miércoles, 3 de marzo de 2010

DIOS: ¡YO QUIERO SER TU REGALO!


Dios: ¡Yo Quiero Ser Tu Regalo!

Señor:

Tú naciste un día en un pesebre, pero también un día naciste en mi corazón. Por eso cada día y cada cosa que pasa tiene sentido para mí, porque aunque a veces no logro entender tanto amor que no merecía, puede mi alma comprender lo mucho que te necesitaba.
Tú eres mi mayor regalo, mi mejor bendición. Y día a día, aún en medio de las dificultades que pueda tener, intento ser un regalo para ti. Una ofrenda de olor grato que recibas con agrado. Un obsequio que te sorprenda y te complazca. Aún cuando mi vasija en ocasiones se agrieta y mi alma fatigada, cansada y cargada, gime desesperada por tu presencia. Aún cuando mi vida hambrienta de tus palabras se turba por instantes, ¡YO TE AMO TANTO!
Mientras otros buscan otros caminos, diferentes cosas, mi velero en medio de la mar se dirige hacia tu puerto. Tú eres la ola que me inunda, que me acaricia con su perfecta gracia, que me envuelve en tu sublime amor. Por eso es que en medio del silencio mis pensamientos se elevan a ti y en medio del bullicio busco refugiarme en tu grandiosa paz. Tú eres el lucero que me cautiva. Quiero por siempre sumergirme en las profundidades de tu corazón. Quiero por siempre vivir llena de ti. Transpirar tu aire, recibir tus palabras. Tú lo llenas todo, cada espacio y célula de mi ser te añoran. Haz que yo pueda por siempre vivir apegada a tu voluntad y rodeada de tu presencia. Quiero ser el motivo por el que siempre sonrías. Amén.

Autora: Brendaliz Avilés

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lunes, 1 de marzo de 2010

CON EL CORAZÓN A PUNTO DE EXPLOTAR 2



Con el Corazón a Punto de Explotar (Segunda Parte)

En la primera parte de este tema, les comenté acerca de la posición que debemos asumir como hijos de Dios. Les hablé de la importancia de asumir nuestro rol y así como Eliú hablar palabras con sabiduría y unción de Dios a aquellos que se encuentran atravesando pruebas, dificultades y grandes depresiones. De cómo no podemos callarnos cuando esa pasión y fuego de Dios arde en nuestras vidas y pronunciamos palabras de vida, luz y que cambian no solo en panorama en el mundo espiritual sino también en el físico a través de aquello que confesamos con la autoridad que Dios nos ha dado.

Hoy quiero hablarles a todas esas personas que por alguna razón han dejado su lugar o su posición en el reino de Dios. A aquellas personas que se sienten abrumadas por el peso de las responsabilidades o afanes de esta vida. Que sienten un dolor y una carga tan pesada en su pecho, que le han pedido a Dios que intervenga, porque si no, no podrán dar un paso más hacia delante.

Es probable que tú perdida haya sido grande y te sientas flaquear. Es posible también que tu fe esté siendo expuesta a temperaturas de fuego y calor muy altas. Más no desmayes, no dejes que tu corazón sea contaminado por la desesperanza. Porque aunque podemos sentirnos “atribulados en todo, mas no angustiados, en apuros, mas no desesperados; derivados, pero no destruidos” (2 Corintios 4:8 y 9). Porque aún en medio de la batalla vamos adquiriendo la excelencia del poder de Dios aún cuando muchas veces no nos percatamos. Porque como dice Pablo, Dios se glorifica en medio de nuestras debilidades.

Todo pudo Satanás tocar, intentar, quitar y tratar de hacer para que Job tambaleara y cayera en los profundos abismos de la depresión. Porque cuando estás en depresión, estás en un estado de confusión que no te permite ver claramente la mano de Dios que está cerca de ti para ayudarte a levantar y a salir del lugar en el que te encuentras. El enemigo pudo robar, quitar seres queridos, provocar enfermedad en la vida de Job y aún muchas cosas más, pero lo que no pudo fue tocar su alma que estaba protegida por Dios. Porque pese a todo lo que estaba viviendo y experimentando, siguió siendo fiel y creyendo que su Redentor vivía y que aunque se sintiera en el hoyo o abismo más profundo, ese Redentor lo levantaría aún del polvo.

Porque hay convicciones en nuestras vidas que aún en medio de los más duros embates y tormentas de nuestras vidas nos mantienen aferrados al amor y la esperanza en Dios. Quizás en medio de esta prueba que estás enfrentando, en medio de ese túnel completamente oscuro, te han abandonado o juzgado hasta las personas y los seres que menos imaginabas. Tal vez queriendo encontrar consuelo y en medio del suelo en vez de ayudarte a levantar, te han echado más tierra, se han burlado y están observando a ver si te quedarás en el suelo o te levantarás.

Pero aunque tú sientas tu corazón adolorido, casi sin vida, sin movimiento, en un estado inerte, no te detengas. Aunque creas que vas a morir de un infarto y que ya no aguantas más noticias malas, Dios está contigo para ganar esta batalla. El enemigo te ha declarado la guerra, ha intentado robar aquello que te pertenece y tiene tu nombre, pero hoy tú te levantas y no se los vas a permitir. Aún sintiendo tu corazón hecho pedazos, la victoria puede ser tuya. No te quedes con los brazos cruzados, no dejes de hacer lo que Dios te ha encomendado a hacer, porque si eres fiel, tú vas a ver la provisión y la bendición de Dios sobre tu vida cual nunca antes. Y así como Job serás recompensado de una manera que no habías imaginado, porque la bendición que esta para ti no hay poder humano ni del infierno que pueda arrebatártelo.

No dejes tu lugar porque vas a ver Su gloria cual nunca antes en tu vida.

Autora: Brendaliz Avilés

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domingo, 28 de febrero de 2010

CON EL CORAZÓN A PUNTO DE REVENTAR

Con el Corazón a Punto de Reventar

“…Porque estoy lleno de palabras, y me apremia el espíritu dentro de mí. De cierto mi corazón está como el vino que no tiene respiradero, y se rompe como odres nuevos. Hablaré, pues, y respiraré; abriré mis labios, y responderé”. (Job 32:18-20 Reina Valera).

“…Porque estoy lleno de palabras, pues fue derramado el Espíritu en mis entrañas. He aquí que mis entrañas están adoloridas, y no han sido abiertas; van a reventar como fruto del mes. Hablaré, y Él me dará alivio; abriré mis labios y responderé”. (Job 32:18-20 Biblia Peshitta).

“…Palabras no me faltan; el espíritu que hay en mí me obliga a hablar. Estoy como vino embotellado, como vino en odre nuevo a punto de estallar. Tengo que hablar y desahogarme; tengo que abrir la boca y dar respuesta”. (Job 32:18-20 Biblia Nueva Versión Internacional”).

Hablar de la vida de Job, es hablar de un hombre que realmente enfrentó pruebas muy dolorosas, grandes pérdidas y mucho dolor físico, emocional y espiritual. Job fue un hombre que fue expuesto y probado como el oro. Me atrevo a decir que sentía un dolor inmenso en su corazón pese a su fe en Dios. Fue una agonía tan grande la que vivió que me parece que en ocasiones sentía que su pecho estaba a punto reventar.

Pero en esta ocasión utilizaré estas palabras con las que Eliú desarrolla su primer discurso ante Job y sus tres amigos. Eliú era el más joven del grupo, por lo que actúo con respeto y esperando escuchar palabras de sabiduría de Job y sus amigos ante la prueba que Job estaba atravesando. Muchas veces por más que lo intentemos y queramos, no comprendemos ni tenemos las razones que explican el por qué hay tanto sufrimiento, sobretodo muchas veces a personas que son buenas y nos parecen justas.

Eliú fue este hombre que se atrevió a declarar y hasta cierto punto llevar a capítulo a Job y sus amigos. Registra la Biblia que él se llenó de enojo al ver que Job se justificaba y no a Dios ante sus amigos. Pero mucho más se enojó al ver que los tres amigos de Job no habían logrado refutar el punto de Job y sin embargo se habían atrevido a condenarlo y todavía más aún que ya no encontraban qué decirle a Job.

La forma en que analizamos cómo habló y actuó Eliú nos hace percatarnos que era un hombre lleno del Espíritu de Dios. Que tenía visión para ver más allá y una firme convicción de que aunque ellos no entendieran, Dios perseguía un propósito superior haciendo sufrir a Job. Les trata de mostrar que la intención de Dios no era castigarlo, sino que se atrevió ha afirmar y confesar que Dios era mayor que el ser humano y que por lo tanto, nadie tiene ni tenía el derecho de pedirle explicaciones por las cosas que ocurren. Porque aunque muchas de las cosas que Dios hace o permite que sucedan son incomprensibles, podemos escucharlo, si prestamos atención a su voz.

Eliú se sentía con el corazón a punto de explotar, quería estallar intentando que Job y sus amigos se dieran cuenta de lo equivocados que estaban en ese momento y tratando de que vieran la situación desde otro ángulo. Él intentaba que observaran un panorama diferente en medio de aquel caos, quería que ellos pudieran apreciar la justicia de Dios y que Job no endureciera su corazón ante el consejo y la disciplina divina. Me parece que así como Jeremías, Eliú sentía arder una llama dentro de su corazón y más aún sentía el Espíritu de Dios hablándole a su corazón, mostrándole y enseñándole. Entonces toma ese coraje, esa autoridad y la canaliza de manera positiva. Él tenía que hablar palabras provenientes de aquella sabiduría celestial que el Espíritu Santo le estaba dando en ese momento, donde Dios lo estaba utilizando para hacerles entender a Job y a sus amigos, que aunque Job estuviera pasando por pruebas en el presente que al parecer no tenían lógica, iba a ser mayor el grado de recompensa si le era fiel a Dios y miraba las cosas no desde el plano de victima ni autoconmiseración, sino enfrentándolas.

Y nosotros como hijos de Dios, estamos llamados a no quedarnos callados aunque el mundo no nos comprenda y muchas veces nos llamen fanáticos. Tenemos que seguir proclamando que Cristo fue, es y seguirá siendo la mejor alternativa siempre. Necesitamos que esa pasión e inteligencia que provienen solamente de Dios y que le es otorgada a aquellos que realmente quieren buscarle y hacer la diferencia en medio del mundo en que viven. Necesitamos esa pasión, convicción, firmeza y seguridad que tal como a Eliú le hacían pensar, saber y confesar que tras la prueba había un propósito grandioso de Dios. Necesitamos tener y provocar ese impacto que hace que las personas puedan escucharnos y entender que hay un Dios capaz de cambiar cualquier situación por más difícil e imposible que parezca. Nuestras voces deben de ser un llamado a la conciencia de aquellos corazones endurecidos por el sufrimiento y las decepciones de la vida. Deben de tener esa convicción y calidez que puede ayudar a nuestros hermanos en la fe, amigos y familiares a ver una luz más allá de ese túnel que se ve y está muy oscuro.

Como dice Marcos Witt es una sus canciones: “si no lo hago yo entonces, ¿quién lo hará? Si no me levanto yo, ¿quién se levantará? Si no me atrevo a hablar, nunca conocerán que hay algo mejor. Si no lo hago entonces, ¿quién lo hará?” Cuando nos paramos en la brecha, cuando nos determinamos a ser un canal de bendición, cuando queremos ser esa sal y esa luz que alumbra aún en medio de las tinieblas, ¡no nos podemos callar! No podemos silenciar nuestras conciencias, el Espíritu Santo predomina y reina sobre nuestras vidas. Entonces no nos dejamos intimidar ni amedrentar por las fuerzas del mal, ni por teorías, ni por circunstancias, porque sabemos que mayor es el que está con nosotros que el que está en el mundo. Debemos entonces como Eliú, escuchar, guardar silencio, analizar, pensar, dejar que el Espíritu de Dios ministré nuestras vidas y bajo Su dirección y cobertura, entonces, armarnos de valor sin importar la edad ni la posición de la persona y hablar. Pero no hablar cualquier cosa, sino hablar el lenguaje espiritual y de fe, ese que proclama la soberanía y grandeza de nuestro Señor. Y una vez que abramos nuestra boca, nuestras palabras tienen que ser vivas, eficaces, ungidas, impactantes y poderosas no solo en el reino espiritual, si no también en el mundo físico.

Hoy más que nunca necesitamos personas como Eliú, que posean el carácter de Dios y su autoridad. Que se atrevan a declarar y corregir aquello que está mal. Que se vistan con la armadura de Dios y hagan proezas en Su nombre. ¡Amén!


Autora: Brendaliz Avilés


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jueves, 25 de febrero de 2010

NO PERMITAS QUE TU CORAZON DEJE DE SENTIR Y SE DAÑE

No Permitas Que Tu Corazón Deje de Sentir y se Dañe

“De cierto mi corazón está como el vino que no tiene respiradero, Y se rompe como odres nuevos”. (Job 32:19)


Leí alguna vez que “no hay nada que de más miedo que cuando el corazón el corazón se va”. Y pienso que esto puede referirse a que cuando el corazón se va es porque deja de sentir las emociones. Y si el corazón deja de experimentar las emociones, ciertamente hay un gran peligro. Se pierde la sensibilidad, la empatía, el don o la virtud de amar. Todo resulta indiferente.

Decía un cantante de música secular que “no hay más miedo que el que sientes cuando ya no sientes na”. Porque al perder esa capacidad de sentir cuantas barbaridades y errores se cometerían. Entonces si se lastimarían muchas personas. Esto a la vez puede llevar a dos cosas: egoísmo o abandono. Porque si nada te importa, si ante todo eres frío o indiferente, no podrás vivir la vida completamente. Si por el contrario, te dejan de interesar los demás y solo te concentras en ti mismo, te vas convirtiendo en una persona vanidosa y aislada, eso tampoco es vivir una vida plena.

Pero, ¿sabes cuál es el peligro de no poder sentir nada? Esto es síntoma de que el corazón está enfermo, herido, lastimado, temeroso. Esas heridas a su vez han producido temor e inseguridades que no permiten que puedas confiar en los demás ni poner tu corazón en las relaciones con las demás personas. Esto causa algo muy grave que se llama infelicidad. Y Dios no desea que seamos infelices, ni que vivamos la vida amargados.

Sabemos que las tristezas, el dolor, las traiciones, son parte de la vida. Mas cuando acudimos al taller del mejor Carpintero del mundo y venimos con sinceridad ante él. Cuando le entregamos nuestra alma tal y como está y permitimos que aunque nos duela, nos repare. Cuando reconocemos que nos sentimos atemorizados por muchas de las cosas que hemos pasado en la vida y deseamos que esas heridas y situaciones no nos conviertan en personas aisladas, amargadas y heridas, estamos listos para entrar al proceso de sanación. El proceso podrá demorar un poco, pero seremos libres y la libertad que Cristo da, produce felicidad, seguridad, esperanza, fe y amor. Y como todos sabemos el amor echa fuera el temor.

Autora: Brendaliz Avilés

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martes, 23 de febrero de 2010


NUESTRA MISIÓN EN LA TIERRA

El capítulo 10 del libro de Mateo, comienza relatándonos el llamado que Jesús hizo a sus discípulos. El primer paso que hizo luego de llamar a sus discípulos fue darles autoridad y potestad para echar fuera demonios, sanar enfermos y llevar Su palabra.

Luego de eso, les dio unas instrucciones claras y específicas de lo que ellos habrían de hacer con ese poder y autoridad que él les había entregado.

Inmediatamente que les impartió la autoridad y les dio las instrucciones, les hizo unas advertencias sobre las persecuciones y las cosas por las que tendrían que pasar por amor de Su nombre. Les hablo de los peligros que enfrentarían y a qué serían expuestos por predicar el evangelio.

Deseo entonces concentrarme en los siguientes versículos que dicen como sigue: “He aquí, yo os envío como a ovejas en medio de lobos; sed, pues, prudentes como serpientes, y sencillos como palomas. Mas cuando os entreguen, no os preocupéis por cómo o de que hablaréis; porque en aquella hora os será dado lo que habéis de hablar. Porque no sois vosotros los que habláis, sino el Espíritu de vuestro Padre que habla en vosotros. Y seréis aborrecidos de todos por causa de mi nombre; mas el que persevere hasta el fin, éste será salvo. Así que, no los temáis; porque nada hay encubierto, que no haya de ser manifestado; ni oculto, que no haya de saberse”. (Mateo 10: 16, 19-22, 26).

Así como los discípulos nosotros somos seguidores de Dios y tenemos el mismo llamado que ellos. Sin embargo, nadie dijo que este llamado sería fácil, lo bueno es que Dios prometió estar con nosotros siempre. Nuestra dependencia absoluta debe estar en Dios, esa es la clave de todo.

Jesús nos aconseja a ser prudente, astutos y mansos. No debemos perder la humildad, porque nuestro Maestro fue el ejemplo más grande de humildad. Porque la humildad tiene su atractivo, llama la atención, nos acerca a las personas. Dejo dicho que no nos preocupáramos, porque a veces no sabemos cómo actuar o qué decir en determinadas situaciones. Pero pese a esto él dijo que usaría nuestras bocas y pondría sus palabras para que ministremos. Por tanto no debemos atemorizarnos, porque su Palabra que es fuente de vida, fluye en nuestras vidas. El Espíritu Santo está en nuestras vidas y él nos conducirá a lo que debemos de decir o no decir; y nos guiará hacia cómo debemos actuar. Aunque el enemigo se levante para tratar de oponerse o impedirnos el paso, Dios removerá las piedras.

Para finalizar, algo de lo que también debemos estar conscientes es que por más amor y mejor que tratemos de hacer las cosas, siempre habrá personas que nos aborrecerán y no lograrán entender lo que tratamos de hacer o transmitir. Pero eso no nos debe intimidar con cumplir la misión para la que hemos sido llamados. Algunos con el pasar del tiempo, serán ministrados por nuestros actos y otros permanecerán indiferentes, pero la obra no puede parar. No nos podemos estancar porque Dios dará a cada cual un pago justo debido a sus obras.

No fue fácil para los discípulos en aquel tiempo, ellos tuvieron que exponerse al castigo, las burlas, las críticas, los señalamientos, la soledad y a exponer sus propias vidas. Sin embargo fueron victoriosos, escribieron las páginas de la historia y en el cielo estarán muy juntitos a Dios. Y esa es la esperanza que nosotros, los que le servimos, albergamos. Un maravilloso encuentro con nuestro Señor por siempre. Amén.

Autora: Brendaliz Avilés

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lunes, 22 de febrero de 2010

¡El Cáncer no me Derrotará!


Aunque no padezco esta terrible enfermedad, quise escribir esto en apoyo a todas las personas que lo han padecido o lo están padeciendo actualmente. Creo que todos de alguna manera hemos sido tocados por familiares, amistades o allegados que si han tenido que pasar por esta prueba. Este escrito quiero dedicarlo a la memoria de un tío que tuve muy querido al que cariñosamente llamaban Filo.
Es mi oración al Señor que este escrito sea de aliento y ánimo para las vidas y que toque sus corazones fortaleciéndolos. ¡Bendiciones!

¡EL CÁNCER NO ME DERROTARÁ!

El cáncer podrá dejarme sin cabello,
bajarme las plaquetas y hacer cambios en mi cuerpo que me debiliten y no me agraden.
Causará que pueda entristecerme y que piense en la muerte, pero no doblegará mi espíritu ni mi voluntad.
Porque aunque haya momentos en que mi ánimo varíe, yo me sobrepondré al dolor y la enfermedad.

La esencia, el ser que soy, lo que guardo en mi interior, no podrá arrebatármelo este padecimiento ni quebranto.
Tampoco logrará alejarme de la gente que amo y que me aman.
Dios está conmigo, él me dará las fuerzas para sobrellevar esta prueba. Porque he aprendido que cada prueba te puede llevar a ser más fuerte si sabes enfrentarla con una actitud buena.

El cáncer no hará que yo pierda la fe, sigo confiada en que cualquier milagro puede suceder ya sea que quede por largo tiempo aquí en la tierra, o que mi morada ya esté preparada en el cielo. Pero mientras tenga hálito de vida, resistiré.
No permitiré que el dolor pueda más que la belleza de vivir dando lo mejor de mí y recibiendo lo mejor de los demás.

Sé que hay días en que me miraré al espejo y me parecerá desconocer a la persona que veo frente a mí. Pero es que aunque me haya deteriorado físicamente, mi corazón sigue intacto, mis pensamientos fluyen, mis ideas corren.
Aún en medio de mis debilidades, soy fuerte, no me doy por vencido, no me quito del camino ni de la línea de guerra.
Yo no perderé la lucha, ganaré la batalla. Porque aún si muero, nunca dejé de luchar. ¡No! ¡El cáncer no me gana a mí, yo le ganó a él! Porque él insiste en vencerme y destruirme y yo insisto en tirarlo a la lona a él.

Yo declaro que mi espíritu es capaz de conquistar esta guerra, más la línea que se divide entre la vida y la muerte.
¿Podrá acaso engañarte mi imagen corporal? Pero cuando busques los atisbos que se esconden en mi interior, descubrirás que me aferro a la vida y a seguir luchando.
¡Sí el cáncer puede estar ahí! Pero persisto y te repito a ti y a mí, que pese que sienta este malestar que trae la enfermedad…
¡El cáncer NO ME DERROTARÁ!

Autora: Brendaliz Avilés

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sábado, 20 de febrero de 2010

PALABRAS DE ALIENTO


"Sólo la renovación puede mantener, el que se queda parado, se retrasa".
Everhardus Johannes Potgieter

Por eso es que todos los días tenemos que decirle a Dios que nos renueve, que saque de nosotros todo aquello que impida nuestro crecimiento. Que todo aquello que estorbe en el camino sea removido. Vienen tiempo de cambios, momentos en que se procuras buscar el reino de Dios con pasión, lograrás encontrar tu bendición. Arrebatale al enemigo eso que te pertenece, esa bendición que ya tiene tu nombre. No te quedes parado, ni estancado, ni estático, ahora más que nunca debes pelear con fuerza porque estás a punto de alcanzar tu victoria. ¡Persevera!

Les Ama Mucho,

Brendaliz

MIS PLANES SON MEJORES QUE LOS TUYOS

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