué tiempo de nuestras vidas estamos invirtiendo en conocer Su voluntad y estar en Su presencia? ¿Estamos ofreciéndole lo mejor de nuestra existencia o solo el tiempo que nos sobra? Cuando vamos ante su presencia, ¿con qué nos presentamos ante él? ¿Hay un genuino agradecimiento y un vivo interés por conocer las cosas que agradan y hacen feliz a nuestro Rey?
La excelencia hace la diferencia. Cuando conocemos a alguien y nos relacionamos, se va estableciendo una especie de intimidad y vínculo que permite que hagamos lo mejor por ella. Yo quiero regalarle a mi Dios lo mejor de mi tiempo y mis días. Mi juventud, todas mis energías, colocar en sus manos mis talentos, mi pasión y devoción. Quiero que él sonría al mirarme, que sienta orgullo por mí. Quiero entonarle mi mejor canción, dedicarle mis mejores letras. Quiero imprimirle calidad a cada cosa que haga para su gloria. Quiero sellarlo con amor, con el amor más genuino que él hace que de mi corazón brote.
¡Oh Señor en mi alma están escritas tus palabras!
En tu silencio más me convenzo de que cerca estás.
Mi amor por ti cada día es más profundo e intenso.
Por eso quiero regalarte lo mejor de mí.
Recibe cada cosa que yo haga con agrado.
Sale de un corazón dispuesto y sincero.
No hay nada que yo pueda hacer si tú me faltas.
Por eso quiero vivir cerca de ti.
Impregna en mi vida tu esencia,
graba en mi corazón tu voluntad.
Sopla sobre mí ser tu aliento.
Recibe mi alabanza y mi adoración plena.
Son para ti todos mis dones y talentos.
Autora: Brendaliz Avilés
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Si te consideras una persona que tiene la cualidad de ser detallista, imagino entonces que tomas tiempo para conocer los gustos de esas personas cercanas a ti que te rodean. Cuado vas a regalar algo, ¿tomas tiempo para escoger algo que pueda ser del agrado de quien lo va a recibir? ¿Lo haces con intención de realmente sorprender y causar un momento de felicidad o quizás por salir del paso?
Un día observé a mi hermana comprando un regalo de un precio más alto al que se había fijado en un sorteo. Inmediatamente le pregunté a qué se debía que hiciera eso. Su respuesta fue sencilla, pero acertada: “porque que uno no debe regalar lo que a uno no le gustaría que alguien le regale. Porque si yo fuera esa persona me gustaría que me regalaran algo que me guste”.
Pienso que si nos esforzamos por tratar obsequiar y de brindar los mejor de nosotros a los demás, ¡cuánta más dedicación debemos poner en las cosas y en los regalos que ofreceremos a nuestro Dios. ¿Qué tiempo de nuestras vidas estamos invirtiendo en conocer Su voluntad y estar en Su presencia? ¿Estamos ofreciéndole lo mejor de nuestra existencia o solo el tiempo que nos sobra? Cuando vamos ante su presencia, ¿con qué nos presentamos ante él? ¿Hay un genuino agradecimiento y un vivo interés por conocer las cosas que agradan y hacen feliz a nuestro Rey?
La excelencia hace la diferencia. Cuando conocemos a alguien y nos relacionamos, se va estableciendo una especie de intimidad y vínculo que permite que hagamos lo mejor por ella. Yo quiero regalarle a mi Dios lo mejor de mi tiempo y mis días. Mi juventud, todas mis energías, colocar en sus manos mis talentos, mi pasión y devoción. Quiero que él sonría al mirarme, que sienta orgullo por mí. Quiero entonarle mi mejor canción, dedicarle mis mejores letras. Quiero imprimirle calidad a cada cosa que haga para su gloria. Quiero sellarlo con amor, con el amor más genuino que él hace que de mi corazón brote.
¡Oh Señor en mi alma están escritas tus palabras!
En tu silencio más me convenzo de que cerca estás.
Mi amor por ti cada día es más profundo e intenso.
Por eso quiero regalarte lo mejor de mí.
Recibe cada cosa que yo haga con agrado.
Sale de un corazón dispuesto y sincero.
No hay nada que yo pueda hacer si tú me faltas.
Por eso quiero vivir cerca de ti.
Impregna en mi vida tu esencia,
graba en mi corazón tu voluntad.
Sopla sobre mí ser tu aliento.
Recibe mi alabanza y mi adoración plena.
Son para ti todos mis dones y talentos.
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sábado, 27 de marzo de 2010
DIOS: ¡ENSÉÑAME A VIVIR MIS DÍAS!

Dios: ¡Enséñame a Vivir mis Días!
“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría”. (Salmos 90:12)
Lo que queda en nosotros son los instantes rescatados que llamamos recuerdos. Lo que nuestra mente logra capturar con fragilidad y emoción son aquellas cosas que vivimos intensamente. Quedan impregnados en nuestro ser las marcas de las experiencias que nos han hecho crecer. Somos un conglomerado de nuestras vivencias, somos marcados por todo lo que recibimos en nuestro espacio exterior.
Creo que todas esas personas que escribieron los Salmos eran inteligentes y sensibles. Eran personas receptivas a lo que pasaba en su interior y a lo que les rodeaba. Pero David expresa una petición a Dios a través de este versículo que he utilizado para iniciar este devocional. Pide al Padre Celestial que le enseñé no tan solamente a él sino a todos los seres humanos a contar los días que vivimos de tal modo que traigamos al corazón sabiduría. Dios nos enseña, pero nosotros tenemos que estar receptivos a todo aquello que él nos quiere enseñar. Y para aprender tenemos que poner atención, cuidado Y practicar lo que aprendemos.
Debemos permitir que las experiencias nos maduren. No debemos pasar nuestros días desapercibidos. Cada día que inicia nos da la oportunidad de una nueva oportunidad y hay que disfrutarlo porque es Dios quien nos lo regala. Cuando uno va viviéndola, disfrutándola y percibiéndola, uno crece como persona y como ser humano. Nos llenamos de conocimiento, de cosas que necesitamos saber y que con el tiempo van trayendo a nuestras vidas sabiduría. El secreto no reside en tener muchos años, es en cómo se vive esos años que Dios le regala a uno. Lo que uno hace con esa vida
que Dios nos obsequia, las huellas que se dejan en los corazones de los demás, el trabajo que realizamos a favor de un mundo mejor.
Te invito a que reflexiones sobre cómo estás llevando tu vida y si está valiendo la pena lo que haces, si le encuentras sentido y amas cada instante que Dios te regala. Si quieres, puedes repetir esta oración: “Señor, a través del tiempo he aprendido que tu deseas que yo disfrute de cada instante que me has regalado y permitido respirar. A veces hay días que los siento como un desafío, días en los que pienso que sería mejor si no existiera. Pero luego viene a mi mente tú cálido y sabio consejo y recuerdo que tú has de ayudarme a vivir un día a la vez. Por eso hago mías las palabras del salmista, ayúdame y enséñame a vivir mis días de tal modo que cada día aprenda cosas nuevas. De modo que cuando llegue el momento de partir pueda sentirme satisfecha con la manera en que viví”.
Autora: Brendaliz Avilés
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“Enséñanos de tal modo a contar nuestros días, Que traigamos al corazón sabiduría”. (Salmos 90:12)
Lo que queda en nosotros son los instantes rescatados que llamamos recuerdos. Lo que nuestra mente logra capturar con fragilidad y emoción son aquellas cosas que vivimos intensamente. Quedan impregnados en nuestro ser las marcas de las experiencias que nos han hecho crecer. Somos un conglomerado de nuestras vivencias, somos marcados por todo lo que recibimos en nuestro espacio exterior.
Creo que todas esas personas que escribieron los Salmos eran inteligentes y sensibles. Eran personas receptivas a lo que pasaba en su interior y a lo que les rodeaba. Pero David expresa una petición a Dios a través de este versículo que he utilizado para iniciar este devocional. Pide al Padre Celestial que le enseñé no tan solamente a él sino a todos los seres humanos a contar los días que vivimos de tal modo que traigamos al corazón sabiduría. Dios nos enseña, pero nosotros tenemos que estar receptivos a todo aquello que él nos quiere enseñar. Y para aprender tenemos que poner atención, cuidado Y practicar lo que aprendemos.
Debemos permitir que las experiencias nos maduren. No debemos pasar nuestros días desapercibidos. Cada día que inicia nos da la oportunidad de una nueva oportunidad y hay que disfrutarlo porque es Dios quien nos lo regala. Cuando uno va viviéndola, disfrutándola y percibiéndola, uno crece como persona y como ser humano. Nos llenamos de conocimiento, de cosas que necesitamos saber y que con el tiempo van trayendo a nuestras vidas sabiduría. El secreto no reside en tener muchos años, es en cómo se vive esos años que Dios le regala a uno. Lo que uno hace con esa vida
que Dios nos obsequia, las huellas que se dejan en los corazones de los demás, el trabajo que realizamos a favor de un mundo mejor.
Te invito a que reflexiones sobre cómo estás llevando tu vida y si está valiendo la pena lo que haces, si le encuentras sentido y amas cada instante que Dios te regala. Si quieres, puedes repetir esta oración: “Señor, a través del tiempo he aprendido que tu deseas que yo disfrute de cada instante que me has regalado y permitido respirar. A veces hay días que los siento como un desafío, días en los que pienso que sería mejor si no existiera. Pero luego viene a mi mente tú cálido y sabio consejo y recuerdo que tú has de ayudarme a vivir un día a la vez. Por eso hago mías las palabras del salmista, ayúdame y enséñame a vivir mis días de tal modo que cada día aprenda cosas nuevas. De modo que cuando llegue el momento de partir pueda sentirme satisfecha con la manera en que viví”.
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jueves, 25 de marzo de 2010
EL SECRETO CONSISTE EN ANDAR CON JESÚS

El Secreto Consiste en Andar con Dios
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. (San Juan 15:5)
Son demasiadas las veces en que queremos desgastarnos y hacer mucho a favor del reino de Dios. Y que sintamos esa pasión y deseo es algo maravilloso, porque Dios nos llama a hacer todo lo que este a nuestro alcance como si fuera para él. Pero con demasiada frecuencia nos concentramos tanto en aquellas tareas y proyectos que queremos realizar, que si nos olvidamos por un momento de la clave, que consiste en estar conectados y bien relacionados con Dios, fallaremos.
Es vital y demasiado importante tener comunión con nuestro Señor. Porque de esa comunión que tengamos con él dependerá que todas las demás cosas comiencen a fluir bien. Cuando tenemos un vínculo estrecho con nuestro Creador, vienen pruebas que intentan separarnos de su presencia y de su amor. Pero si ese lazo esta bien atado a Dios, difícilmente el enemigo podrá desatarlo. Si estamos sujetos y asidos de su mano, todo lo malo que nos rodea e intenta dañar, tendrá que irse.
Cuántos ministerios y líderes se han destruido o han tenido que levantarse de una fuerte caída porque en algún momento han querido hacer mucho para Dios pero se han desconectado de su presencia. Se les va el tiempo en tantas cosas, que dejan de orar y leer la Biblia. Enoc vivió una vida agarrado de Dios, Job pudo resistir la dura prueba que atravesó porque conversaba con Dios. Y Moisés fue un ser humano que vivió rodeado de la presencia de Dios de tal manera que Dios conversaba con él directamente. Él pudo escuchar audiblemente la voz de Dios. Camino por el desierto la mayor parte de su vida, pero él sabía que no iba solo, sabía que Jesús iba en frente de él guiándolo y dirigiéndolo. Él único que pudo ayudar a Moisés a resistir la presión de dirigir a un pueblo tan rebelde y ambivalente como el pueblo de Israel, fue Dios, mediante ese trato personal que tenía con él.
Separados de Dios nada podemos hacer. Nuestros esfuerzos se vuelven inútiles cuando nos olvidamos de que todo lo que hacemos gira en torno a ese amor y comunicación que tenemos con Dios. Él es quien nos da la sabiduría para equilibrar nuestro tiempo, nuestras vidas y que todo lo podamos hacer en un balance donde todo pueda fluir en armonía. Donde haya tiempo para hacer las cosas que competen al reino de Dios, pero donde haya tiempo para la familia, los amigos, nosotros mismos y todo lo demás.
Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para: http://escritosdelsilencio.blogspot.com
www.devocionaldiario.com
www.destellodesugloria.org
“Yo soy la vid, vosotros los pámpanos; el que permanece en mí, y yo en él, éste lleva mucho fruto; porque separados de mí nada podéis hacer”. (San Juan 15:5)
Son demasiadas las veces en que queremos desgastarnos y hacer mucho a favor del reino de Dios. Y que sintamos esa pasión y deseo es algo maravilloso, porque Dios nos llama a hacer todo lo que este a nuestro alcance como si fuera para él. Pero con demasiada frecuencia nos concentramos tanto en aquellas tareas y proyectos que queremos realizar, que si nos olvidamos por un momento de la clave, que consiste en estar conectados y bien relacionados con Dios, fallaremos.
Es vital y demasiado importante tener comunión con nuestro Señor. Porque de esa comunión que tengamos con él dependerá que todas las demás cosas comiencen a fluir bien. Cuando tenemos un vínculo estrecho con nuestro Creador, vienen pruebas que intentan separarnos de su presencia y de su amor. Pero si ese lazo esta bien atado a Dios, difícilmente el enemigo podrá desatarlo. Si estamos sujetos y asidos de su mano, todo lo malo que nos rodea e intenta dañar, tendrá que irse.
Cuántos ministerios y líderes se han destruido o han tenido que levantarse de una fuerte caída porque en algún momento han querido hacer mucho para Dios pero se han desconectado de su presencia. Se les va el tiempo en tantas cosas, que dejan de orar y leer la Biblia. Enoc vivió una vida agarrado de Dios, Job pudo resistir la dura prueba que atravesó porque conversaba con Dios. Y Moisés fue un ser humano que vivió rodeado de la presencia de Dios de tal manera que Dios conversaba con él directamente. Él pudo escuchar audiblemente la voz de Dios. Camino por el desierto la mayor parte de su vida, pero él sabía que no iba solo, sabía que Jesús iba en frente de él guiándolo y dirigiéndolo. Él único que pudo ayudar a Moisés a resistir la presión de dirigir a un pueblo tan rebelde y ambivalente como el pueblo de Israel, fue Dios, mediante ese trato personal que tenía con él.
Separados de Dios nada podemos hacer. Nuestros esfuerzos se vuelven inútiles cuando nos olvidamos de que todo lo que hacemos gira en torno a ese amor y comunicación que tenemos con Dios. Él es quien nos da la sabiduría para equilibrar nuestro tiempo, nuestras vidas y que todo lo podamos hacer en un balance donde todo pueda fluir en armonía. Donde haya tiempo para hacer las cosas que competen al reino de Dios, pero donde haya tiempo para la familia, los amigos, nosotros mismos y todo lo demás.
Autora: Brendaliz Avilés
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martes, 23 de marzo de 2010
RINDIENDO MI TALENTO CONQUISTARÉ LAS NACIONES

Rindiendo mi Talento Conquistaré las Naciones
La Asociación de Jóvenes Embajadores de Cristo, Distrito del Pepino, utilizó como lema para su noche de talentos: “Rindiendo mi Talento Conquistaré las Naciones”. A veces cuando pensamos en conquistar, imaginamos una multitud de personas o soldados en nuestras mentes. Cuando tratamos de imaginar lo que es el avivamiento aparecen imágenes en nuestras cabezas y visualizamos mucha gente. Lo que a veces, no se nos ocurre pensar es que la conquistar y el avivamiento se pueden producir a causa de un individuo o un grupo pequeños de personas.
Gedeón ganó la batalla con sus 300 valientes. David comenzó su conquistar personal cuidado sus ovejas, arrebatándolas de los lobos, leones y bestias salvajes. Luego enfrentas al gigante Goliat y de ahí en adelante a miles de soldados de ejércitos neighs. Sansón con la fortaleza de Dios obtuvo victorias increíbles porque era Dios quien lo había llamado y lo espalda.
Estamos tan llenos de conceptos que cuando pensamos en dones, talentos o ministerios; pensamos en predicadores, pastores, evangelistas, misioneros, maestros y cantantes, entre otros. Entonces muchas personas se sienten mal, insignificantes, poca cosa o ineficaces porque cuando se comparan y piensan en qué talento ellos poseen, no tienen esos dones o no cumplen con ciertos estándares que los demás le exigen. Sin embargo los ministerios que tienen esas personas que hemos mencionados dependen de aquellos que muchas veces están tras vastidores. De aquellos héroes anónimos o invisibles. Porque sin analizamos bien podemos percatanos e identificar aquellos que en oración interceden, los que apoyan y respaldan, los que organizan. Aquellos que tienen el talento de hablar a los que todavía no han conocido a Cristo. Esas personas que cocinan, cocen, que ayudan a los perambulates o necesitados. Esos que tienen la cualidad de animar o de poner la paz en el grupo para que todos lleguen a un acuerdo. Los que escriben hermosas canciones, poesías, ensayos, dramas, cartas, etc. Aquellos que cuidan a los enfermos y visitan a los enfermos.
Pablo decía que así como todos los miembros de nuestro cuerpo por más pequeños e insignificantes que parezcan son vitales y necesarios, así también cada uno de nosotros es importante y tiene su lugar y posición en el reino de Cristo. El amor es demostrado a través de las obras que hacemos, de los actos que realizamos. Pequeños detalles son los que hacen la diferencia. Acciones sencillas pueden provocar gandes cambios y Milagros. El que en lo poco es fiel y obediente en lo mucho es recompensado. Todos somos necesarios e importantes en este mundo. Este mundo no sería igual si tu no estuvieras en él. Pero si todos somos importantes en este mundo, mucho más lo somos cuando servimos a favor del reino de Dios. Lo que Dios mira es nuestra intensión y disposición, lo que sale de nuestro corazón y lo que hacemos para glorifiable.
A mí me hubiera gustado ser una gran cantante cristiana y poder tocar muchos instrumentos. Pero aunque no tengo el don de hacer música, Dios me llenó con otros talentos. Y cada cosa que hacemos para él con amor es especial, particular y agradable a sus ojos. La clave consiste en rendir todo lo que tenemos a sus pies. Porque lo que para nosotros puede parecer poca cosa o insignificante puede ayudar a que alguien sea transformado. Y a su vez la cadena se va expandiendo de tal forma que cuando miramos a nuestro alrededor, veremos que hay conquistar y avivamiento.
Tal vez yo nunca logre ser como Billy Graham, Joyce Meyer, Dante Gebel o muchos otros grandes siervos y siervas de Dios. Pero si hago mi labor, si realizo lo que sé hacer bien, estoy segura que alcanzaré almas para Cristo. Mirar a los demás y compararme me limita, pero fijar mi vista en Cristo y concentrarme en lo que si soy buena y realizarlo, produce que yo sea eficaz, efectiva y poderosa en el reino de Dios y que produzca en este mundo algún cambio positivo. Por eso no me presentaré ante mi Dios con manos vacías porque él las ha llenado con amor, gracia y talentos. Siempre habrá algo bueno que pueda hacer.
Autora: Brendaliz Avilés
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