lunes, 8 de julio de 2013

¡Y pondré mi Espíritu en vosotros y viviréis!




…¡Y pondré mi Espíritu en vosotros, y viviréis!

“Así ha dicho Jehová el Señor a estos huesos: He aquí, yo hago entrar espíritu en vosotros, y viviréis”.  Ezequiel 37:5

A lo largo de nuestras vidas, todos tenemos que vivir procesos en mayor o menos proporción.  Hace ya un año quise someterme a un proceso algo doloroso y complicado que tenía que ver con mi salud y con mi futuro, pero sabiendo que al final traería un bien a mi vida.  Hace menos de tres semanas fui intervenida en una operación.  Uno de los factores importantes que cada especialista nos advierten a cada uno de los que nos sometemos a este proceso, es que aún cuando sintamos dolor, luego de ser intervenidos, tenemos que primero sentarnos y luego caminar, movernos.  Es determinante para la recuperación que sigamos cada instrucción que no es dada y que el dolor no nos impida de hacer lo que tenemos que hacer porque si no, atrasaríamos el proceso y muchos podrían hasta morir.

Estos días mientras caminaba meditaba en las grandezas que el Señor hace en nuestras vidas.  Como él obra por caminos que nos parecen misteriosos y cómo nos lleva hasta donde él quiere que estemos.  Y mientras más analizaba, Dios me hacía recordar el pasaje de Ezequiel en aquel valle de huesos secos e inertes.  Esos huesos que parecían no tener vida, ante el toque de Dios y la palabra proclamada volvieron a juntarse.  Dios sopló aliento de vida en ellos y lo que parecía imposible se hizo realidad.

Muchas veces, a lo largo de nuestras vidas, nosotros nos sentimos como esos huesos sin vida de los que hablaba el profeta Ezequiel en aquella visión.  Pensamos y sentimos que ya no hay esperanza ni un futuro prometedor para nosotros.  Los demás pronostican sobre nosotros males, calamidades o nos agobian con sus juicios y palabras, pero de repente Dios toma el control y se mete en la escena que estamos viviendo para cambiar el panorama, para hacernos ver que él sigue estando presente.  De repente él sopla sobre nuestras almas y comenzamos a movernos.  Y al movernos comenzamos a sentir la vida que hay dentro de nosotros.  Nuestro corazón late emocionado, el alma nos vuelve al cuerpo y nos sentimos esperanzados y con ganas de salir hacia adelante.

Desconozco cuál sea el proceso y el valle que hoy estás experimentando.  No sé hasta qué grado sientes tus huesos secos.  No sé si tu corazón sangra de dolor, herido y lo sientes casi muerto.  Él sigue latiendo, pero tú te sientes como una sombra en medio del mundo que habitas.  No sé tampoco si sientes tus sueños, ilusiones y esperanzas rotas. Si alguien quebrantó tus sentimientos de tal manera, que sientes que ya las cosas no volverán a ser iguales.  Lo que sí sé es que Dios quiere soplar aliento de vida en ti.  Él no desea que permanezcas dejándote llevar por las circunstancias, sino que te renueves, regeneres y demuestres que tienes las fuerzas para salir hacia adelante y superarte.

¡No te quedes tirado en el piso!  ¡Es el momento de levantarte!  Y no te levantarás solo porque Dios extenderá su mano para que puedas caminar y llegar hacia la ruta que ha trazado para ti.  ¡No debes quedarte estático!  ¡Tienes que aunque sientas dolor, accionar las palabras que Dios ha depositado en tu corazón por tanto tiempo y caminar hacia la visión que él te ha dado!  ¿Habrá algo imposible para él? ¡Absolutamente nada!  Tú eres su creación y él nunca desampara a quienes en él confían.  Puedo testificarte que gracias a que el mismo día de la operación a pesar de mi dolor primero me senté y al otro día temprano en la mañana comencé a caminar, fui dada de alta más rápido de lo que imaginé pero que esperaba.  Sé que Dios premia nuestros esfuerzos y que si en lo poco somos fieles, en lo mucho él nos recompensará.  Es tiempo de que camines en la libertad que él te ha dado.  Así como aquellos huesos revivieron en medio de aquel valle desalentador y que parecía lleno de muerte y de imposibilidades, Dios te da la palabra para que resucites.  Hoy tu historia puede continuar o si es necesario comenzar de nuevo.  Hoy tienes la oportunidad de ver como tus huesos comienzan a caminar bajo el propósito de Dios y tus pasos marcan la diferencia en el mundo en que habitas.  ¿Vivirán esos huesos?  ¡Solo tú Jehová lo sabes!  Pero muy dentro de mi corazón me grita una voz, ¡sí Señor he de resucitar, saldré adelante, me darás la victoria!

Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para: www.brendalizaviles.com

domingo, 7 de julio de 2013

Tú eres la obra maestra en la que Dios quiere trabajar







TÚ ERES LA OBRA MAESTRA EN LA QUE DIOS QUIERE TRABAJAR

“Oh Jehová, tú me has examinado y conocido”.  (Salmos 139.1)

Hay un cuadro de tu vida que ven los demás según lo que le pareces o lo que les demuestras.  Hay otro cuadro que solo sientes, vives y ves tú de acuerdo a tus experiencias y a tus propias percepciones que pueden estar acertadas o equivocadas.  Pero existe un cuadro de tu vida que el único que lo ve y conoce es Dios.  Él lo puede mirar desde todos los ángulos existentes.  Él observa esas áreas invisibles que ni tú ni nadie pueden ver y desconocen.

Es precisamente en esa área de tu vida que Dios quiere trabajar, él desea con detalles de amor y disciplina, restaurarte para un bien y un propósito mayor del que imaginas.  Él desea que comprendas que aquellas cosas que hoy no entiendes, están en sus manos y que él no se ha olvidado de ti ni por un solo momento.  Eres esa vasija que ante tu espejo te ves amorfo, pero que ante los ojos de Dios es totalmente diferente, porque él te está trabajando y amoldando.  Él te está haciendo fuerte a través del horno del fuego.

Eres ese bello instrumento el cual, él va afinando para que de ti brote una melodía que conmueva el mismo cielo y la misma creación.  Tus notas son la armonía de Dios, aún cuando muchas veces tú te sientes desafinado.  Dios es ese artista, ese pintor que cada día quita, corrige y coloca cosas nuevas sobre el cuadro de tu vida.  Aún cuando muchas veces parezca que él no está trabajando o dibujando sobre ti… Debes saber y creer con tu corazón que él está haciendo su mejor obra y trabajo en ti.

Por tal razón, ¡no debes temer, ni desmayar!  Independientemente, muy aparte de ti mismo o de lo que puedan pensar los demás, tú eres esa persona a quien él ha amado de forma especial.  Él te ha entretejido desde el vientre de tu madre y ha hecho de ti a un ser único y especial.  Él desea que te mires bajo su espejo, bajo su reflector y te veas y ames de esa forma que te hace conducirte y caminar como el hijo de Dios que eres.  Resplandecerás porque en ti está el brillo del Creador, impregnarás a otros de la esencia del perfume que Dios ha depositado en ti.  Cuando otros te miren verán la obra maravillosa de Dios en ti.  Recuerda que cada día él trabaja en ti si tú se lo permites.  Entonces, permítele hacer contigo una obra maestra, llena de sus detalles y toques especiales.

Autora: Brendaliz Avilés

viernes, 28 de junio de 2013

Max y Mikaela

Max amaba profundamente a Mikaela, solo que no había descubierto cuán grande era el amor que sentía por ella, hasta que se vieron en peligro en medio de la calle.  Unos asaltantes amenazaban con quitarle la vida a Mikaela.  La tomaron en brazos, querían desfigurar su rostro y a Max lo tenían agarrado entre tres para herirlo.  Ambos lloraban preocupados el uno por el otro.  No emitían palabras y sin embargo mirándose a los ojos cada uno sabía lo que el otro le decía.  Max doblegó su orgullo, quería enfrentar a esos ladrones, pero sabía que la vida de Mikaela estaba en peligro y que era más valiosa que cualquier otra cosa.  Fue entonces cuando dejó de pelear por unos momentos, se arrodilló ante sus verdugos pidiendo clemencia.  No se sabe que fue lo que sucedió en ese momento, pero milagrosamente aquellos malos hombres, los soltaron, se fueron corriendo y los dejaron tirados en medio de la calle.  Mikaela abrazó con fuerzas a Max, Max se aferró fuertemente a ese abrazo, la correspondió y con un suspiro exclamó: ¡No me hubiera perdonado si algo malo le hubiera pasado a la mujer que amo!  Por tanto tiempo permanecí indiferente ante tu sonrisa, tu mirada, tus gestos de amor que gritaban que me amabas. Pensé ser incapaz de reciprocarte ese amor y hoy la vida me puso ante los ojos la respuesta.  Mikaela, tú eres a quien mi corazón ama, no sé cómo lo lograste, pero prendiste mi corazón y ya no es mío, ahora te pertenece solo a ti.  Tiene tu nombre, sus latidos son por ti.  Con la poca fuerza que tenían por el enfrentamiento y cubiertos de heridas, se sujetaron de la mano y se ayudaron a levantar.  Aquella noche ellos nunca la olvidarían, no solo por el mal suceso que les había acontecido, sino porque aquella noche sentaba un precedente, un antes y un después. No siempre el amor llega como lo pintan, no siempre se sienten mariposas en el estómago o estrellas cósmicas descender del cielo. A veces llega e interrumpe abruptamente como un terremoto y otras con la tranquilidad del tiempo.  Pero a veces ocurren sucesos sorpresivos e inesperados que estremecen los cimientos de tu interior, descubres la verdad que estaba guardada en tu alma y todo parece ser más claro que el agua. No dejes pasar un día de tu vida, sin regar las flores de tu jardín, sin sentir la llama del amor arder en tu corazón.  
Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para: www.brendalizaviles.com

jueves, 27 de junio de 2013

Y Augusto le dijo a Mandy: "yo amo todo de ti.  Aún esa cicatriz diminuta que intentas disimular con maquillaje o esos lunares que a veces te acomplejan. Amo tu sonrisa, tu locura, tu carácter casi indomable y tu corazón tan tierno. Amo tus lágrimas y aún tu impaciencia cuando te desesperas cuando las cosas no salen como tú esperas.  Te amo por dentro y te amo por fuera. Muchas veces sintiéndome fuerte o débil, eres el viento que me acaricia, tu amor me impulsa, por ti siempre quiero ser mejor.  Te amo con este amor que me ata haciéndome libre, que me eleva sin ni siquiera poseer alas.  Te amo cuando las cosas van bien y cuando parecen ir mal.  Peinada o despeinada, maquillada o desmaquillada; impregnada de la esencia de los mejores perfumes o apestosita y sudada atareada por las faenas del día.  Te amo porque te amo, yo no tengo explicaciones y mi único deseo siempre será estar a tu lado hasta el final".
Cuando Mandy escuchó las palabras sinceras de su esposo Augusto, no pudo hacer otra cosa más que llorar y sonreír.  Lo abrazo fuertemente, como si en ese abrazo le estuviera entregando la vida.  Lo beso apasionadamente, como si en ese beso quisiera dejarle un recuerdo de por vida.  No dijo nada, estaba demasiado emocionada para poder responder algo.  Y supo que aunque tendría que enfrentar y luchar por vencer esa terrible enfermedad que llaman cáncer, el amor y compromiso de su esposo Augusto le darían las fuerzas para desafiar los temores y aún la misma muerte, porque había mucho por lo cual seguir viviendo.   Mañana, pensó y suspiro para sus adentros, ya mañana será otro día en el que tendré que luchar, pero en este momento solo quiero dormir cerca de su pecho.  Se aferro a su esposo con la poca fuerza que sentía en esos momentos, se recostó en su pecho y por fin pudo conciliar el sueño. 
By: Brendaliz Avilés 

Si yo te prometí

Y me parece escuchar a Jesús decir... "Si yo te prometí que estaría contigo aún cuando tu noche pareciera la más oscura es porque podía cumplir esa promesa. Si te dije que mi amor te sostendría y que mi fidelidad nunca te abandonaría es porque lo demostré entregando mi vida por ti en la cruz. Si te he dicho que no temas, es porque aunque parezca que no vas a poder, yo estoy a tu lado protegiéndote. Otros te han abandonado, pero yo estoy siempre contigo. Y si yo estoy contigo, al final de todo esto, te prometo que serás más fuerte, un instrumento mucho mejor y que las cosas obrarán para bien en tu vida.  Cada latido de mi corazón te dice "¡TE AMO!"  
(Autora: Brendaliz Avilés)
Escrito Para: www.brendalizaviles.com

viernes, 14 de junio de 2013

No me Rendiré



No me rendiré, no cederé ante la intimidación del enemigo.
Avanzaré, hoy estoy un paso más cerca de llegar a mi meta.
Seré fuerte, resistiré, tomaré aliento, pero no abandonaré.
No me quedaré con la duda de lo que pude haber logrado,
más bien quiero saber de cuánto puedo ser capaz si voy 
tomada de la mano de Dios y guiada por su Espíritu Santo.
No retrocederé, aunque parezca poco, ya ha sido mucho lo
que he caminado y no es una opción para mí el fracaso.
Pero sí me toca fracasar, quiero saber al menos que fue 
intentándolo y no buscando excusas para no avanzar.
Voy de camino y aunque me cueste llegar, sé que al final,
lo lograré, algo bueno vendrá, porque yo todo lo podré 
soportar porque tengo a un padre que me fortalece.
Autora: Brendaliz Avilés

Yo sé que me responderás

 ¡Dios mío alzo mis ojos a los cielos!  Solo a ti que eres el único que tiene misericordia de mí y puede ayudarme. A ti que ves aún en lo se...