CON NECESIDAD DE DIOS
“Respondió ella y le dijo: Sí, Señor; pero aun los perrillos, debajo de la mesa, comen de las migajas de los hijos. Entonces le dijo: Por esta palabra, vé; el demonio ha salido de tu hija”. (San Marcos 7: 28-29).
Con necesidad urgente de una intervención divina se acercó esta mujer a Jesús. Era preciso e importante que ella consiguiera que Jesús la escuchara y la ayudara en ese momento tan difícil que estaba atravesando. Su hija querida estaba siendo atormentada por demonios. Aparte de Jesús, nadie podía hacer nada, por eso ella tomó la decisión de allegarse ante el único que tenía la potestad de hacer el milagro que ella tanto necesitaba para su hija.
Todo el panorama era adverso. La agonía y el infierno que ha de haber estado viviendo ella no tenían comparación. Requería de la gracia de un hombre al que no conocía, necesitaba el favor del que había escuchado por doquier que hacía grandes milagros. Porque sucede que cuando una mujer se decide a hacer algo, no descansa hasta lograrlo. Cuánto más haría una madre amorosa y desesperada de ver a su hija siendo atormentada y poseída por huestes malignas. Así que emprendió su viaje revestida de una armadura invisible, pero poderosa: SU FE. Ella sabía que no podía llegar a su casa nuevamente sin recibir la liberación de su hija.
Esta mujer estaba dispuesta a entregarlo todo, a humillarse y si era necesario insistir. Ninguna palabra lograría que ella se rindiera. Así que fue donde el Maestro y se atrevió a pedirle la liberación del tormento que estaba atravesando su hija. ¿Pueden ustedes imaginarse su sorpresa cuando recibe la respuesta del Maestro? ¿Cuántas cosas pasarían por su mente en aquel momento en que se encontraba frente al Maestro? Pero ella no iba a perder su oportunidad, lo tenía que seguir intentando. Dios estaba probando su fe, quería ver de qué sería capaz ella, a que estaba dispuesta por recibir el milagro para su hija. Si era capaz de dejar su orgullo o sus conceptos a un lado para poder recibir el toque divino de él. Y es tan sabia la respuesta que está mujer le da, pero no solo contestó sabiamente, sino que supo tocar la fibra del corazón de Jesús. Porque para aquellos que tenemos una mascota, en este caso un perro, conocemos que le damos a comer de nuestras manos. Y que aún de las migajas ellos comen. El mismo Jesús, tuvo que testificar de la fe tan grande que tuvo esta mujer. Ella que provenía de tierra extranjera, que nada sabía de tener una relación con el Padre, demostraba al mundo que Dios podía allegarse y atender la necesidad de aquellos que con corazón humilde se acercan a él reconociendo que es el único que puede solucionar sus problemas.
¡Cuántas veces nos ha tocado hacer a nosotros como la mujer sirofenicia!
Pedir que Dios intervenga en nuestras vidas o en la de gente que amamos. ¡Cuántas veces tenemos que ser movidos por nuestras circunstancias para entender que él siempre tiene cuidado de nosotros! La necesidad llevó a esta mujer a conseguir lo que quería. Ella no se rindió, tampoco se indignó ante la respuesta de Jesús, ella se mantuvo firme, estaba resuelta a no regresar a su casa sin tener la seguridad de que Jesús haría algo por ella.
Y nosotros como esta mujer debemos tener necesidad de Dios siempre. No solo cuando llegan los momentos adversos, sino eternamente. Porque cuando podemos reconocer que sin él nuestras almas no son saciadas ni están completas, abrimos la puerta a que sucedan todos los días milagros “pequeños y grandes” en nuestras vidas.
Te invito a qué reflexiones sobre cuán grande es tu necesidad por Dios y a que estás dispuesto para hacerle saber que necesitas su presencia y su intervención continuamente en su vida.
Autora: Brendaliz Avilés
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¡Bienvenidos! Este lugar ha sido diseñado con el propósito de bendecir, dar una palabra que estimule, restaure y aliente tu corazón. Que encuentres un mensaje de ánimo o una palabra de amor para compartir con otros. ¡Dios los Bendiga! Pido al Señor que de alguna manera toque tu corazón a través de esta página.
lunes, 19 de abril de 2010
domingo, 18 de abril de 2010
DIOS ES NUESTRA HERENCIA ETERNA
Dios es Nuestra Herencia Eterna
“Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna”. (Salmo 73:26)
Cuando un cuerpo está quebrantado por una enfermedad que le causa dolor. Cuando el alma se siente triste por las múltiples luchas y pruebas con las que ha tenido que lidiar. Cuando los recursos menguan y llega la escasez a tu casa. Cuando como oro somos expuestos al fuego, es fácil sentir el deterioro y el desfallecimiento.
En este Salmo 73, Asaf comienza hablándonos de cuán bueno es Dios con los puros de corazón. Dice que estuvo a punto de caer, que poco le faltó para que resbalara porque se detuvo a mirar sus circunstancias. Porque miró a su alrededor y le pareció ver que pasaran cosas injustas a su vida mientras que sus enemigos lo escarnecían y se burlaban. Que cuando trató de comprender en su humano razonamiento todas esas cosas, sintió una carga insoportable.
Puede que tú también te encuentres experimentando lo que es sentir el peso de una carga insoportable. Tal vez te sientas tan afligido como se sentía Asaf cuando escribía este salmo. Pero algo sucedió en la vida de Asaf cuando entró en el santuario. Cuando se allegó a ese lugar de intimidad donde Dios habla solamente de tú a tú y responde a tu necesidad. Donde a través de su Espíritu Santo te hace comprender las cosas que no entenderías a simple vista. Allí el comprendió cuál sería el destino de los malvados. Y en ese lugar secreto, allí en la presencia de Dios, comprendió que su corazón estaba afligido, que su ánimo estaba amargado y que por su necedad e ignorancia se había comportado con su Creador como una bestia.
Allí pudo con humildad reconocer que Dios siempre estaba con él, que lo sostenía de la mano derecha. Que lo guiaba con el consejo divino y que un día podría ver la gloria de Dios en el cielo. Pudo entender que a quien él tenía en el cielo era a Jehová y que si Dios estaba con él eso era suficiente, más que cualquier cosa en la tierra. Luego de reflexionar y escribir estas cosas pudo exclamar esas palabras que se hacen tan real en la vida de aquellos que amamos y servimos al Señor. Porque puede desfallecer nuestro cuerpo y nuestro corazón, pero Dios fortalece nuestros corazones y nuestras vidas reciben de su refrigerio. ¡Aleluya! ¡Qué palabras tan poderosas! Saber que Dios es nuestra herencia maravillosa. Que quienes buscan refugio en él lo encuentran y no serán confundidos ni avergonzados.
Hoy te invito a que entres a su presencia para que recibas renuevo y descanso. Para que Dios pueda iluminar tu entendimiento y tú puedas ver más allá de lo que parecer ser. La diferencia entre que podamos ver más allá se encuentra cuando nos sumergimos completamente en la presencia del Señor y él nos hace entender que sigue estando ahí para nosotros y que un día nos encontraremos con él para siempre. Entonces ya no habrá más dolores ni sufrimientos. Todo será gozo y alegría perpetua. Así querido hermano, que no debes desmayar. Entra en su presencia y sentirás la diferencia.
Autora: Brendaliz Avilés
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“Podrán desfallecer mi cuerpo y mi espíritu, pero Dios fortalece mi corazón; él es mi herencia eterna”. (Salmo 73:26)
Cuando un cuerpo está quebrantado por una enfermedad que le causa dolor. Cuando el alma se siente triste por las múltiples luchas y pruebas con las que ha tenido que lidiar. Cuando los recursos menguan y llega la escasez a tu casa. Cuando como oro somos expuestos al fuego, es fácil sentir el deterioro y el desfallecimiento.
En este Salmo 73, Asaf comienza hablándonos de cuán bueno es Dios con los puros de corazón. Dice que estuvo a punto de caer, que poco le faltó para que resbalara porque se detuvo a mirar sus circunstancias. Porque miró a su alrededor y le pareció ver que pasaran cosas injustas a su vida mientras que sus enemigos lo escarnecían y se burlaban. Que cuando trató de comprender en su humano razonamiento todas esas cosas, sintió una carga insoportable.
Puede que tú también te encuentres experimentando lo que es sentir el peso de una carga insoportable. Tal vez te sientas tan afligido como se sentía Asaf cuando escribía este salmo. Pero algo sucedió en la vida de Asaf cuando entró en el santuario. Cuando se allegó a ese lugar de intimidad donde Dios habla solamente de tú a tú y responde a tu necesidad. Donde a través de su Espíritu Santo te hace comprender las cosas que no entenderías a simple vista. Allí el comprendió cuál sería el destino de los malvados. Y en ese lugar secreto, allí en la presencia de Dios, comprendió que su corazón estaba afligido, que su ánimo estaba amargado y que por su necedad e ignorancia se había comportado con su Creador como una bestia.
Allí pudo con humildad reconocer que Dios siempre estaba con él, que lo sostenía de la mano derecha. Que lo guiaba con el consejo divino y que un día podría ver la gloria de Dios en el cielo. Pudo entender que a quien él tenía en el cielo era a Jehová y que si Dios estaba con él eso era suficiente, más que cualquier cosa en la tierra. Luego de reflexionar y escribir estas cosas pudo exclamar esas palabras que se hacen tan real en la vida de aquellos que amamos y servimos al Señor. Porque puede desfallecer nuestro cuerpo y nuestro corazón, pero Dios fortalece nuestros corazones y nuestras vidas reciben de su refrigerio. ¡Aleluya! ¡Qué palabras tan poderosas! Saber que Dios es nuestra herencia maravillosa. Que quienes buscan refugio en él lo encuentran y no serán confundidos ni avergonzados.
Hoy te invito a que entres a su presencia para que recibas renuevo y descanso. Para que Dios pueda iluminar tu entendimiento y tú puedas ver más allá de lo que parecer ser. La diferencia entre que podamos ver más allá se encuentra cuando nos sumergimos completamente en la presencia del Señor y él nos hace entender que sigue estando ahí para nosotros y que un día nos encontraremos con él para siempre. Entonces ya no habrá más dolores ni sufrimientos. Todo será gozo y alegría perpetua. Así querido hermano, que no debes desmayar. Entra en su presencia y sentirás la diferencia.
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martes, 13 de abril de 2010
CRECIMIENTO ESPIRITUAL POR EL RESTO DE NUESTRAS EXISTENCIA
Crecimiento Espiritual por el Resto de Nuestra Existencia
Finalmente hoy pude sentarme calmadamente a leer el libro que tan gentilmente Hefzi-Bá me obsequió. “Hoy Conocí a Jesucristo” es el maravilloso testimonio de cómo esta hermanita llegó a los pies del Señor.
Hoy deseo rescatar mediante esta reflexión algo que ella escribió que es muy real y verdadero y dice así: “nuestra salvación es inmediata, pero el proceso de transformación y restauración de nuestra vida dura el resto de nuestra existencia”. Lograr entender este concepto y gran verdad es fundamental y necesario. Pues todos los días experimentamos constantes cambios, llegan a nuestras vidas experiencias de todo tipo.
Que seamos lo suficientemente humildes y receptivos para entender que todavía Dios no ha terminado de trabajar en cada uno de nosotros es esencial para poder recibir todo lo que Dios quiere darnos, enseñarnos y mostrarnos. Porque por más conocimiento intelectual, espiritual, filosófico, secular o de cualquier índole que tengamos, jamás habremos aprendido, ni sabremos lo suficiente. Solo el poder de Dios mediante su Espíritu Santo puede corregirnos, instruirnos y guiarnos a toda verdad. Solo Él es quien puede reconstruir y reedificar los muros y los cimientos de nuestras vidas.
Creo que por eso Pablo expresaba que no que pretendiera haberlo alcanzado, sino que cada día su extensión espiritual estaba más cercana a Dios. Dios desea que sus hijos cada día estemos hambrientos de conocer su presencia, voluntad y dirección. Que nos llenemos de sus palabras, que su Espíritu este conectado a nosotros para que fluyamos a través de él. Que vivamos sujetos a su voluntad. Ciertamente todos los días vamos avanzando un poquito más cuando permitimos que él obre en nuestras vidas. Hay una canción que dice: un día orando le dije a mi Señor, tú el alfarero y yo el barro soy. Modela mi vida a tu parecer, haz como tú quieras, hazme un nuevo ser. Me dijo no me gustas, te voy a quebrantar y en un vaso nuevo te voy a transformar, pero en el proceso te voy a hacer llorar, porque por el fuego tú tienes que pasar”. ¡Cuánta verdad encierra este himno de principio a fin! Y nosotros como ese barro tenemos que dejar que el nos amolde para que seamos instrumentos y vasijas de su gloria y su honra.
Dios rendimos nuestros corazones a tu amor, nuestro ser a tu voluntad perfecta. Haz que cada día crezcamos hasta llegar a ser un reflejo vivo de ti. Queremos ser amantes apasionados de tu presencia, rendir frutos abundantes de una vida que es el reflejo del sometimiento y la búsqueda de la plenitud que solo se encuentra en ti. Haz lo que tengas que hacer, pero no permitas que pasemos nuestros días siendo iguales, permaneciendo estáticos, porque son tantas las cosas grandes que quieres mostrarnos. Porque es demasiado lo que quieres que experimentamos en esa vida devocional que tengamos contigo. Señor haznos recordar cada día de nuestra existencia que tú no has terminado con cada uno de nosotros. Amén.
Autora: Brendaliz Avilés
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Finalmente hoy pude sentarme calmadamente a leer el libro que tan gentilmente Hefzi-Bá me obsequió. “Hoy Conocí a Jesucristo” es el maravilloso testimonio de cómo esta hermanita llegó a los pies del Señor.
Hoy deseo rescatar mediante esta reflexión algo que ella escribió que es muy real y verdadero y dice así: “nuestra salvación es inmediata, pero el proceso de transformación y restauración de nuestra vida dura el resto de nuestra existencia”. Lograr entender este concepto y gran verdad es fundamental y necesario. Pues todos los días experimentamos constantes cambios, llegan a nuestras vidas experiencias de todo tipo.
Que seamos lo suficientemente humildes y receptivos para entender que todavía Dios no ha terminado de trabajar en cada uno de nosotros es esencial para poder recibir todo lo que Dios quiere darnos, enseñarnos y mostrarnos. Porque por más conocimiento intelectual, espiritual, filosófico, secular o de cualquier índole que tengamos, jamás habremos aprendido, ni sabremos lo suficiente. Solo el poder de Dios mediante su Espíritu Santo puede corregirnos, instruirnos y guiarnos a toda verdad. Solo Él es quien puede reconstruir y reedificar los muros y los cimientos de nuestras vidas.
Creo que por eso Pablo expresaba que no que pretendiera haberlo alcanzado, sino que cada día su extensión espiritual estaba más cercana a Dios. Dios desea que sus hijos cada día estemos hambrientos de conocer su presencia, voluntad y dirección. Que nos llenemos de sus palabras, que su Espíritu este conectado a nosotros para que fluyamos a través de él. Que vivamos sujetos a su voluntad. Ciertamente todos los días vamos avanzando un poquito más cuando permitimos que él obre en nuestras vidas. Hay una canción que dice: un día orando le dije a mi Señor, tú el alfarero y yo el barro soy. Modela mi vida a tu parecer, haz como tú quieras, hazme un nuevo ser. Me dijo no me gustas, te voy a quebrantar y en un vaso nuevo te voy a transformar, pero en el proceso te voy a hacer llorar, porque por el fuego tú tienes que pasar”. ¡Cuánta verdad encierra este himno de principio a fin! Y nosotros como ese barro tenemos que dejar que el nos amolde para que seamos instrumentos y vasijas de su gloria y su honra.
Dios rendimos nuestros corazones a tu amor, nuestro ser a tu voluntad perfecta. Haz que cada día crezcamos hasta llegar a ser un reflejo vivo de ti. Queremos ser amantes apasionados de tu presencia, rendir frutos abundantes de una vida que es el reflejo del sometimiento y la búsqueda de la plenitud que solo se encuentra en ti. Haz lo que tengas que hacer, pero no permitas que pasemos nuestros días siendo iguales, permaneciendo estáticos, porque son tantas las cosas grandes que quieres mostrarnos. Porque es demasiado lo que quieres que experimentamos en esa vida devocional que tengamos contigo. Señor haznos recordar cada día de nuestra existencia que tú no has terminado con cada uno de nosotros. Amén.
Autora: Brendaliz Avilés
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lunes, 12 de abril de 2010
ORACIÓN PARA UN DÍA DE ANSIEDAD
Oración Para Un Día de Ansiedad
“Echando toda vuestra ansiedad sobre él porque él tiene cuidado de nosotros”.
Querido Señor:
Acudo a ti sintiéndome ansiosa y atemorizada. Mi lucha no es con nadie, pero hoy me toca enfrentarme cara a cara conmigo misma. Debo confrontar mis realidades, abrir la puerta a la sinceridad, para que pueda llegar la sanidad que tanto ansío y espero.
Si como a Pedro me preguntaras que si te amo, respondería: ¡Señor, sólo tú sabes cuánto te amo! Lucho con tantas imperfecciones a diario y a mi alrededor hay tanta presión que a veces siento que voy a explotar. Que no podré continuar por más esfuerzos que hago por avanzar y salir hacia adelante.
Y sé que sería mí ser como tierra árida y seca si tú no estuvieras aquí conmigo. El enemigo ha intentado robar mis sueños y quebrantar mi fe, pero desde ese lugar profundo de mí ser, desde el rincón más íntimo y secreto de mi alma, mis células respiran ese amor y esa gracia que no permite que huya de tus brazos y de tu amor.
Es tan fuerte tu Espíritu sobre mí, aunque yo me sienta tan vulnerable y tan débil a veces. Tú conoces también lo decepcionada que me siento cada vez que pienso que te fallo. Me surge este sentimiento de impotencia cuando creo que voy avanzando, porque doy dos o tres pasos hacia adelante y retrocedo como diez.
¿Qué voy a hacer Señor? ¿Qué es lo que hay más adelante? ¿Por qué no logro ver, qué es lo que aún no he logrado entender o comprender? ¿Por qué tarda tanto eso que espero? ¿Por qué siento que no son suficientes mis esfuerzos? ¿Qué es lo que no supero? Deben ser mis miedos o tal vez esas preocupaciones y tristezas que a nadie cuento. Que duermen calladas y en la noche me acompañan. Quizás son esas ilusiones rotas que algunas personas se han encargado de quebrar y me han dejado tan marcada.
Estoy tan lejos de ser perfecta. No puedo ni quiero ser lo que los demás gritan, esperan y presionan para que sea. Pero algo sé que es muy cierto aún en medio de este desierto. No soy autosuficiente, me gusta depender de ti y estoy convencida de que tú te glorificas aún en medio de mis debilidades. Eso me impulsa a seguir, a continuar aunque todo parezca incierto. A seguir creyendo aunque la respuesta tarde. Porque tú luz resplandece sobre mi vida y alumbra mis noches oscuras.
Ayúdame a verme y aceptarme de la forma tan maravillosa como me ves y aceptas tú. Que esperas siempre lo mejor de mí, que me miras con ojos de ilusión y orgullo. Que me amas y me ves como la más bella estrella. Que me cuidas con la fragilidad que se protegen las rosas. Porque aunque hoy sea un día en el que me siento horrorosa, sé que para ti soy primorosa. Hazme escuchar la canción que entonas para mí, ese concierto que interpretas para calmar mis ansiedades. Trae a mi memoria el recuerdo más hermoso, ese que me hace sonreír al saber que cumplirás todas las promesas que has declarado sobre mí.
¡Ay mi querido Dios, estoy tan agradecida de ti! Y es que mientras te estoy escribiendo y conversando, traes a mi vida un gozo, una esperanza nueva, una paz que me purifica y renueva. Hermosea y perfecciona esta vasija que acude ante ti. Doblega mi voluntad y hazme cada día mejor. Remóntame como el águila, sopla de tus frutos sobre mí. ¡Oh Dios de los cielos, pero más aún de mi vida y de mi corazón! Haz que olvide la incertidumbre y me adueñe de certezas, porque estoy en tu presencia. Y al estar en tu presencia vuelvo a recordar que tú haces por todos nosotros cosas grandes y milagrosas. Amén.
Autora: Brendaliz Avilés
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“Echando toda vuestra ansiedad sobre él porque él tiene cuidado de nosotros”.
Querido Señor:
Acudo a ti sintiéndome ansiosa y atemorizada. Mi lucha no es con nadie, pero hoy me toca enfrentarme cara a cara conmigo misma. Debo confrontar mis realidades, abrir la puerta a la sinceridad, para que pueda llegar la sanidad que tanto ansío y espero.
Si como a Pedro me preguntaras que si te amo, respondería: ¡Señor, sólo tú sabes cuánto te amo! Lucho con tantas imperfecciones a diario y a mi alrededor hay tanta presión que a veces siento que voy a explotar. Que no podré continuar por más esfuerzos que hago por avanzar y salir hacia adelante.
Y sé que sería mí ser como tierra árida y seca si tú no estuvieras aquí conmigo. El enemigo ha intentado robar mis sueños y quebrantar mi fe, pero desde ese lugar profundo de mí ser, desde el rincón más íntimo y secreto de mi alma, mis células respiran ese amor y esa gracia que no permite que huya de tus brazos y de tu amor.
Es tan fuerte tu Espíritu sobre mí, aunque yo me sienta tan vulnerable y tan débil a veces. Tú conoces también lo decepcionada que me siento cada vez que pienso que te fallo. Me surge este sentimiento de impotencia cuando creo que voy avanzando, porque doy dos o tres pasos hacia adelante y retrocedo como diez.
¿Qué voy a hacer Señor? ¿Qué es lo que hay más adelante? ¿Por qué no logro ver, qué es lo que aún no he logrado entender o comprender? ¿Por qué tarda tanto eso que espero? ¿Por qué siento que no son suficientes mis esfuerzos? ¿Qué es lo que no supero? Deben ser mis miedos o tal vez esas preocupaciones y tristezas que a nadie cuento. Que duermen calladas y en la noche me acompañan. Quizás son esas ilusiones rotas que algunas personas se han encargado de quebrar y me han dejado tan marcada.
Estoy tan lejos de ser perfecta. No puedo ni quiero ser lo que los demás gritan, esperan y presionan para que sea. Pero algo sé que es muy cierto aún en medio de este desierto. No soy autosuficiente, me gusta depender de ti y estoy convencida de que tú te glorificas aún en medio de mis debilidades. Eso me impulsa a seguir, a continuar aunque todo parezca incierto. A seguir creyendo aunque la respuesta tarde. Porque tú luz resplandece sobre mi vida y alumbra mis noches oscuras.
Ayúdame a verme y aceptarme de la forma tan maravillosa como me ves y aceptas tú. Que esperas siempre lo mejor de mí, que me miras con ojos de ilusión y orgullo. Que me amas y me ves como la más bella estrella. Que me cuidas con la fragilidad que se protegen las rosas. Porque aunque hoy sea un día en el que me siento horrorosa, sé que para ti soy primorosa. Hazme escuchar la canción que entonas para mí, ese concierto que interpretas para calmar mis ansiedades. Trae a mi memoria el recuerdo más hermoso, ese que me hace sonreír al saber que cumplirás todas las promesas que has declarado sobre mí.
¡Ay mi querido Dios, estoy tan agradecida de ti! Y es que mientras te estoy escribiendo y conversando, traes a mi vida un gozo, una esperanza nueva, una paz que me purifica y renueva. Hermosea y perfecciona esta vasija que acude ante ti. Doblega mi voluntad y hazme cada día mejor. Remóntame como el águila, sopla de tus frutos sobre mí. ¡Oh Dios de los cielos, pero más aún de mi vida y de mi corazón! Haz que olvide la incertidumbre y me adueñe de certezas, porque estoy en tu presencia. Y al estar en tu presencia vuelvo a recordar que tú haces por todos nosotros cosas grandes y milagrosas. Amén.
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miércoles, 7 de abril de 2010
ALGO IMPORTANTE QUE HE APRENDIDO EN LA VIDA ES...
Algo importante que he aprendido en la vida es…
Que no siempre los más inteligentes son los que obtienen mejores calificaciones. Ni aquellos que parecían con más posibilidades o recursos son los que logran alcanzar sus objetivos. No siempre la gente más bella son aquellas que se ven más elegantes y bonitas. Que un bajo puede ser más alto que una persona con gran estatura.
He aprendido que no siempre las personas desean escuchar lo que les quieres decir. Que a veces piden consejos pero realmente lo que quieren es que les digas lo que ellos quieren escuchar.
Que por más que tratas de salvar a una persona y de que no cometas los mismos errores que cometiste, casi siempre aprenden por sus propias experiencias, cuando golpean contra su propia roca.
La vida nos sorprende demostrándonos que no siempre aquello que pensamos que será, es. Que esto no es del que más rápido corra, sino del que llegue al final de la meta.
Que no tienes que ir por la vida pisando a los demás para alcanzar lo que deseas, pero si necesitas mucha tenacidad, valentía, compromiso contigo mismo y tener limpia tu conciencia.
Que es importante cumplir con lo que prometes porque nuestras palabras valen mucho y deben ir acompañadas de lo que practicamos.
Ni son más brillantes ni llegan a lugares altos aquellos que abandonan por miedo o pereza a sus sueños. Que la fe es un motor que enciende el motor de nuestras vidas y nos ayuda a seguir luchando.
Que uno puede llegar a tener todas las posesiones del mundo, la fama y la gloria y si no tiene salud la vida será muy difícil.
Pero más importante aún que para que esta vida tenga un sentido completo debes tener a Jesús en tu corazón, debes amarlo y servirle no por obligación, sino porque verdaderamente estés convencido de que él es lo mejor que puede pasar en la vida de cualquier ser humano.
Porque tal vez te pueden faltar muchas cosas y personas, pero si tienes a Dios en tu vida, podrás aferrarte a él con fuerza y seguir encontrando fuerzas para seguir hacia adelante.
Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para: http://escritosdelsilencio.blogspot.com
www.devocionaldiario.com
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Que no siempre los más inteligentes son los que obtienen mejores calificaciones. Ni aquellos que parecían con más posibilidades o recursos son los que logran alcanzar sus objetivos. No siempre la gente más bella son aquellas que se ven más elegantes y bonitas. Que un bajo puede ser más alto que una persona con gran estatura.
He aprendido que no siempre las personas desean escuchar lo que les quieres decir. Que a veces piden consejos pero realmente lo que quieren es que les digas lo que ellos quieren escuchar.
Que por más que tratas de salvar a una persona y de que no cometas los mismos errores que cometiste, casi siempre aprenden por sus propias experiencias, cuando golpean contra su propia roca.
La vida nos sorprende demostrándonos que no siempre aquello que pensamos que será, es. Que esto no es del que más rápido corra, sino del que llegue al final de la meta.
Que no tienes que ir por la vida pisando a los demás para alcanzar lo que deseas, pero si necesitas mucha tenacidad, valentía, compromiso contigo mismo y tener limpia tu conciencia.
Que es importante cumplir con lo que prometes porque nuestras palabras valen mucho y deben ir acompañadas de lo que practicamos.
Ni son más brillantes ni llegan a lugares altos aquellos que abandonan por miedo o pereza a sus sueños. Que la fe es un motor que enciende el motor de nuestras vidas y nos ayuda a seguir luchando.
Que uno puede llegar a tener todas las posesiones del mundo, la fama y la gloria y si no tiene salud la vida será muy difícil.
Pero más importante aún que para que esta vida tenga un sentido completo debes tener a Jesús en tu corazón, debes amarlo y servirle no por obligación, sino porque verdaderamente estés convencido de que él es lo mejor que puede pasar en la vida de cualquier ser humano.
Porque tal vez te pueden faltar muchas cosas y personas, pero si tienes a Dios en tu vida, podrás aferrarte a él con fuerza y seguir encontrando fuerzas para seguir hacia adelante.
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martes, 6 de abril de 2010
¡NO PUEDO DEJAR DE HACERLO!
¡No Puedo Dejar de Hacerlo!
“Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude. Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza. Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada”. (Jeremías 20:9-11).
La mañana de hoy en Puerto Rico está fría y nublada. En esta ocasión, estoy sentada en el comedor. No pensaba escribir porque estoy pasando una fuerte gripe, pero mi pasión por Dios me impulsa a no dejar de escribir. Tengo que hacer lo que mi Dios quiere que haga, tengo que seguir el dictado de lo que quiere ministrar a mi corazón y al de cada uno de los lectores.
Meditaba en que en la vida no siempre nos sentimos con la fortaleza suficiente para hacer las tareas que nos corresponden, pero aunque a veces pensamos en cómo lo iremos a hacer no podemos desistir ni dejar de realizar lo que tenemos que hacer. En este preciso momento pienso en el profeta Jeremías. ¡Cuántas veces quiso dejarlo todo, cuántas veces tuvo que sobreponerse a su dolor y a su frustración, cuántas veces quiso escapar! Pero él sentía una llama en su interior que no le permitía desertar. Jeremías experimentaba en medio de sus debilidades y congojas ese fuego del Espíritu Santo que no le permitía dejar de hacer lo que él sabía que tenía que hacer.
No podemos dejar que el enemigo tome ventaja de nuestras vidas y de nuestras circunstancias. El mensaje de Dios tiene que seguir propagándose, la obra de Dios no puede cesar ni estancarse. Tiene que fluir como el agua fresca. El dolor, la enfermedad, la tribulación o cualquier cosa que pueda venir a nuestras vidas, no pueden ser más fuerte que el poder y la fortaleza que Dios va a infundir sobre nosotros para hacer lo que tengamos que hacer. Tal vez esta gripe me tenga adolorida, pero eso pasará, me recuperaré pronto. Pero si yo dejo de escribir y alguien necesita leer o escuchar este mensaje y yo no lo hago; ese momento lo habré perdido o dejado pasar. Y sinceramente yo no quiero que pase eso, me siento muy responsable y comprometida con Dios.
Por eso te digo hoy querido hermano, no puedes dejar de hacer lo que sabes que tienes que hacer. No es que seamos indispensables, pero si somos necesarios. La ofrenda que quiero presentarle al Señor no se la puede dar otro, tengo que dársela yo. Puede que hoy no escriba mi mejor escrito, pero no cesaré de trabajar y hacer lo que tenga que realizar porque sé que Dios perfeccionará la obra y mirará el esfuerzo que tú y yo hagamos para mantenernos impulsados hacia adelante.
Han sido tantas las ocasiones en que yo he sentido ese mismo fuego que sentía Jeremías, arder en mi corazón. Esa llama que permite que aceptes la voluntad de Dios aunque muchas veces no entiendas lo qué está pasando. Ese fuego que limpia, purifica y quema todo aquello que nos impide estar cerca de nuestro Padre Celestial. Es ese trato tan directo de Dios personalmente con mi vida, haciéndome sentir que él todavía sigue estando ahí y que es más grande que cualquier cosa. Que te recuerda que él sigue teniendo el control absoluto de todo. Que te trae a la memoria el pacto que hiciste con él de no dejarlo nunca y de seguir siempre Su voluntad y Sus designios independientemente de cómo te sintieras.
Y al terminar estas letras, puedo aunque cansada, sentir esa paz tan sublime que me hace experimentar seguridad de que no he dejado de hacer la parte que me corresponde a mí. Puedo sentir como Dios sonríe al saber que me basta su gracia y que su poder se sigue perfeccionando a través de mis debilidades. Y eso mi amado hermano, es una sensación maravillosa que nada ni nadie en el mundo te la pueden quitar. Por tanto, vale la pena esforzarte, vale la pena que camines la milla extra. Estoy consciente de que tal vez este no sea el mejor momento que estén pasando algunos de ustedes, pero seguramente esa llama del Espíritu Santo, está ardiendo sobre ustedes y convenciéndoles de que no pueden dejar de hacer aquella tarea o misión que les fue encomendada no por ningún hombre, sino por Dios.
Querido Dios: Hoy me presento ante ti con la absoluta confianza y seguridad de que estás fortaleciéndome en medio de mis debilidades, problemas y enfermedades. Que aunque mi cuerpo se siente agotado, mi espíritu sigue dispuesto a hacer la tarea que me fue encomendada. Gracias por que tu fuego santo arde en mi interior y me infunde nuevos alientos. Padre así como tu Espíritu constantemente me renueva te pido que con tu amor celestial y tu llama divina impartas nuevos alientos a todas esas vidas que en este momento necesitan una intervención tuya. Que aquellos que han sentido el deseo de rendirse, puedan encontrar en estas palabras, pero sobre todo en tus promesas, las fuerzas suficientes para continuar adelante. Amén.
Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para: http://escritosdelsilencio.blogspot.com
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“Y dije: No me acordaré más de él, ni hablaré más en su nombre; no obstante, había en mi corazón como un fuego ardiente metido en mis huesos; traté de sufrirlo, y no pude. Porque oí la murmuración de muchos, temor de todas partes: Denunciad, denunciémosle. Todos mis amigos miraban si claudicaría. Quizá se engañará, decían, y prevaleceremos contra él, y tomaremos de él nuestra venganza. Mas Jehová está conmigo como poderoso gigante; por tanto, los que me persiguen tropezarán, y no prevalecerán; serán avergonzados en gran manera, porque no prosperarán; tendrán perpetua confusión que jamás será olvidada”. (Jeremías 20:9-11).
La mañana de hoy en Puerto Rico está fría y nublada. En esta ocasión, estoy sentada en el comedor. No pensaba escribir porque estoy pasando una fuerte gripe, pero mi pasión por Dios me impulsa a no dejar de escribir. Tengo que hacer lo que mi Dios quiere que haga, tengo que seguir el dictado de lo que quiere ministrar a mi corazón y al de cada uno de los lectores.
Meditaba en que en la vida no siempre nos sentimos con la fortaleza suficiente para hacer las tareas que nos corresponden, pero aunque a veces pensamos en cómo lo iremos a hacer no podemos desistir ni dejar de realizar lo que tenemos que hacer. En este preciso momento pienso en el profeta Jeremías. ¡Cuántas veces quiso dejarlo todo, cuántas veces tuvo que sobreponerse a su dolor y a su frustración, cuántas veces quiso escapar! Pero él sentía una llama en su interior que no le permitía desertar. Jeremías experimentaba en medio de sus debilidades y congojas ese fuego del Espíritu Santo que no le permitía dejar de hacer lo que él sabía que tenía que hacer.
No podemos dejar que el enemigo tome ventaja de nuestras vidas y de nuestras circunstancias. El mensaje de Dios tiene que seguir propagándose, la obra de Dios no puede cesar ni estancarse. Tiene que fluir como el agua fresca. El dolor, la enfermedad, la tribulación o cualquier cosa que pueda venir a nuestras vidas, no pueden ser más fuerte que el poder y la fortaleza que Dios va a infundir sobre nosotros para hacer lo que tengamos que hacer. Tal vez esta gripe me tenga adolorida, pero eso pasará, me recuperaré pronto. Pero si yo dejo de escribir y alguien necesita leer o escuchar este mensaje y yo no lo hago; ese momento lo habré perdido o dejado pasar. Y sinceramente yo no quiero que pase eso, me siento muy responsable y comprometida con Dios.
Por eso te digo hoy querido hermano, no puedes dejar de hacer lo que sabes que tienes que hacer. No es que seamos indispensables, pero si somos necesarios. La ofrenda que quiero presentarle al Señor no se la puede dar otro, tengo que dársela yo. Puede que hoy no escriba mi mejor escrito, pero no cesaré de trabajar y hacer lo que tenga que realizar porque sé que Dios perfeccionará la obra y mirará el esfuerzo que tú y yo hagamos para mantenernos impulsados hacia adelante.
Han sido tantas las ocasiones en que yo he sentido ese mismo fuego que sentía Jeremías, arder en mi corazón. Esa llama que permite que aceptes la voluntad de Dios aunque muchas veces no entiendas lo qué está pasando. Ese fuego que limpia, purifica y quema todo aquello que nos impide estar cerca de nuestro Padre Celestial. Es ese trato tan directo de Dios personalmente con mi vida, haciéndome sentir que él todavía sigue estando ahí y que es más grande que cualquier cosa. Que te recuerda que él sigue teniendo el control absoluto de todo. Que te trae a la memoria el pacto que hiciste con él de no dejarlo nunca y de seguir siempre Su voluntad y Sus designios independientemente de cómo te sintieras.
Y al terminar estas letras, puedo aunque cansada, sentir esa paz tan sublime que me hace experimentar seguridad de que no he dejado de hacer la parte que me corresponde a mí. Puedo sentir como Dios sonríe al saber que me basta su gracia y que su poder se sigue perfeccionando a través de mis debilidades. Y eso mi amado hermano, es una sensación maravillosa que nada ni nadie en el mundo te la pueden quitar. Por tanto, vale la pena esforzarte, vale la pena que camines la milla extra. Estoy consciente de que tal vez este no sea el mejor momento que estén pasando algunos de ustedes, pero seguramente esa llama del Espíritu Santo, está ardiendo sobre ustedes y convenciéndoles de que no pueden dejar de hacer aquella tarea o misión que les fue encomendada no por ningún hombre, sino por Dios.
Querido Dios: Hoy me presento ante ti con la absoluta confianza y seguridad de que estás fortaleciéndome en medio de mis debilidades, problemas y enfermedades. Que aunque mi cuerpo se siente agotado, mi espíritu sigue dispuesto a hacer la tarea que me fue encomendada. Gracias por que tu fuego santo arde en mi interior y me infunde nuevos alientos. Padre así como tu Espíritu constantemente me renueva te pido que con tu amor celestial y tu llama divina impartas nuevos alientos a todas esas vidas que en este momento necesitan una intervención tuya. Que aquellos que han sentido el deseo de rendirse, puedan encontrar en estas palabras, pero sobre todo en tus promesas, las fuerzas suficientes para continuar adelante. Amén.
Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para: http://escritosdelsilencio.blogspot.com
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martes, 30 de marzo de 2010
ÉL NUNCA DEJA SU OBRA INCONCLUSA
Él Nunca Deja Su Obra Inconclusa
¿Deja un artista su obra inconclusa? ¿Traza sus líneas sin saber lo que va a hacer? ¿Acaso desconoce el fin en que ha de terminar lo que realiza? Él conoce lo que va a hacer aunque nosotros que somos la obra de nuestro Creador, desconozcamos muchos de sus planes y propósitos. Dios nunca termina de trabajar en nuestras vidas, siempre tiene nuevos retoques y matices que perfeccionan lo que somos.
Pero cuántas veces hemos estado tan perturbados y confundidos ante el dolor y la injusticia que exclamamos como Job: “¡Ya estoy harto de esta vida!”. Y como él damos rienda suelta a nuestra queja y desahogamos la amargura de nuestras almas. Es tan inexplicable la forma en que Dios opera en nuestras vidas. Pensamos ante la prueba que Dios no terminará o cumplirá aquello que nos ha prometido. Nos agitamos y echamos a perder nuestra vasija, agrietándola. Entonces Dios con su paciencia y amor tiene que rompernos y volver a comenzar el proceso.
En la oscuridad se nos hace difícil recordar las palabras que Dios nos dijo cuando todo era brillante. Sin querer o percatarnos minimizamos su Omnipotencia. En las noches largas, cuando todo a nuestro alrededor es caos y desorden, pensamos que las sombras se quedarán por siempre. Buscamos explicaciones, algo que justifique el por qué de eso que estamos viviendo. Y al no encontrar respuestas en nuestras mentes, creemos que estamos siendo castigados o lo que es peor que hemos sido olvidados por nuestro Creador.
Parece que se nos olvida que Job aunque las pasó bien difíciles, tuvo su momento de restitución. Que llegó el día en que todo lo que el enemigo le arrebató, Dios se lo devolvió con intereses. Job fue bendecido mucho más de lo que había sido anteriormente. Se nos olvida que después del llanto, vienen las sonrisas; que tras la noche vuelve a salir el día. Que tras el lamento, viene el baile y el gozo. Que llega el momento en que la obra es develada y es expuesta su belleza ante todo el público o audiencia. Que cuando esa obra aguanta y resiste todo lo que el gran Artista quiere hacer en ella, se convierte en una obra bella, especial, grandiosa. Todos sorprendidos admiran lo que ella es, finalizada. Todos desconocen el proceso al que fue expuesta, pero pueden reconocer y admirar el resultado.
Por eso, por más hondo y profundo que sea tu dolor. Por fuerte que haya sido la caída causada por la herida, debes recordar que Dios no ha terminado contigo ni tampoco conmigo. Que él te levantará, que te infundirá vigor y gracia. Él nunca se olvida de nosotros, porque su amor es incondicional y profundo. Aguarda tu momento con paciencia y perseverancia, pero mientras esperas, ¡no te rindas! ¡Sigue luchando, sigue creyendo!
Job no lograba entender cómo de la noche a la mañana a su vida había llegado tanta catástrofe; pero su amor hacia Dios siempre fue sincero. Pasó por el valle de las sombras y de la muerte, pero mientras lo atravesaba Dios iba justo a su lado, jamás lo abandonó. Lo ayudó a atravesar el túnel de la desesperación y de la oscuridad. Lo recompensó, lo auxilió y en sus momentos más desesperantes le dio las fuerzas para resistir el dolor tan grande que experimentaba. Lo ayudó a descubrir que había un propósito superior y a poder conocerlo más íntimamente. Porque esas experiencias que marcaron a Job lo hicieron madurar tan profundamente y le hicieron crecer espiritualmente y darse cuenta de que aunque él había amado y servido a Dios, tras su experiencia sus ojos habían podido percibir su grandeza y su boca testificar Sus proezas. Job aprendió a no depender de lo que estaba enfrente de sus ojos, sino a confiar aunque no tuviera la más mínima idea de lo que estaba sucediendo a su alrededor, porque sabía que Dios nunca lo desampararía.
Por eso, hermanos queridos, te invito a que respires profundo. Aspira la paz que Cristo quiere soplar sobre tu vida. Es una paz que sobrepasa todo entendimiento y que vuela por encima de la tempestad. Es un amor que excede y se sobrepone a todo. Ahora, calmadamente, abre tus brazos y deja que Él te inunde con su amor. Permanece quieto y confiado porque Dios nunca deja su obra inconclusa.
Autora: Brendaliz Avilés
Escrito Para: http://escritosdelsilencio.blogspot.com/
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¿Deja un artista su obra inconclusa? ¿Traza sus líneas sin saber lo que va a hacer? ¿Acaso desconoce el fin en que ha de terminar lo que realiza? Él conoce lo que va a hacer aunque nosotros que somos la obra de nuestro Creador, desconozcamos muchos de sus planes y propósitos. Dios nunca termina de trabajar en nuestras vidas, siempre tiene nuevos retoques y matices que perfeccionan lo que somos.
Pero cuántas veces hemos estado tan perturbados y confundidos ante el dolor y la injusticia que exclamamos como Job: “¡Ya estoy harto de esta vida!”. Y como él damos rienda suelta a nuestra queja y desahogamos la amargura de nuestras almas. Es tan inexplicable la forma en que Dios opera en nuestras vidas. Pensamos ante la prueba que Dios no terminará o cumplirá aquello que nos ha prometido. Nos agitamos y echamos a perder nuestra vasija, agrietándola. Entonces Dios con su paciencia y amor tiene que rompernos y volver a comenzar el proceso.
En la oscuridad se nos hace difícil recordar las palabras que Dios nos dijo cuando todo era brillante. Sin querer o percatarnos minimizamos su Omnipotencia. En las noches largas, cuando todo a nuestro alrededor es caos y desorden, pensamos que las sombras se quedarán por siempre. Buscamos explicaciones, algo que justifique el por qué de eso que estamos viviendo. Y al no encontrar respuestas en nuestras mentes, creemos que estamos siendo castigados o lo que es peor que hemos sido olvidados por nuestro Creador.
Parece que se nos olvida que Job aunque las pasó bien difíciles, tuvo su momento de restitución. Que llegó el día en que todo lo que el enemigo le arrebató, Dios se lo devolvió con intereses. Job fue bendecido mucho más de lo que había sido anteriormente. Se nos olvida que después del llanto, vienen las sonrisas; que tras la noche vuelve a salir el día. Que tras el lamento, viene el baile y el gozo. Que llega el momento en que la obra es develada y es expuesta su belleza ante todo el público o audiencia. Que cuando esa obra aguanta y resiste todo lo que el gran Artista quiere hacer en ella, se convierte en una obra bella, especial, grandiosa. Todos sorprendidos admiran lo que ella es, finalizada. Todos desconocen el proceso al que fue expuesta, pero pueden reconocer y admirar el resultado.
Por eso, por más hondo y profundo que sea tu dolor. Por fuerte que haya sido la caída causada por la herida, debes recordar que Dios no ha terminado contigo ni tampoco conmigo. Que él te levantará, que te infundirá vigor y gracia. Él nunca se olvida de nosotros, porque su amor es incondicional y profundo. Aguarda tu momento con paciencia y perseverancia, pero mientras esperas, ¡no te rindas! ¡Sigue luchando, sigue creyendo!
Job no lograba entender cómo de la noche a la mañana a su vida había llegado tanta catástrofe; pero su amor hacia Dios siempre fue sincero. Pasó por el valle de las sombras y de la muerte, pero mientras lo atravesaba Dios iba justo a su lado, jamás lo abandonó. Lo ayudó a atravesar el túnel de la desesperación y de la oscuridad. Lo recompensó, lo auxilió y en sus momentos más desesperantes le dio las fuerzas para resistir el dolor tan grande que experimentaba. Lo ayudó a descubrir que había un propósito superior y a poder conocerlo más íntimamente. Porque esas experiencias que marcaron a Job lo hicieron madurar tan profundamente y le hicieron crecer espiritualmente y darse cuenta de que aunque él había amado y servido a Dios, tras su experiencia sus ojos habían podido percibir su grandeza y su boca testificar Sus proezas. Job aprendió a no depender de lo que estaba enfrente de sus ojos, sino a confiar aunque no tuviera la más mínima idea de lo que estaba sucediendo a su alrededor, porque sabía que Dios nunca lo desampararía.
Por eso, hermanos queridos, te invito a que respires profundo. Aspira la paz que Cristo quiere soplar sobre tu vida. Es una paz que sobrepasa todo entendimiento y que vuela por encima de la tempestad. Es un amor que excede y se sobrepone a todo. Ahora, calmadamente, abre tus brazos y deja que Él te inunde con su amor. Permanece quieto y confiado porque Dios nunca deja su obra inconclusa.
Autora: Brendaliz Avilés
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